30 de noviembre de 1956… clarinada del reinicio de la lucha armada en Cuba

30 de noviembre de 1956… clarinada del reinicio de la lucha armada en Cuba

“La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los calibres vomitaban fuego y metralla. Alarmas y sirenazos de los bomberos del cuartel Moncada, de la Marina. Ruido de los aviones, volando a baja altura. Incendios por toda la ciudad.

El Ejército Revolucionario dominaba las calles y el de los esbirros de Batista pretendiendo arrebatarle ese dominio. Los gritos de nuestros compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles sucesos y emociones distintos”

Así describió , aquel memorable y vigoroso amanecer del 30 de noviembre de 1956. Y sí, fue una mañana radiante: el brazalete rojo y negro con las siglas M-26-7 brillaba junto al resplandor del fuego de los fusiles empuñados por revolucionarios vestidos de verde olivo.

No eran suficientes ni buenas las armas de los combatientes, pero sembraron el pánico entre la soldadesca espantada dentro de los cuarteles, porque aquellos jóvenes eran consecuentes con la tradición mambisa que los impulsaba, y con el vivo ejemplo de la Generación del Centenario frente a los muros del Moncada.

Ese levantamiento correspondía a la táctica concebida para desarrollar la estrategia del reinicio de la guerra contra la tiranía, elaborado por Fidel en .

Centenares de combatientes fueron organizados y dirigidos por Frank País. Un joven excepcional de 22 años que contaba con la audacia, el patriotismo de los comprometidos;  madurez política y capacidad organizativa. Para realizar hazaña de tal envergadura no bastaba con los ideales y el valor temerario, hacía falta inteligencia para aglutinar y guiar a hombres convertidos en una fuerza respetable.

Frank a pesar de las desfavorables condiciones que planteó en México, pudo cumplir, porque firme y solidario, junto a él y a los combatientes, estuvo la acción del pueblo.

Las puertas de las familias santiagueras se abrieron a los revolucionarios en la retirada; médicos, enfermeras, y personal de hospitales atendieron a los heridos sin denunciarlos; muchos hogares se convirtieron en botiquines y refugios para esconder armas y uniformes de los perseguidos.

El levantamiento armado del 30 de noviembre en Santiago de Cuba y en otras localidades de la provincia de Oriente, por dificultades imprevistas en la travesía del yate Granma, no coincidió con el desembarco de los 82 expedicionarios comandados por Fidel que arribaron a las costas pantanosas de Las Coloradas, casi 2 días después, el 2 de diciembre de 1956.

Sin embargo, la heroica acción donde valientes como Pepito Tey, Otto Parellada y Tony Alomá ofrendaron sus vidas se convirtió en símbolo de clarinada del reinicio de la lucha que habían comenzado Fidel y sus compañeros el 26 de julio de 1953.

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El autor

Damaris Leyva Feijoo

Licenciada en Educación. Especialista en Dirección de Programas Informativos de la Televisión. Periodista de Perlavisión, en Cienfuegos.

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