Alegorías explícitas, una exposición sobre la cubanía desde Cienfuegos

Alegorías explícitas, una exposición sobre la cubanía desde Cienfuegos Con la exposición personal Alegorías, inaugurada recientemente en la galería del Centro Provincial de Arte de Cienfuegos, el artista capitalino Héctor Montaner Naranjo, quizás persiguió articular un discurso sobre la nacionalidad cubana, desde la flexibilización morfoconceptual de una representación anclada hasta la oficialización más solemne en la iconografía cultural nacional: la Palma Real.

Mas esta intención no consigue trascender el plano de superficial chatura academicista con intenciones comerciales.

Tal percepción, se avalancha sobre el espectador avisado desde el propio título de la muestra, refrendamiento redundante e innecesario de la serie Alegorías Sugerentes (a la cual se adscriben las quince piezas), hasta la monotonía visual y figurativa de las telas todas, signadas por una intención complacientemente paisajística, donde el sesgo surrealista apenas se concreta en una fantasía tímidamente ingeniosa.

Todas las posibles indagaciones, tan múltiples e ilimitadas como las dinámicas culturales de un pueblo, con toda la complejidad, compromiso y consecuencia que lleva aparejada obra y obrar de un artista consciente de ser vanguardia pensante de sus congéneres, se estrellan en este coqueteo pintoresquista con el más frívolo ideal de “belleza”, anclado en la primitiva y reduccionista percepción decorativa del arte, confiable y casi infalible resorte lucrativo, de inocuidad ideológica garante de la tranquilidad.

En vez de expandir, redimensionar o hasta vandalizar la semiosis de la palma como símbolo oficial de cubanidad, cubanía, identidad, nación, cultura, idiosincrasia o lo que sea, Montaner refuerza la estereotipación noblona, confundiendo las tímidas permutaciones y recombinaciones formales con la real subversión iconoclasta, el cuestionamiento legítimo, la contextualización problémica y responsablemente problemática a que ha sido sometida la Roystonea Regia, en espacios artísticos del propio Cienfuegos, por creadores como José Antonio Tamayo, Vladimir Rodríguez y otros. Recordar la palma apuntalada en áreas de la Escuela Provincial de Arte Benny Moré, el tronco seccionado en porciones de varias dimensiones, algunas aún conservadas en el propio Centro Provincial de Arte, y las alrededor de ochenta apropiaciones desde el ingenio hasta la amargura, realizadas aún por Vladimir en pos de su integración en una pieza más ambiciosa.

La palabra alegoría es reducida aquí a lo más rancio de su etimología griega: allegoria, donde alla (otras cosas) se combina con agoreuo (hablar, arengar. Si bien la palma no es explícitamente revestida con atributos propagandistas, tampoco es sajado su revestimiento para exponer claroscuros yacentes en su seno íntimo, con toda la madurez derivada de los dos siglos de nacionalidad cubana consciente. El pecado se propicia por defecto y no por exceso.

La palma boca arriba, la palma boca abajo, la palma al través, la palma transparentada, insinuada, bosquejada, convergida y divergida hasta avocarse al rápido agotamiento del estudio preliminar a que quedan reducidas tales  Alegorías. Poco sugieren, además de un simple tanteo inmaduro tras un posible concepto entrevisto en lontananza, aún demasiado nebuloso para asaltar el ruedo del Arte como propuesta sólida, que logre trascender dignamente los no muy exigentes circuitos comerciales cubanos de las artes plásticas en que se estanca esta muestra.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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