Benny Moré: el hombre que nació músico

Benny Moré: el hombre que nació músicoRítmico y desenfadado; genial y evolutivo; músico de cuerpo entero; controvertido y versátil: así podría describirse en anchos trazos a Benny Moré (1919-1963), el Bárbaro del Ritmo, el músico cubano cuyas canciones han recorrido medio mundo y aún hoy son escuchadas con placer y simpatía.

A despecho de calificativos más o menos certeros, la peculiar personalidad del Benny rompe cualquier esquema y reluce como sólo las verdaderas piedras preciosas pueden hacerlo.

La expresión corpórea, el porte, su característico vestuario, y la coreografía desarrollada ante el público eran elementos esenciales del Benny. Incluso el uso de gritos en medio del baile le proporcionaban comunicación y el imprescindible nexo público-intérprete. Todo él era suma expresión de elocuencia artística.

¿Quién en Cuba no recuerda viejas imágenes de Benny Moré, con su bastón, sombrero y anchos pantalones de tirantes, desinhibido y original, dirigiendo su orquesta con todo el cuerpo? Y esa figura ha trascendido las fronteras nacionales de la mano de números pegajosos y atractivos como Bonito y sabroso, Dolor y perdón, Maracaibo y Castellanos que bueno baila usted.

También Benny quedó reflejado en el cine, por ejemplo en las películas Carita de ángel (1946); Novia a la medida (1949); Cuando el alba llegue o Fuego en la carne (1949); y Quinto patio (1956), aunque en muchos casos se trata de breves apariciones, incluso sin estar incluido en los créditos.

En esta faceta no lo favoreció el hecho de que cuando el famoso Rey del mambo, Dámaso Pérez Prado, tuvo su boom cinematográfico, ya el Benny no estaba en su orquesta. Incluso cuando la película Al son del mambo (1950) fue filmada, Moré ya la había abandonado y su voz fue doblada por otro cantante cubano, Yeyo Estrada.

Sólo escucharlo no da la dinámica escénica y su extraordinaria capacidad para romper patrones establecidos. En realidad todo él formaba parte de su música y la original forma de dirigir la Banda Gigante, como llamó a su orquesta, con manos, bastón, piernas, hombros y hasta el propio sombrero. Era el toque mágico de la improvisación cuando la hace el genio.

Al cantarle a su amada Santa Isabel de las Lajas su voz modula incansable la melodía, que es grito y gorjeo a la vez, en pleno acto de amor con su patria chica.

Poseedor de un gran magnetismo personal, el Benny unía al timbre cristalino de su voz de tenor, perfectamente afinada, la capacidad de lograr timbres redondos, unas maravillosas posibilidades de improvisar, y una humildad a toda prueba, que, ya famoso, le hace declarar un día:

“Lo que sucede es que me abruma la fama y hasta el dinero. Como nada de eso me enloquece, no acepto coqueteos con la gloria. Más bien los rechazo”.

El Benny no era bien mirado en los encumbrados predios de la aristocracia criolla. Negro y de humildísimo origen nunca olvidó las épocas de penuria, las vejaciones y humillaciones que en aquella época acompañaban a los hombres y mujeres de tal condición, aun cuando fuesen verdaderos talentos.

Increíblemente no sabía leer música, pero tocaba la guitarra y el tres y sabía, como ninguno, dirigir a sus músicos.

Benny Moré murió el 19 de febrero de 1963. Con él desapareció el gracejo criollo y el rostro sonriente, pero por obra y gracia del genio vive en sus magistrales creaciones.

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El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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