10 de octubre de 1868: Cimiento de la nación cubana

Los hechos de La Demajagua el 10 de octubre de 1868 sirven de cimientos de la nación cubanaCuando el 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes dio el grito de independencia en su ingenio La Demajagua, iniciaba un trascendental período en las tradiciones patrias. En esa fecha comenzaban las luchas anticolonialistas en el siglo XIX por medio de la insurrección, como símbolo de la decisión del pueblo cubano de echar por tierra tres siglos de colonización española y crear un estado nacional.

Los acontecimientos de aquel día fueron la antesala de un proceso histórico complejo y de gran magnitud. En aquella fecha despertaba el primer movimiento verdaderamente popular en la historia de la sociedad cubana, el cual unió a ricos y pobres, señores y siervos, intelectuales y campesinos, negros y blancos, en el empeño de lograr la independencia de la Isla y llevar a cabo radicales transformaciones.

La Revolución del ’68 -uno de los nombres con los que ha pasado a la historia aquella gesta- contó con significativas figuras, como Carlos Manuel de Céspedes, Pedro Figueredo, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Antonio Maceo, Francisco Vicente Aguilera, Vicente García, Salvador Cisneros Betancourt y Miguel Jerónimo Gutiérrez, entre otros muchos, quienes junto a un ejército de patriotas sedientos de libertad supieron desplegar con energía, durante una década, la lucha armada, fortalecida por un cuerpo coherente de ideas que se proyectaba hacia el porvenir de la nación cual escudo frente a posibles ataques extranjeros contra su soberanía.

Al iniciar la proeza emancipadora, el Padre de la Patria realizaba a un tiempo dos actos de elevada envergadura: proclamó la libertad de sus esclavos y dio a conocer el documento conocido como Manifiesto del Diez de Octubre, donde los combatientes anticolonialistas planteaban un sólido programa de transformaciones sociales.

Esta contienda, extendida hasta marzo de 1878, sentó pautas organizativas y desplegó acciones bélicas que posibilitaron un profundo caudal de experiencias para empeños posteriores.

No obstante los éxitos en el orden belicista, la Guerra Grande fue también una revolución social que removió los cimientos de la sociedad insular y marcó los futuros caminos a seguir por los independentistas.

Aunque no logró cristalizar su objetivo principal de establecer un nuevo estado independiente en el continente americano, los cambios que impulsó arraigaron en la sociedad cubana y contribuyeron a acelerar la abolición de la esclavitud, así como a fomentar modificaciones sociales imprescindibles en aquel tiempo.

Por sus proyecciones, el alcance de sus concepciones políticas e ideológicas, el 10 de Octubre de 1868 posee el mérito de ser la roca sobre la cual se cimentó el proceso de luchas del pueblo cubano para obtener su libertad y reafirmar su derecho a la plena soberanía.

Tal como expresara el Comandante en Jefe Fidel Castro: “Es cierto que esta guerra no culminó con la independencia de Cuba, pero la sangre derramada, los sacrificios que se hicieron, no fueron de ninguna manera en vano, forjaron los cimientos de la patria; crearon un alma, crearon una nación, forjaron y templaron a un pueblo. Y de tal manera revolucionaron a nuestro país, que nunca más las cosas pudieron volver a ser como antes”.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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