17 de julio de 1959: “A la Revolución no renuncio; ni renunciaré jamás”

17 de julio de 1959: “A la Revolución no renuncio; ni renunciaré jamás”

El 17 de julio de 1959, dos palabras ocuparon casi media página del periódico Revolución: “Renuncia Fidel”. Fue inmediata la reacción popular de apoyo al Primer Ministro, tanto en la calle como en centros laborales y estudiantiles.

Esa noche, el líder de la Revolución explicó por la televisión el porqué de esa decisión, presentada al Consejo de Ministros el día anterior: “Yo quiero que se me diga -precisa- (…) si después de las angustias que ha estado viviendo el país y de las campañas de calumnias que ha estado viviendo el país, yo podía presentar una acusación oficial que trajese como consecuencia la destitución del señor Presidente y que me presentasen ante el mundo entero como el caudillo clásico.”

Casi desde el mismo triunfo de la Revolución el gobierno encabezado por el presidente Manuel Urrutia y el primer ministro Miró Cardona frenaban las medidas de carácter social.

Aunque Fidel asumió el cargo de primer ministro y se aprobó la Ley de Reforma Agraria, sigue frenándose el proceso revolucionario y se estaba llegando al punto en que las leyes eran aprobadas en el Consejo de Ministros, pero no podían ser publicadas en la Gaceta Oficial por no firmarlas el Presidente.

El 11 de junio de 1959, el presidente de la República, Urrutia había solicitado una licencia por 45 días para disfrutar de vacaciones. Hasta el momento no había una ley que previera su sustitución temporal y no existía el cargo de Vicepresidente.

En ese tiempo los hacendados y ganaderos, afectados por la Ley de Reforma Agraria atentaban contra la Revolución y se está produciendo una campaña internacional de descrédito contra la Revolución y a punto de originarse una crisis de gabinete, por la necesidad de sustituir a varios ministros.

También existían otras discordancias entre Fidel y Urrutia: al arribar Fidel al cargo de Primer Ministro, una de las primeras medidas que propone es la rebaja de los sueldos de los ministros. Si se le estaban pidiendo sacrificio y mucho trabajo a los cubaos, a Fidel le pareció de buen sentido político que los ministros que tenían establecido un sueldo de mil quinientos pesos, se los redujeran en un cincuenta por ciento. Sin embargo, la Presidencia de la República estaba devengando la cantidad respetabilísima de cien mil pesos anuales y eso causó disputas.

Entonces, Fidel plantea que “nosotros no podíamos rebajarle el sueldo al Presidente de la República, pero era también de elemental sentido político, cuando nosotros nos rebajamos el sueldo, que el señor Presidente de la República, acorde con el espíritu de sacrificio que estaba pidiendo al país y el sentido político que deben tener los gobernantes y del tacto político que deben tener los gobernantes, debió rebajarse también, por lo menos, el cincuenta por ciento del sueldo”. Pero Urrutia no se rebajó nada, ya para esta fecha, era insostenible la conducta de Manuel Urrutia Lleó.

También el lunes 13 de julio el presidente Urrutia, en una entrevista en su despacho de Palacio se refirió a la traición de Díaz Lanz – quien había bombardeado La Habana recientemente dejando muertos y heridos- y las declaraciones de este en los Estados Unidos. En su respuesta optó por el anticomunismo, atacó al comunismo, al periódico Hoy, y no asumió una actitud de defensa a la Revolución ante las declaraciones de Díaz Lanz.

Los pronunciamientos públicos del 13 de julio, del presidente Urrutia provocan incertidumbre en el pueblo y estimulan las embestidas de la prensa reaccionaria. Ante la amenaza, la altura ética y de defensa de los principios de Fidel, lo llevan a lo que llamó la única alternativa: su renuncia al cargo de Primer Ministro.

El viernes 17 de julio, Fidel informó al director del periódico Revolución su renuncia para hacerlo público a través de ese medio de prensa. En la primera página del periódico de ese día, aparece un titular de dos palabras: RENUNCIA FIDEL. Inmediatamente debajo del subtítulo: “Explicará hoy al pueblo los motivos de su decisión”.

Desde las primeras horas de esa dramática mañana del 17 de julio, en la medida que el pueblo y sus organizaciones conocen la noticia, el país se estremece. La reacción del pueblo es unánime en defensa de Fidel. Las guaguas llevan letreros que dicen: “Fuera los traidores del gobierno”. El pueblo se congrega en los alrededores del Palacio Presidencial, portan carteles en los que se lee: “Fidel: Contigo hasta la muerte”. “Que se vaya el otro”.

