Afganistán: cuestión de apariencias

Las eleciones pasaron pero todavías las tropas ocupantes están en las callesLas controvertidas elecciones generales realizadas en Afganistán en fecha reciente, no revisten para nadie, es evidente, la más mínima trascendencia en materia de resultados políticos.

De manera que para muchos analistas, el asunto de convocar a comicios presidenciales bajo la intensificación de la guerra entre ocupantes y miembros de la resistencia local, ante todo implicaba para las fuerzas extranjeras  la opción de intentar brindar una imagen internacional de estabilidad y progreso en un país que vive inmerso en un total colapso a cuenta, esencialmente, del injerencismo foráneo.

De hecho, Afganistán se ha convertido en el epicentro de la guerra oficial  norteamericana contra el terrorismo, como suerte de disuasión del gobierno de Barack Obama frente a los reclamos de los halcones gringos de no ceder en el terreno agresivo que a escala global inició George W. Bush luego del 11 de septiembre de 2001.

De ahí que desde su campaña, el nuevo presidente de la Unión hablara de salir de Iraq y hacer énfasis en suelo afgano, donde se presupone  radica la base de Al Qaeda y de su díscolo jefe Osama Bin Laden.

No obstante, la marcha de los acontecimientos en Afganistán no favorece los empeños de la Casa Blanca.

Los talibanes y otros grupos de la resistencia controlan amplias fajas del territorio nacional, donde el poder oficial de Kabul es totalmente nulo y el costo en vidas de soldados extranjeros es patético a estas alturas, al punto que mandos militares y políticos de las naciones involucradas en la agresión hablan ya, sin demasiada discreción, de la urgencia de dar un fin negociado al conflicto.

En los propios Estados Unidos, el rotativo Washington Post y la cadena ABC News reportaron este agosto que 51 por ciento de los norteamericanos no creen oportuno seguir la guerra en suelo afgano, y 45 por ciento estima urgente empezar a reducir los abultados contingentes militares nacionales en Asia Central.

Ello, por supuesto, sin asumir los costos en vidas y en condiciones de existencia que la ocupación extranjera impone a los afganos, víctimas de bombardeos y ametrallamientos indiscriminados y de acciones bélicas contra aldeas y poblados donde se presume encuentran refugio los miembros de la resistencia.

Con el no menos brutal añadido de que, en medio de la trifulca, Afganistán se ha convertido en el quinto país más pobre del planeta, con el 42 por ciento de sus ciudadanos en condiciones de indigencia; el analfabetismo alcanza a 77 por ciento de la población, y la esperanza de vida apenas suma los 43 años de edad.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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