Ballet Contemporáneo Endedans: Gato por liebre

Ballet Contemporáneo Endedans: Gato por liebreCon gran motivación, asistí a la nueva presentación de la compañía camagüeyana Ballet Contemporáneo Endedans, la cual abordó el escenario del Teatro Tomás Terry los días 5, 6 y 7 de noviembre, como parte de la Temporada de la Danza 2010, a escasos trece meses de su anterior actuación, en octubre de 2009.

Espectáculo éste que, según consigné entonces en la reseña intitulada Endedans: El espectador ante sí mismo, comprendió nueve coreografías, “las cuales además de un apreciable rigor técnico de los ejecutantes, del vigor interpretativo y del sentido afinado de las posibilidades de un cuerpo en comunión consigo mismo y con el espacio, resaltan por la alta carga conceptual de varias de las propuestas asumidas desde posturas existenciales, humanistas. La autora de éstas (Tania Vergara), hurga en los vericuetos de la psicología del humano, como ser dualmente singular y social, también en dual conflicto consigo mismo y sus iguales”.

Esperé, al ocupar mi asiento, presenciar nuevas indagaciones filosófico-cinéticas sobre la enmadejada dialéctica de la existencia humana, sus lógicas mutables, las constantes traiciones e inconsecuencias de un ente contradictorio por naturaleza, forzado su albedrío a escoger, sumido en las más amorfas sombras, invisibles senderos conductuales que lo precipitarán en inesperadas cadenas de sucesos. Reforzado estaría todo esto por la briosa técnica de un elenco en estado de gracia interpretativa, en el cual encarnarían como mano en guante las concepciones de los coreógrafos.

La frustración total de todas estas bien fundamentadas expectativas, me sumió en el mayor de los estupores, sedimentado posteriormente en desilusión ante lo presenciado  esta vez sobre las tablas: cuatro raquíticas coreografías, cuyas lecturas fueron mucho más breves que sus propias duraciones, sólo superadas en puerilidad por el poco dominio técnico del elenco, aparentemente integrado por bailarines de rechazo del Ballet de Camagüey y aficionados de casas de cultura municipales, cuyas musculaturas rígidas impidiéronles ejecutar con decorosa limpieza los fútiles entramados de poses y movimientos desmañados, en que devinieron las coreografías en cuestión.

Las tres primeras piezas: Perdóname el espanto de buscarte, La Doute, Un papel, un lunar, el tiempo… ¿y después…?, apenas concretaron débiles amagos de abordaje de las ambiguas relaciones entre los sexos, a partir de la diversidad de (re)combinaciones y mixturas entre ellos, posibles hasta la infinitud. Todo quedó en la insinuación epidérmica de situaciones como el incipiente lesbianismo en la etapa adolescente (La Doute), la promiscuidad y la infidelidad, redundantes en autotraiciones más dolorosas que las deslealtades al otro (Perdóname…), y la explícita exposición, en clave de modosa tabla gimnástica, del desdibuje de la delgada línea roja, divisoria de los atributos y conductas genéricas como construcciones sociales, consensuadas desde el arbitrio (Un papel…).

El supuesto plato fuerte del espectáculo fue La Carmen, versión gay ultra-ligth de la gitana homónima, inmortalizada respectivamente en papel y música por los franceses Prosper Merimée y George Bizet; quien comparte su status de icónica femme fatale decimonónica, con la Margarite Gautier/Violetta Valery de reprtida entre la novela de Alexandre Dumas (hijo) y la ópera de Giuseppe Verdi.

Traer al siglo XXI tal historia de seducción y degradación moral, debería implicar una revisión de todos sus originales presupuestos misóginos y racistas, so pena de traspolarlos a los homosexuales en su forma más extrema, externa y sublimadamente kitsch, del travestismo cabaretero, mostrándolos así como ridículas neovampiresas kamikazes, devoradoras de la virilidad moral y física. Se requeriría articular minuciosas deconstrucción y resemantización, para precisamente dar un cambiazo a la originaria esencia machista, impugnándola con la (re)presentación del amor entre iguales genéricos, revirtiéndose toda la semiosis prejuiciosa.

Pues, si todo el sino trágico de la pieza original parte precisamente del potencial daño que encierran las diabólicas artes seductoras de las Evas para con los Adanes, ergo, la actualización del conflicto debe casi por obligación presuponer dicha subversión conceptual, no formal, de éste, sucediendo de plano con La Carmen la segunda y facilista opción.

La gitana es sustituída aquí por un debilucho Carmencito sin el más mínimo magnetismo erógeno, capaz de “corromper” verosímilmente a un heterosexual, más allá de los gélidos pas de deux ejecutados (para utilizar un término del ballet clásico), donde el proceso de fascinación entre los dos personajes protagónicos, brilla por su ausencia, gracias a la incapacidad de los bailarines de asumir orgánicamente los “intensos” roles. Amén de esto, Carmencito sigue siendo igual de taimado, inestable, frívolo y promiscuo que su modelo, echando más tierra sobre la identidad gay, a favor de la homofobia más conservadora, como lo hizo la gitana de Merimée a favor de la misoginia.

No puede exigirse a la obra de Endedans una definida y moralista posición ya sea homófila o heterófila, pues la danza y por extensión, el arte todo, no es por obligación militante (de hecho, cuando lo es, corre grandes riesgos de sucumbir al panfletarismo chato), ni mucho menos reivindicativo, pero sí debe ser enjundiosa, compleja en su discurso, no importa cuán impetuoso sea el tono lúdico o trágico con que sea pertrechada.

La Carmen, amén de reiteraciones coreográficas que debilitan su ritmo, inclinándolo hacia lo cansino, más que adaptación o versión del clásico literario/operático francés, resulta vacuo e inmaduro coqueteo formalista con los avatares de la gitana y el militar, con superficial referencia a las aristas más epidérmicas (casi que la pura visualidad) del homoerotismo y el sadomasoquismo de “rumberas de carroza”, y cuero negro con enchapes de plata, para reforzar aún más la estupefacción que me hizo huir a toda carrera, sin emitir un aplauso, no más sonar la última nota, para cerciorarme en la cartelera del teatro si lo que acababa de ver era realmente una presentación de Endedans y no una burda impostura. Precisamente porque en octubre de 2009 disfruté mucho la liebre, en noviembre de 2010 no trancé con el gato.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

Notas relacionadas

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *