El acompañante: un capitulo casi olvidado de nuestra historia

El acompañante: un capitulo casi olvidado de nuestra historia

Pavel Giroud es un cineasta que entró por la puerta ancha en el cine cubano. Su debut en el cine de ficción fue con  La edad de la peseta (2007), una interesante mirada a la Cuba pre revolucionaria desde la óptica de la niñez.  Prácticamente una década después se sumerge en el inexplorado mundo de los sanatarios para los enfermos de SIDA en Cuba de finales de los ochenta con la cinta El acompañante (2015), una conmovedora historia sobre un boxeador cuyo castigo por recurrir al doping consiste en internarse en el sanatorio con el objetivo de cuidar de un joven enfermo de SIDA que contrajo la enfermedad durante su estancia en Angola. El acompañante asume el reto de abordar nuevamente el tema del SIDA después de que Chijona nos entregara Boleto al paraíso. Existen muchas diferencias entre ambas cintas, las cuales escapan a los objetivos del texto.

En el plano formal El acompañante es un filme de superior factura, con mejores logros en el plano dramatúrgico y con mejor guion, aunque estructurada estéticamente desde los cánones del cine más convencional, cuya estructura narrativa resulta convencional, protagonizada por Yotuel Romero, quien interpreta al boxeador Horacio Romero y anteriormente había intervenido en la cinta Perfecto amor equivocado (2002), además del joven actor Armando Miguel, cuya interpretación del enfermo Daniel fue extraordinaria, dada la naturalidad asumida para este tipo de personajes tan complejo.

Incluso una actriz tan convincente como Yailen Sierra no enriqueció su interpretación de la fría e inorgánica doctora, a diferencia de otras cintas donde ha tenido mejor desempeño. Los únicos filmes que han acertado en la representación de los conflictos existenciales que atraviesan los enfermos de SIDA en nuestro cine son El acompañante y Últimos días de La Habana, el más reciente largometraje de Fernando Pérez

La cinta ha tenido un gran impacto tanto fuera como dentro de la isla, no solo por razones estéticas sino por el abordaje de un tema inédito en Cuba, tan es así que obtuvo una nominación al Oscar en la categoría de mejor largometraje extranjero en Hollywood, además de obtener otros lauros en diferentes festivales de cine. No hay precedentes en nuestra cinematografía sobre la representación de las condiciones de internamiento que eran objeto los enfermos de SIDA en los anos iniciales de haber aparecido la enfermedad en Cuba.

No olvidemos que en las últimas décadas el cine cubano ha develado zonas de nuestra realidad, capítulos de nuestra historia que la prensa había silenciado, por múltiples razones, sobre todo dogmas y esquemas imperantes hoy en día, pese a los reclamos de distintos sectores de nuestra sociedad que abogan por cambiar esa visión triunfalista sobre los medios en Cuba. Lo cierto es que ha tenido que tardar más de veinte años para que el público conociera ese episodio de nuestra existencia, un fragmento dramático y trágico en la historia nacional.

A diferencia de cintas que han mostrado la imagen del gay en fase terminal de SIDA en el cine norteamericano, como Antes que anochezca (2000), de Julian Schnabel, Filadelfia (1993), de Jonanthan Denme, cuya interpretación de Ton Hanks aún pervive en nuestra memoria como espectador, el escritor que interpreta Ed Harris en una de las historias que forman parte de Las horas, de Stephen Daldry, entre otras, en el cine cubano pudiera resultar chocante la imagen de un ex soldado que participo en las gestas de liberación en África enfermo de SIDA, sobretodo la sub trama del intento de abandonar el pasaporte parte del personaje. La referida representación contrasta con la visión existente en el imaginario social cubano de los ex militares que lucharon en Angola, he ahí una de las aristas polémicas del filme, así como la relación con su padre.

Salvando las diferencias entre ambas cintas, pues Boleto al paraíso narra la trágica historia de unos jóvenes con una existencia disfuncional y su irracional decisión de contraer voluntariamente el SIDA, con tal de encontrar un lugar donde escapar a sus agobiantes problemas, tanto domésticos como existenciales, una historia verídica de un grupo de frikis que nunca antes había sido trasladada a la gran pantalla, apenas se había representado tangencialmente el tema en Azúcar amarga, del cubano americano León Ichaso. Indiscutiblemente Boleto al paraíso deviene un homenaje fílmico al personaje de Boby en la referida cinta.

El acompañante, en cambio, se sumerge en la relación que establece un sujeto sano con personas enfermas en Los cocos, institución que alcanzó notoriedad en Cuba entre finales de los ochenta y principios de los noventa dado que allí se internaban a aquellas personas contagiadas con la enfermedad. Como espectador no especializado en estas cuestiones considero excesivo el tratamiento dado sobre la militarización y los controles extremos que era objeto dicha institución, teniendo en cuenta el contexto, pues era una época donde impera un justificado desconocimiento sobre la enfermedad tanto en el ámbito clínico como en la sociedad.

La cinta posee el mérito de recrear muy bien el contexto, sin caer en anacronismos que suelen limitar y desacreditar otros filmes sobre ese periodo, periodo bastante representado en nuestra cinematografía, con actuaciones bastantes desiguales.

El Acompañante deviene una estremecedora reflexión sobre la convivencia humana al retomar un tópico que resulta habitual en el cine cubano: la tolerancia ante las diferencias que coexisten en nuestra sociedad, y la importancia de la amistad en situaciones límites, como las padecidas por los personajes de esta cinta. El mismo realizador expreso en una entrevista que durante la investigación que precedió al filme algunos pacientes le dijeron que durante aquel contexto la soledad constituíay la descriminacion social se encontraba entre las problemáticas que más  afectaban a la referida comunidad. Por tanto, El acompañante resulta una cinta edificante porque apuesta sobre el valor de la amistad como antídoto ante la indiferencia y otros fenómenos asociados a la crisis de valores que impera en la sociedad actual.

En ese sentido la cinta ofrece una mirada sobre la sociedad cubana que me hace recordar aquellas palabras pronunciadas por Chijona durante el estreno  de su cinta, espero que este filme le sirva de asignatura para la casa, también eso esperamos de El acompañante, provocar el pensamiento crítico que demanda estos tiempos tan convulsos.

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El autor

Jorge Luis Lanza Caride

Licenciado en Estudios Socioculturales en la UCF. Crítico de cine. Máster en Historia y Antropología en la UCF.

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1 Comment

  1. aldo 4 mayo, 2017 at 3:30 pm

    Dices que es exagerado la militarización en la película y demuestra efectivamente la inocencia que aclaras. La película es amable, era peor. Creo que si un valor tiene es haber optado por no pasar cuenta. La directora, que a tu juicio no está bien interpretada, a mi me parece lo contrario, porque es lo humano que nunca fueron con nosotros allí. Tuvimos medicinas y tratamiento médico gratuito, pero hubiéramos querido que nuestr director cuyo nombre es muy similar al de la doctora, llamada en e filme Mejías y en la verdad era un ogro llamado Mejides, que se pareciera un poco a ella. El filme tiene un logro, que he compartido con muchos que junto a mi estuvieron ahí y es que nos hizo perdonar.

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