Bajo la sonrisa dura de Bogart, Lauren llora…también el Teatro

Bajo la sonrisa dura de Bogart, Lauren llora…también el TeatroUno de los más grandes conflictos arquetípicos enfrentados por el ser humano, desde que exhaló la primera idea, fue guardar absoluta sinceridad con uno mismo antes que con el entorno social: ser como se quiere y no como el prójimo espera.

Las familias, comunidades, sociedades y culturas estructuran modelos de acción y pensamiento canonizados en normas (de ahí que la palabra normalidad no implique obligatoriamente corrección o razón absoluta), atrofiadas estas en dictados y obligaciones. Estas reglas, indiscutibles so castigo o expulsión del entorno, pre figuran arbitrariamente comportamientos y prioridades de sus miembros, buscando perpetuarse en cada generación.

La estigmatización del cuerpo desnudo, la unión carnal y todos los placeres que conlleva, más aún, la unión carnal “anti natura” entre representantes del mismo sexo, todo exaltado y apologetizado en culturas pre cristianas: sólo citar los ritos de fertilidad agrícola extendidos en Europa hace más de dos mil años; el enciclopedismo sexual indio plasmado en el Kama Sutra, el Ananga Ranga y los altorrelieves del templo de Kronarack; las orgías bisexuales voluptuosas de Grecia y Roma, pues sólo ha resultado en el sobredimensionamiento de impulsos hormonales e instintos, básicos aunque muy placenteros, superponiéndolos a otros aspectos subjetivos más complejos y sublimes del ser. Resultado a grosso modo: encarnizada lucha de contrarios, donde el respeto a la diversidad sexual y libertad de opciones ha degenerado muchas veces en la competencia por instituir un canon (la homosexualidad) sobre otro (la heterosexualidad), a partir de hipócritas argumentos progresistas.

A fuer de anatemizarla, la sexualidad y la homosexualidad humana se han convertido entonces en ejes sociales de calibre, motivo de frustraciones que sólo conllevan a la infelicidad, como ocurre con los personajes de la obra La llamada de Lauren, guión original de la dramaturga española Paloma Pedrero versionado y adaptado para la escena por Nelson Dorr, en el más reciente estreno del Proyecto Teatral que lleva su nombre, presentado con esta propuesta en el Teatro Tomás Terry. Intimista y minimal drama con visos de tragedia, la obra concentra su acción en una jornada carnavalesca, en el sentido europeo del disfraz, del travestismo en su más amplia acepción, noche en que Pedro sugiere a su esposa Rosa un rejuego inversor de roles, donde Ella se vestirá al estilo de Humphrey Bogart, símbolo de la más sólida masculinidad, y El lucirá las galas de Lauren Bacall, esposa todo femenina del  más duro del Cine Negro.

Mas, lo que prometía ser una indagación y conflicto sicológico de alta intensidad, soportados en un histrionismo asaz orgánico, capaz de exponer sin ambages la tragedia personal del frustrado sexualmente Pedro en todas sus dimensiones y universalidad simbólica, apareció en escena como una burda farsa epidérmica, recurrente a las aristas más kitsch del homosexualismo, donde se desdibujó todo propósito en una amalgama muy ambigua, con la consecuente y total mengua de la intensidad del calvario sufrido por Pedro.

La torpe puesta en escena desaprovechó toda la riqueza expresiva del gesto. Súmese a esto la inexperiencia rampante de los dos actores, lo cual anuló cualquier viso de verosimilitud e identificación del público con los conflictos y personalidades expuestos. Los afectadamente torpes movimientos del gigantesco Pedro, aniquilaron lo que pudo ser una aguda  representación de la Otredad, contenida en la figura del rechoncho fisicoculturista, decorado con galas mujeriles, abrillantadas hasta lo kitsch.

Ya es hora de asumir en toda su complejidad dialéctica la dimensión filosófica del tema de la Diferencia y la Cultura de la Pluralidad, marcándose la definitiva etapa de madurez de un discurso ampliamente tratado en todas sus aristas, desde las visiones más “sucias” y realistas, como es el caso de La llamada…, hasta las más abstracto-simbólicas, como Ícaros, presentada años atrás por Teatro El Público. Pero lo recepcionado en el Terry no fue para nada una voz auténtica sumada al amplio coro que a escala mundial abogan por la comprensión/relativización del Otro.

Esta puesta amerita una revisión, o más bien una demolición superestructural, un OFF momentáneo que reinicie todo el sistema bajo nuevas luces, bajo un mayor profesionalismo escénico y una claridad de propósitos.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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