Alexander Morales: la domesticación de la realidad

Alexander Morales: la domesticación de la realidadTras las concepciones sociales spencerianas, donde toda interacción dialéctica (integradora o antagónica) del ser humano con sus semejantes morfofisiológicos y su entorno era analizada desde un paradigma biologista, subyacen concepciones otras, quizás hurtadas por igual a la percepción de detractores y apólogos de esta postura hace un siglo atrás.

Cierto es que los movimientos, giros y relaciones endo y exógenas de, entre, para las sociedades y comunidades humanas, han evidenciado grietas de esta teoría biosocial, mas a la sombra del siglo XX, aún predominante como época cultural, se delata uno de los descubrimientos más sinceros que la especie ha hecho sobre sí misma: aunque la sociedad y el cosmos circundante no son necesariamente equiparables a un organismo vivo, sí el ser humano tiende a ver, y los ve, como meras extensiones de su propio organismo.

El reduccionismo adjudicado a Spencer no es más que un reflejo del propio reduccionismo perceptual con que el homo sapiens ve al resto de los reinos naturales como prolongaciones serviles de sus miembros, complementos dóciles de los cinco limitados sentidos físicos. Demiurgo aficionado, hambriento de poder y temeroso de que las potestades esgrimidas se diluyan ante desconocidas, ergo inaprensibles, esferas de sentido y existencia, el ser humano grada su percepción acorde a su ego, determinando la real existencia de las cosas y fenómenos metafísicos según vaya nombrándolos y conceptualizándolos, en acto definitivo de poder.

Te nombro, te defino…luego existes, parece ser la divisa común de uno de los más básicos e instintivos ejercicios del poder humano, extensible a los propios congéneres o masas de ellos. Mutado el natural instinto de conservación en instinto conservador, el individuo se empeña en lapidar sus seguras concepciones sobre el mundo conocido, una vez re-creado, y procede entonces a modificarlo a su imagen, semejanza y conveniencia.

El perro, uno de los blancos más seguros de la vanidad y el pragmatismo humano, ha sido forzado por su docilidad (confundida con la inteligencia que sólo puede desembocar en un sentido de independencia, más afín a los felinos) a modificar su morfología, para ser adaptado a necesidades coyunturales, muchas ya desaparecidas. Quedan numerosas razas como simples objetos de orgullo de la ciencia ingeniera, o sea, de la habilidad para forzar y muchas veces pervertir el desarrollo natural de un reino, especie o género parahumano; reduciendo el mundo y toda su gloria a un grano de maíz, fácilmente aprehensible en la palma de la mano.

Tal puede ser una de las alarmantes lecturas entrelineadas en la docena de obras integrantes de la muestra plástica Naturaleza doméstica, expuesta en la galería del Centro Provincial de las Artes Plásticas, donde el creador cienfueguero Alexander Morales marca un nuevo vector de representación. El ícono canino es erigido matriz simbólica, y sometido a inquietante disección semiótica y filosófica, de la cual saldrá despojado de toda estereotipia, expandidos, más bien destrozados, todos los límites establecidos por la convención para él.

La paleta temperamental del artista, explosiva en toda la violencia de la agresión cuestionadora y desacralizante en que muchas veces deviene el conjunto de su obra, su poética y estética todas, es preciso empaque para esta nueva incursión en terra (conceptual) incógnita, sin abandonar la alta impronta y calidades gráficas, el impacto visual potente, desconcertante, testimoniante de complejos y telúricos abismos psíquicos, cuyo vislumbre podría helar más de una epidermis, según la mejor tradición lovecraftiana.

Alexander se apropia de algunas razas de alto pedigree: Staffordshire inglés, Bobtail, Boxer, Bull Terrier, Bulldog, Caniche gigante, Crestado chino, Galgo afgano, Schnauzer, Chihuahua…, escogidas al azar, lejos los cuadros resultantes de cualquier apología retratista de vanidades íntimas, o superficial promoción de transgénicos abolengos caninos: traspolación-extensión exitosa de su pretensiosa adaptación de la metarealidad natural a su realidad. Desde todos estos cuadros de intencionado y desproporcionado hieratismo, la naturaleza ladra dolorosos testimonios del adictivo Juego del Poder. Prueba de la falta de olfato y miopía voluntaria que aquejan a gran parte de la especie humana, incapaz de ver más allá de sus narices o reconocerse como amo merecedor de toda pleitesía de lo no-humano, sería apreciar estas piezas como artesanales homenajes al ser humano reflejado de obrar transformador.

Va más allá este artista cienfueguero, en su aproximación a las aristas vergonzantes, para las cuales nuestra especie se entrena a sí misma en su negación. Amén de la relación naturaleza humana-naturaleza no humana mencionada hasta ahora, el ego motivador de este proceder desborda la conciencia colectiva de la especie, y tórnase piedra angular de sus relaciones endógenas, heterogeneizándola en clases, castas, linajes, alcurnias, raleas, clanes o meros individuos, dotados de atributos sagrados.

Alexander Morales: la domesticación de la realidadLos homo sapiens tratan de transformar a otros homo sapiens a su imagen y semejanza, en un definitivo acto de egoísmo autofágico. Si bien la morfología del ser humano ha tratado de ser transformada o purificada (ahí yacen los experimentos del nazi Joseph Mengele para “rubicundizar” judíos trigueños, sobrevivientes a la purgación de los campos de concentración; las batidas de exterminio contra los aborígenes australianos, complementadas por los planes de blanquear los restos de mestizaje en la población de la isla continente), persiste en operar cambios culturales, convenientemente mucho más profundos en la percepción de grupos humanos, a los que se pretende dominar, ganando un nivel superior en el juego del poder, justificado indistinta-oportunista-mente con entelequias como Libertad, Progreso, Igualdad, Justicia.

La inocencia de estos hocicos húmedos y los ojos tristes de las esculturas caninas de Naturaleza Doméstica han sido trascendidos por la mano precisa de Alexander Morales, exponiendo a línea y color puros el inquietante testimonio de una especie, dedicada a negarse sistemáticamente como Parte, con ínfulas de Todo.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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