Antonio Maceo y Che Guevara: estrategas de la victoria

Antonio Maceo y Che Guevara: estrategas de la victoriaNo es sólo el coincidente hecho de haber nacido en igual día, 14 de junio, lo único que une las relevantes figuras de Antonio Maceo y Ernesto Guevara, Che, llegados al mundo en 1845 y 1928, respectivamente. Los entrelazan, además, numerosas cualidades entre las cuales figuran los arraigados sentimientos revolucionarios y antimperialistas que los condujeron a luchar por la emancipación total del ser humano.

Los caracterizó, asimismo, un amplio concepto de la estrategia, reflejado en el convencimiento de que el comportamiento del individuo es factor fundamental en la organización y éxito de cualquier institución militar.

Consideraron que el ejemplo personal del jefe es imprescindible para la consecución de los objetivos, y por ello bregaron incansablemente en la formación de hábitos disciplinarios en oficiales y soldados. No obstante, para ellos la disciplina militar no era el mero resultado del orden impuesto mediante disposiciones y decretos, sino la suma de estos y la comprensión  que los combatientes tuvieran en cuanto a la necesidad de cumplirlos.

Conocedores de la intensa carga de amor patrio que guiaba la actuación de sus respectivos subordinados, con independencia del extenso período que separaba una gesta de la otra  -1868-1896, Maceo, y a partir de 1957, Che-, recurrieron a él para inculcarles la observancia estricta del régimen disciplinario. Todo sin mecanicismo alguno porque, convencidos de que cada combatiente aúna en sí virtudes y defectos, exaltaban las primeras y corregían los segundos, siempre sin lacerar la dignidad del hombre.

A la sanción justa la acompañaba siempre la explicación clara de las consecuencias de la falta cometida, de modo que el sancionado comprendiera lo correcto de su imposición, a la par que el caso deviniera ejemplo irrepetible para el resto de la tropa.

La disciplina fue la primera gran condición militar del mayor general Antonio Maceo, de lo cual dio fe su categórica respuesta ante la invitación a un movimiento sedicioso: ”Soy militar ante todo (…) y no estaré en donde no puedan estar el orden y la disciplina”.

Pero esa manifestación no puede llevar a concluir que imperara en él una postura de obediencia ciega, sino verse como el resultado de su capacidad de comprensión acerca del papel que le correspondía como miembro de una institución armada, pues  empleó los intereses generales de la revolución como resorte para obtener en sus tropas la máxima disciplina posible mediante la acertada combinación del patriotismo de estas con su Innato don de mando y profundo sentido de justicia.

Por su parte, para el comandante Ernesto Guevara la disciplina era una de las principales cualidades a poseer por un combatiente, de ahí que concediera extraordinaria importancia a la corrección disciplinaria, como se infiere de su afirmación de que: “La disciplina debe ser esto (esto hay que recordarlo una y otra vez) una de las bases de acción de la fuerza guerrillera”.

Para Che, el término disciplina abarcaba dos acepciones muy bien delimitadas: disciplina externa –la cual consideraba mecánica, fría, es decir, impuesta-, e interna –resultante de la plena comprensión, por parte del militar, de sus deberes y responsabilidades.

Consideraba a la segunda como esencial y recababa para ella el máximo de atención de los jefes, cuyo trabajo educativo, indisolublemente unido con las condiciones en que se desenvuelve el hombre, conduce a la existencia de una disciplina consciente.

Conocedor de la vida militar y de sus principios políticos, sociales y organizativos, estimaba que la fuerza de un ejército descansa en su disciplina y moral.

Tanto Maceo como Che se esforzaron por estrechar vínculos con sus respectivos subordinados, con quienes procuraron relaciones francas, sencillas, que les posibilitaran conocer sus inquietudes y anhelos, sin que representaran un freno ante la necesidad de amonestar o sancionar.

Reconocían o estimulaban al combatiente cuando protagonizaba una acción que lo mereciera, lo cual, sin dudas, contribuyó tanto  a mantener el orden y la disciplina como a elevar el espíritu combativo y la fe en la victoria.

Valientes, osados, astutos y esencialmente humanos, captaron la singular importancia que para un ejército tienen la conciencia revolucionaria del combatiente y su clara comprensión de los deberes.

El proceder de estos dos grandes hombres, cuyas proezas los hicieron figurar entre los más brillantes jefes militares del continente americano, es prueba irrefutable de que para ellos era totalmente válido lo planteado por el mayor general Ignacio Agramonte acerca de que “Organizar y disciplinar el ejército es prepararlo para la victoria”.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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