Bases en Colombia: el cuento de la buena pipa

Bases en Colombia: el cuento de la buena pipaPues sí. Ahora los altos jefes y funcionarios norteamericanos se revelan como los grandes narradores de historietas.

Han salido en masa a la palestra pública para desmentir, aducen, las “versiones extremistas” de aquellos que en América Latina  no han vacilado en condenar la apertura en Colombia de siete nuevos enclaves militares estadounidenses, en lo que consideran brutal amenaza a los intereses de independencia y autodeterminación de nuestros pueblos.

Bases, dicho sea de paso, donde Washington demanda la no presencia de tropas colombianas y cuyos ocupantes extranjeros estarán exentos de cumplir las leyes de la nación anfitriona, entre otros vergonzosos privilegios admitidos por Bogotá.

Pero volviendo a los cuenteros, el primero en la lista no es otro que el subsecretario norteamericano de defensa para el hemisferio occidental, Frank Mora, quien declaró con tono serio y categórico que los contingentes de su país acantonados en Colombia no usarán la fuerza contra naciones vecinas.

Tampoco, dijo, buscan sustituir la estación castrense de Manta, en Ecuador, que debió ser desmantelada porque el gobierno de Rafael Correa no renovó el tratado que le dio origen.

Precisamente, valdría la pena preguntarle al propio gobierno ecuatoriano si esa afirmación del señor Mora es atendible, cuando se sabe que gracias al espionaje electrónico norteamericano desde la frontera, y con artilugios militares inteligentes Made in USA, tropas de Colombia masacraron un campamento humanitario ubicado en suelo ecuatoriano donde transitoriamente radicaban algunos combatientes de las rebeldes FARC.

Otro cuentista de última hora es el subsecretario adjunto de estado para asuntos hemisféricos, Christopher McMullen, que ha intentado incluso revertir las matemáticas.

McMullen jura y perjura que a más bases militares norteamericanas en Colombia, menor será la presencia  de las tropas interventoras en ese país, en una rara cuenta que, a estas alturas, debe ser motivo de sonadas discusiones entre más de un sabio en materia de guarismos.

Parecería, a partir de esta historieta, que las siete nuevas instalaciones concedidas a los gringos por el gobierno de Alvaro Uribe estarán vacías o serán manejadas por control remoto, porque, evidentemente, la cuenta de mister Christopher no da.

Con más razón cuando organizaciones sociales colombianas, gobiernos del área y estudiosos de la política injerencista yanqui en la zona, indican que, por el contrario, la presencia directa de soldados foráneos en suelo colombiano podría triplicarse una vez puestos en marcha los citados acuerdos bilaterales.

Lo que parece evidente es que en el Pentágono y el Departamento de Estado, tan civilizados ellos, se sigue jugando a las baratijas, las cintas y los espejos con destino a los “indios del sur”.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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