Hace 100 años una grande de Francia, Sarah Bernhardt, visitó el Teatro Terry de Cienfuegos

Hace 100 años una grande de Francia, Sarah Bernhardt, visitó el Teatro Terry de Cienfuegos

Ciento veintiocho años de sucesos y anécdotas marcan la historia de una institución cultural cienfueguera que acogiera, desde sus días primigenios, a lo más excelso de las artes escénicas, la danza, la música y el cine, tanto de la Isla como de diferentes regiones del mundo.

No podemos repasar  las memorias del centenario teatro Tomás Terry de Cienfuegos sin antes recapitular la visita de una grande de Francia, Sarah Bernhardt que llegaba a nuestra ciudad un 23 de febrero del año 1918.

Una propaganda activa antecedía su debut en la escena perlasureña, el público ansiaba su arribo pues conocían ya de su expresión volcánica e inédita naturaleza apreciables en la Isla durante su presentación en La Habana en 1887, y durante 1912 con el estreno de La reina Isabel, una de las primeras películas del cine silente europeo llegadas a América.

Tráfico inusitado, algarabía, conmoción generalizada anticipaba el arribo de la actriz al andén de la Estación de Gloria en el tren extra de las 4 y 30 de la tarde, asegura el acucioso investigador cienfueguero Jorge Luis Marí, quien acota que la diva muy pronto interpretó La Marsellesa y el himno de Bayamo junto a la Banda Municipal, aunque no faltó el saludó al pueblo todo, que la acompañó hasta la puerta del Hotel Unión.

73 años tenía Sarah Bernhardt y no parecía agotada por el viaje y las dolencias de un riñón afectado y una pierna amputada. Ella no se resignaba a abandonar la escena y más cuando una causa benéfica la acompañaba: recaudaba fondos para que la Cruz Roja sostuviera las penas de infantes y mutilados de la Primera Guerra Mundial.

Fue así como resultaron agotadas las reservas para las 2 únicas funciones de Sarah en el Terry aquellos días de febrero de 1918, cuando ejecutó las piezas “La muerte de Cleopatra” y “Del teatro al campo del honor”.

Ascendía a las tablas con el corazón abierto, mientras el telón se elevaba lento, solemne, parecía un velo desgarrado para dejarle entrever un futuro que ya la documentaba como un mito en el mundo del teatro, capaz de revolucionarlo por completo.

El Terry fue testigo de ese tono experimental y meditativo que imprimía a sus caracterizaciones, de su extraordinaria personalidad, de ese toque magnífico de quienes enhebran emociones y cuando miran irradian un foco de luz.

Ella atrajo múltiples vítores y aplausos entre los cienfuegueros quienes disfrutaron de sus interpretaciones alejadas de los excesos y basadas en la psicología de los personajes, en sus arranques de pasión intensa y en sus exhibiciones de sentimiento.

El triunfo de la actriz en Cienfuegos fue completo. La divina que dominó la escena francesa durante cincuenta años y fue capaz de interpretar a grandes heroínas de la tragedia y hasta papeles masculinos con edad avanzada, se despidió un 25 de febrero de 1918 de la otrora villa Fernandina de Jagua desde la estación de la calle Gloria, dijo adiós para siempre Sarah Bernhardt, una insurrecta de su tiempo quien instauró nuevos linajes en los territorios de las tablas.

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El autor

Claudia Martínez Bueno

Licenciada en Periodismo. Periodista y Editora Web en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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