Los estudiantes comienzan a concentrarse en la Universidad de La Habana. En la histórica Colina se oyen gritos de “Fidel no puede renunciar”. “Aquí lo que hay es que meterle mano a los cobardes”.

El pueblo se moviliza. Todos quieren que regrese Fidel. Los dirigentes de las principales organizaciones piden calma para esperar las declaraciones del líder máximo de la Revolución.

Como muestra de confianza en Fidel y en la Revolución, desde Yaguajay ese día 17, parte una columna de campesinos a caballo hacia La Habana para estar presentes en el acto por el 26 de Julio. Al frente de la columna campesina marchan los comandantes Camilo Cienfuegos, Félix Torres y Orestes Guerra, y otros oficiales del Ejército Rebelde.

A las 8 de la noche, inicia Fidel sus declaraciones a través de la televisión y lo primero que aclara es que el pueblo no debe preocuparse en absoluto por el destino de la Revolución, pues él no veía razones para esa preocupación, y que le parecía verdaderamente negativo que el destino de una nación pueda depender de hombres.

Explica que renunciar a un cargo no quiere decir renunciar a la Revolución ni al cumplimiento del deber, y que desde cualquier lugar donde nos encontremos, desde un cargo importante hasta uno insignificante no tenemos otra razón de existir y de ser que defender esta obra que estamos haciendo. Y reitera:

“No he dado ni daré un solo paso en mi vida que no tienda única y exclusivamente a servir a esta causa que con tanta lealtad y tanto interés hemos venido defendiendo”. […]”A la Revolución no renuncio; ni renunciaré jamás”.

Y de inmediato da a conocer que la renuncia obedece a la imposibilidad de continuar ejerciendo el cargo en las actuales circunstancias, dadas las dificultades con el Presidente de la República.

Fidel argumenta en detalle todas las actitudes, errores y algunas de las dificultades que se venían presentando con el presidente Urrutia. Asimismo, insiste que ya las diferencias son insalvables y explica que Urrutia había elaborado el mismo plan de Díaz Lanz.

En su intervención el Jefe de la Revolución se refiere a la entrevista que ofreció Urrutia el pasado lunes 13 de julio, y exclama:

“Yo quiero que se me diga si no tenía que ser realmente alarmante para nuestro pueblo, desalentador para nuestro pueblo que una mañana cualquiera por los cables internacionales nos encontrásemos una andanada de imputaciones procedentes, nada menos que del Presidente de la República. Esta era la situación el martes. El Consejo de Ministros no hallaba qué hacer para encontrar la solución, porque era evidente que conjuntamente con sus declaraciones del lunes desató el resto de la campaña.” (…)

Y en el mismo momento en que personalmente al Premier lo están acusando de comunista, aparece un editorial que dice Urrutia y el Comunismo (Fidel lee). “El Presidente de la República, doctor Manuel Urrutia, ha hablado con energía y sin remilgos”… porque parece que soy yo el de los remilgos… respecto a la infiltración comunista en Cuba y los peligros que ello representa para nuestro país. Sus palabras merecen ser transcritas por su trascendencia. “Creo que los comunistas le hacen un daño terrible a Cuba y declaro aquí a plena responsabilidad que quieren crearle un segundo frente a la Revolución. Por eso es por lo que he dicho siempre que rechazo el apoyo de los comunistas y creo que los verdaderos revolucionarios cubanos deben rechazarlo abiertamente”.

Fidel insiste que él no puede acudir a la fuerza ni puede acudir al pueblo, que él se conforma con haber venido a prevenir al pueblo de esta situación y alertarlo, advirtiéndole del peligro de una traición, porque considera que la acción de Urrutia no es un acto de buena fe ni un acto equivocado: es un acto premeditado, es un acto de traición, de traición que no se ha llegado a consumar. A estas alturas de su intervención, llega la noticia al estudio de televisión de que Urrutia ha renunciado.

Quince minutos después de la renuncia de Urrutia se reúne el Consejo de Ministros y elige a Osvaldo Dorticós Torrado como Presidente de la República.

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El autor

Sabdiel Batista Díaz

Licenciado en Periodismo, UCLV, 2007. Máster en Estudios Históricos y de Antropología Sociocultural Cubana, UCF, 2014. Blogguer, Community Manager, Diseñador web, Investigador en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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