B-612: Más cerca de lo que pensamos

B-612: Más cerca de lo que pensamos

Por favor dibújame una oveja…

“El Principito” es uno de los libros más completos que se hayan escrito.  Es un canto al amor, a la amistad, la vida. Pero sobre todo es un libro eternamente joven, repleto de mensajes implícitos que sólo descubrimos a su debido tiempo, aún cuando lo hayamos leído varias veces. Por ello debemos permanecer junto a él para lograr aprehender hasta su última lección.

En sus breves páginas figuran un infinito número de valores universales que lo colocan en la cima de la literatura.  El texto logra una perfecta empatía con el lector, quien a lo largo de la historia llega a sentirse hombre de negocios, farolero, geógrafo y hasta principito venido desde B–612. 
“El Principito” ofrece todo un fresco a los efectos del ser humano, en contraste con las virtudes que el personaje central les contrapone.  Cada episodio o incidente que le suceden al niño de B–612, representa  uno o más defectos o valores.

Metáforas bien estructuradas que enmascaran el día a día, nos enseñan a amar lo que tenemos y a proteger lo que amamos. A destruir lo que nos lastra y a no creer en frivolidades.

El amor del caballerito por su planeta demuestra lo que debemos sentir por nuestra tierra, nuestro hogar. Aprendemos también que los sueños no son sólo eso y que sería errado convertirlos en cifras, que debemos luchar por ellos.

Este libro demuestra la posibilidad de querer a una rosa hasta el punto de olvidar sus espinas, nos pide de forma sutil que seamos un poco más tolerantes y comprensivos.  Nos ayuda a vivir en este mundo complejo e imperfecto que habitamos, pero en el que sin dudas podemos encontrar todo cuanto necesitamos con sólo saber buscar los medios o vías de acuerdo a nuestros principios y valores.

Mira a tu alrededor, nos dice el libro, eso que tanto deseas está allí, lucha por ello, lánzate a conquistarlo, aprende a amarlo y compártelo con esa o ese que vive a tu lado.

La obra nos lleva a los más profundos ríos del absurdo humano, que de forma inexplicable desemboca en la más perfecta lógica;  como cuando la zorra habla de las costumbres de los hombres y de su incapacidad para hacer amigos. 

 “… los hombres no tienen tiempo de conocer nada.  Compran las cosas hechas en los mercados.  Pero como no hay mercados de amigos, los hombres no tienen amigos…” (Saint-Exupery, 2001:89)

Y es cierto, los hombres viven de manera agitada, no dejan mucho espacio para los sentimientos.

Muestra cómo el mundo no es sólo el entorno inmediato de cada persona, sólo lo que se abarca con los ojos, sino que existe todo un mundo más allá de nuestro islote personal.

 “El Principito” no presenta  paradigmas ni modelos a seguir.  Con una ingeniosa forma conduce a la interrogante y nos ayuda a percatarnos de la carencia real que nos afecta: la carencia espiritual, la falta de sentimientos, la necesidad de afectos, la sobresaturación material que aparta a los hombres de lo realmente importante de la esencia real de las cosas, de lo que los ojos no ven y las manos no son capaces de palpar.  De todo esto que se resume en tan sólo una frase: “No se ve bien sino con el corazón.  Lo esencial es invisible para los ojos” (Saint-Exupery, 2001:92).

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El autor

Danae Aguila Gutierrez

Licenciada en Periodismo. Máster en Ciencias de la Comunicación. Periodista en el Canal de Televisión Perlavisión, en Cienfuegos.

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