16 de Enero de 1934: falleció Rubén Martínez Villena

16 de Enero de 1934: falleció Rubén Martínez Villena

Con los pulmones destrozados por la tuberculosis, el 16 de enero de 1934 falleció el combatiente e intelectual comunista Rubén Martínez Villena.

Su vida terminó entre la conmoción de la caída, el 15 de enero de 1934, del Gobierno de los Cien Días y la organización del Cuarto Congreso de Unidad Sindical.

Loló de la Torriente ―hermana de su entrañable amigo, el revolucionario Pablo de la Torriente Brau―, describiendo los últimos instantes de vida de Rubén, entre las dos y las cuatro de la madrugada del 16 de enero de 1934, dijo:

“No hablaba con el dolor del que siente que la vida se le va, sino con la elocuente convicción del que sabe que el hombre pasa, las situaciones cambian y sólo queda, renovándose eternamente, el pueblo”.

Tras encabezar la Protesta de los 13 contra los desafueros de los gobernantes de turno, Villena desplegó una fecunda labor en la Universidad Popular José Martí, la Liga Antimperialista y el Partido Comunista.

Villena lideró la Protesta de los Trece y fue fundador del Grupo Minorista; estuvo vinculado al Movimiento de Veteranos y Patriotas contra el gobierno de Alfredo Zayas y desde el ascenso al poder del general Gerardo Machado en 1925 lo combatió vehementemente. De hecho, sus últimas fuerzas las dedicaría a organizar la huelga general que derrocó a Gerardo Machado, en agosto de 1933.

Como dirigente del Partido Comunista de Cuba trabajó en Moscú en la Sección Latinoamericana de la KOMITERN.

Fue un poeta reconocido desde su temprana juventud tuvo, sin embargo, tuvo una escasa obra debido a que enfocó todas sus energías a la lucha revolucionaria y partidista. Su primera colaboración aparece en la revista Evolución (1917). Publica además, trabajos en prosa en Chic, El Fígaro, Heraldo de Cuba y El Heraldo. De este último periódico fue editorialista y responsable de la página literaria de los lunes. Trabajó como corrector de pruebas en La Nación (Costa Rica).

Legó poemas muy reconocidos como «La pupila insomne», «El gigante», «Insuficiencia de la escala y el iris», «El anhelo inútil», entre otros. Dentro de su obra poética resaltan composiciones líricas tales como: «Peñas arriba», de 1917; «27 de noviembre», de 1919; «Ofrenda», de 1920; «Madrigal», de 1921; «24 de febrero», de 1922; «La verdad del campesino», de 1930; «Mensaje lírico civil» y su desgarradora y cruda, «Canción del sainete póstumo», de 1933, donde le recuerda a su amada esposa, que después de su muerte la vida continuará para todos los que lo conocieron, resaltando la enajenación del individuo en pos de las masas.

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