29 de Septiembre de 1906, segunda intervención militar norteamericana en Cuba

29 de Septiembre de 1906, segunda intervención militar norteamericana en Cuba

Temeroso de que ocurriera una insurrección por la reelección del pronorteamericano presidente Tomás Estrada Palma, el 29 de septiembre de 1906 el gobierno de los Estados Unidos intervino por segunda vez militarmente en Cuba.

El levantamiento popular fue sofocado y se designó como interventor a Charles Magoon.

La primera intervención militar norteamericana en Cuba fue en 1898, cuando ya prácticamente los mambises tenían derrotados a los ejércitos españoles en la Isla. Los americanos aprovecharon el pretexto de la explosión del Maine en la rada habanera para inmiscuirse en la guerra y mostrarse luego como ganadores.

Esta segunda intervención sentó un precedente de corrupción desenfrenada, prevaricación, fraude, juego, enriquecimiento ilícito y abuso de poder, que se acentuaría como uno de los graves males de la República

Pero antes de esta intervención, ya el día 19 de septiembre de 1906, había entrado a La Habana, el acorazado Des Moines, llevando a bordo a los comisionados por la paz: el secretario de la Guerra, William H. Taft, y Robert Bacon, subsecretario de Estado, al amparo de la Enmienda Platt, como representantes especiales del presidente Teodoro Roosevelt, con misiones de pacificar la Isla.

Las pésimas y arbitrarias decisiones de Tomás Estrada Palma a inicios de 1906 provocaron que los liberales se alzaran en armas el 19 de agosto de 1906, en la que se llamó Guerrita de Agosto, consiguieran importantes victorias, y amenazaran la capital. Incapaz de dominar la insurrección, Estrada Palma solicitó al gobierno norteamericano el envío de buques de guerra y tropas. «La situación es grave y cualquier demora puede producir una matanza de ciudadanos en La Habana», terminaba diciendo.

El día 27 zarparon hacia Cuba los acorazados New Jersey y Virginia, y los cruceros protegidos Minneapolis, Tacoma y Cleveland, llevando a bordo un contingente de tropas.

El 28, el presidente, el vicepresidente y el gabinete renunciaron; y ambas cámaras hicieron otro tanto, sin elegir un titular para la vacante presidencial. Habían dejado a Cuba sin gobierno, y propiciado la segunda intervención norteamericana.

De este modo, el 29 de septiembre de 1906, Taft decretó la intervención militar y asumió el cargo de gobernador provisional de Cuba. Los 5 600 soldados que trajo, bajo la denominación de Ejército de Intervención y después de Pacificación de Cuba, fueron dislocados, principalmente, en las regiones donde había inversiones de capital norteamericano.

Taft y Magoon ejercieron un gobierno unipersonal con rasgos dictatoriales. Los jefes de departamento, gobernadores, alcaldes, jefes militares y demás dependencias del estado recibían de ellos las órdenes e instrucciones para su funcionamiento. Además, en determinadas entidades del gobierno fueron situados supervisores militares yanquis con la misión de fiscalizar el trabajo de los funcionarios cubanos y mantener informado al gobernador militar.

El 13 de octubre asumió como nuevo gobernador militar, Charles E. Magoon. Su gobierno se caracterizó por el despotismo y la corrupción. Los desmanes de las tropas interventoras ocasionaron numerosos incidentes violentos, en los que los militares yanquis, muchas veces borrachos, se enfrentaron a la policía y protagonizaron actos vandálicos. Estos hechos provocaron la repulsa popular y alzamientos armados contra los ocupantes extranjeros en Camajuaní, Mayarí, Manzanillo, San Luis, La Coloma y otras zonas de las provincias de , Santa Clara y Oriente.

Vista la incapacidad de la Guardia Rural para conjurar un levantamiento armado de grandes proporciones, el gobernador militar de Cuba creó el Ejército Permanente, con 2 253 plazas, lo que representó una sustancial carga económica que el pueblo debía soportar.

Estrada Palma dejó en el tesoro más de 24 millones de pesos; Magoon redujo esa herencia a 2,8 millones. Además, derrochó otros cien millones recaudados y dejó una deuda de 11. Por si fuera poco, entronizó una desenfrenada corrupción política y administrativa, el endeudamiento de la República, las transacciones onerosas y la violenta represión contra los obreros.

Magoon sobornó con liberalidad, prodigó «botellas», compró conciencias, prohibió la reunión del Congreso y anuló elecciones; encarceló de manera arbitraria y vendió cerca de 2 000 indultos. Fue un dictador absoluto. A pesar de ello, proliferaron la delincuencia y el bandolerismo, y al propio tiempo se desarrolló un amplio movimiento de la clase obrera, que protagonizó en esos años numerosas huelgas, organizadas por tabaqueros, albañiles, carpinteros, ferroviarios y otros sectores obreros, duramente reprimidas por las autoridades.

La segunda intervención concluyó el 28 de enero de 1909, cuando el presidente electo, José Miguel Gómez, tomó posesión de su cargo. En su proclama final, en nombre del presidente de Estados Unidos, Magoon declaró —como antes lo había hecho Wood— que todos los decretos de su administración, todos los contratos y todas las deudas y obligaciones contraídas durante esta, tenían que ser reconocidos y satisfechos por la República cubana.

Esta segunda intervención produjo una profunda herida sicológica y moral en el pueblo cubano.

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El autor

Sabdiel Batista Díaz

Licenciado en Periodismo, UCLV, 2007. Máster en Estudios Históricos y de Antropología Sociocultural Cubana, UCF, 2014. Blogguer, Community Manager, Diseñador web, Investigador en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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