Abelardo Crespo Arias: uno de los dos cienfuegueros del Moncada

Abelardo Crespo Arias: uno de los dos cienfuegueros del MoncadaSu nombre quedó en la historia como primero entre los asaltantes al Cuartel Moncada en escuchar  el alegato de autodefensa de su líder Fidel Castro, “La historia me absolverá”.

En la salita de enfermeras del Hospital “Saturnino Lora” recinto militar de Santiago de Cuba, preparada  durante la madrugada del  16 de octubre de 1953 para realizar casi en secreto aquella audiencia, tendrían como único público a seis periodistas en cuyos órganos de prensa no podrían publicar nada; desde el 26 de julio se había decretado  la censura.

Escribe Marta Rojas, una de aquellas reporteras: “El 16 de octubre hacía un calor sofocante en Santiago de Cuba y más aún en la pequeña salita de las enfermeras atestada de muebles; en una habitación cuadrada de unos cuatro metros de largo por cuatro de ancho (…). Ahí se sentarían los magistrados.

Serían Abelardo Crespo Arias, cienfueguero forjado en   clandestinidad, y Gerardo Poll Cabrera, ferroviario de Santa Clara quien no había participado en los hechos, los únicos testigos.

Bajo el ardid de que estaba enfermo, Fidel había sido separado el proceso, había planes de matar al detenido. Una carta llevada a tiempo al Tribunal por la abogada Melba Hernández, la otra cienfueguera participante en los hechos, solicitando ser examinado por el médico forense, salvó al líder, quien quedó recluido en la Cárcel de Boniato hasta el 16 de octubre.

Para justificar el insólito  juicio, el tribunal utilizó  a Abelardo como pretexto.  Herido de gravedad en un pulmón, el cienfueguero fue conducido ante el estrado en cama.

Así lo narraría  Marta Rojas muchos años después. “Frente a ese rústico estrado del Tribunal, a la izquierda de la entrada de la habitación fue colocado otro buró de madera color caoba y detrás de él cuatro sillas para los abogados, Baudilio Castellanos y Marcial Rodríguez, el acusado Poll Cabrera y la hija del magistrado Mejías (…). A continuación colocaron una mesita y una silla que ocupó Fidel. Cerca de esa mesita estaba la cama Fowler, para el acusado Abelardo Crespo Arias convaleciente de una herida en el pulmón. En seis sillas de tijera nos sentamos los periodistas. Los escasos espacios vacíos los llenaron los escoltas. Nunca estuvo tan apretada la justicia como aquella mañana de octubre”.

¿Cómo Abelardo llegó al Moncada?

Nacido en Cienfuegos el 24 de octubre de 1924, al producirse el golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952,   se vinculó a la lucha estudiantil y más tarde a la Juventud del Centenario.

A la granjita “Siboney”, en Santiago de Cuba,  sitio donde se planearía y desde donde partieron los asaltantes llegó  días antes del ataque. Fidel llegaría después desde Bayamo, luego de ultimar los detalles del plan de asalto del cuartel “Carlos Manuel de Céspedes”, que se realizaría  simultaneo al del Moncada.

A la una de la madrugada los ciento treinta y cinco revolucionarios que atacarían el principal enclave militar del oriente del país, ya estaban en la granjita, a unos quince minutos del cuartel.

Fidel ordenó el descanso para todos, menos de un pequeño grupo que se ocuparía de la de hacer posta. Entre ellos Abelardo Crespo, hizo la guardia el preludio del ataque, se cuenta con una ametralladora argentina, el arma más moderna entre el  grupo que habían colectado para la acción. Estaban listos: a las 5 y 15 comenzó su asalto a la gloria.

Después del ataque

En la ofensiva del  Moncada resultó herido, prisionero y torturado el cienfueguero. En el pabellón de presos del Hospital Civil estuvo desde el 26 de julio hasta octubre en situación desesperada: habían tratado de asesinarle, inyectándole alcanfor en las venas.

Pero aquel 16 de octubre volvería a ver al líder del movimiento, escuchó el brillante alegato del joven abogado; desde su lecho advirtió el pensamiento avizorado que cambiaría para siempre a Cuba.

Se cuenta que al terminar su autodefensa, aún permanece Fidel un rato más  en el saloncito. Habla con los magistrados y se interesa por el verdadero estado de salud de Abelardo. El tribunal le dice que es de sumo cuidado.

Fue juzgado junto a Fidel y condenado a diez años de prisión que cumplirían en el Presidio “modelo” de la Isla de Pinos, hasta que en mayo de 1955 fueran amnistiados.

Pero ya en libertad y aún con las lesiones  que le dejara el disparo fatal del Moncada, los maltratos, siguió su lucha clandestina en varias provincias, hasta que enfermo viajó al exterior a finales de 1958 para reclutar y formar células del Movimiento 26 de Julio.

Aquella mañana de la Santa Ana en Santiago de Cuba, el destino enlazó a dos cienfuegueros en la historia de Cuba: Abelardo Crespo Arias, el único participante en el asalto   que había sido testigo de la autodefensa de Fidel en un juicio casi oculto,  y Melba Hernández,  su coterránea quien  en visitas a la cárcel sacara a escondidas, reconstruyera y divulgara entre los cubanos el alegato de “La Historia me absolverá”.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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