Antes, durante y después de la pandemia: artes visuales de Cienfuegos

Antes, durante y después de la pandemia: artes visuales de Cienfuegos

En un comentario anterior, cuando en Cienfuegos se escuchaban los ecos de la Bienal de La Habana, en abril de 2019, hablaba sobre la necesidad de llenar con ideas nuevas y con público las galerías y los espacios expositivos de la cuidad.

Llegó el 2020, desafiante para los artistas, como nunca antes, impedidos de llegar al público, de confrontar entre ellos y de mostrar sus obras en exposiciones personales y colectivas. Podríamos haber pensado entonces, en el mes de marzo, cuando comenzaban los azotes de la pandemia de COVID-19 en Cuba, que el panorama de las galerías vacías continuaría como realidad innegable, y tal vez más acuciante aun.

Pero, el arte, mágico en todos los tiempos, capaz de conmover, de emocionar y de hacernos reflexionar siempre sobre cuestiones fundamentales para la sociedad, sorprendió de la manera más admirable posible.

En los primeros días la inercia de lo nuevo fue desplazada con una rapidez asombrosa y los creadores visuales de Cienfuegos, al igual que otros de todo el país, encontraron en las circunstancias el reto perfecto para salir de la rutina y buscar soluciones que bien pudieran ser permanentes, porque su impacto ha sido positivo en disímiles aristas.

Se volcaron entonces a las redes sociales, y convirtieron sus casas en galerías para que a los vecinos no les faltara el arte y la sensibilidad de los colores, las formas y las texturas.

Luego cuando la situación epidemiológica mejoró, volvieron a abrir sus puertas las instituciones culturales de la provincia, pero no igual que antes, sino significativamente mejores, más humanas y cercanas a los artistas y a los cienfuegueros.

En el caso de las galerías de arte, hasta surgió una nueva, que impresiona por sus fundamentos de coleccionar, obras de los creadores más relevantes del territorio. Siguaraya fue el nombre que la Dirección provincial de Cultura escogió para este espacio, ubicado permanentemente en su sede.

Pero esto no es todo, el público sintió la falta del intercambio directo y, desde entonces, cada una de las exposiciones convocadas y en las que esta comentarista ha podido participar ha contado con una convocatoria numerosa. En cada una de las muestras, las galerías se han llenado de personas ávidas por conocer, por disfrutar.

Y también, es válido decir que la programación de estos eventos ha rozado con la excelencia, con acontecimientos significativos, como la exposición del maestro Nelson Domínguez, Premio Nacional de Artes Plásticas o la muestra Che Fotógrafo, todavía a disposición del público en las galerías Boulevard y Santa Isabel.

Pero el mérito más grande es el de los artistas, esos que desde cada espacio se mantuvieron activos, conectados, creando para nosotros un mundo soñado, en el que podamos interpretar la realidad o a nosotros mismos como individuos, como seres sociales.

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