Biocombustibles vs Crisis Alimentaria

Biocombustibles vs Crisis AlimentariaDesde hace unos meses, cuando el ex-presidente norteamericano propuso en Brasil un aumento de las producciones agrícolas destinadas a la creación de biocombustibles, la caja de Pandora se abrió. Los debates gubernamentales y sociales han sido múltiples. Las protestas masivas. Y el hambre sigue en aumento.

Para el Estado americano esta iniciativa serviría de paliativo a la profunda crisis económica en que se encuentra, dada su dependencia de petróleo para todas las operaciones industriales del gigante del norte. Las supuestas fuentes de abasto que se propusieron (aunque nunca lo admiten) en el Medio Oriente se le han complicado con la “pacificación” de Afganistán e Irak.

La solución era esa: los biocombustibles. Para un país con grandes reservas de petróleo, como las de Alaska, y gran productor de granos utilizados como biocombustibles, ese problema significaba un aumento en las subvenciones a los productores nacionales y la ventaja sobre los productores extranjeros que compiten contra productos subvencionados al máximo y aranceles elevados.

Sin embargo, si esos mismos productores extranjeros dedican el maíz, la soya y otros productos a alimentar a los autos en vez de los humanos, contribuyen al aumento en los precios sin que el Estado pueda detener esa alza. Los gobiernos perjudicados no pueden confiar en las fuerzas del mercado para contrarrestar la subida de los precios de los alimentos; se requiere de una clara voluntad política para aumentar la producción del agro.

En esta crisis también tienen un papel protagónico las empresas dedicadas a la venta de alimentos, las que elevan los precios, sin contar con los costos de producción y la demanda. El papel de estas empresas, como simples especuladores dentro de la crisis, es el de “buscar oportunidades” en los mercados de materias primas y de alimentos.

En nuestro subcontinente la realidad es desastrosa. El alza persistente de los precios internacionales de los alimentos está castigando con especial dureza a los sectores más pobres de América Latina y el Caribe, los que hasta hace unos años tenían  una agricultura de supervivencia, que hoy se ha visto desplazada por las necesidades industriales y automotrices de los países desarrollados.

La CEPAL informa que irremediablemente unas 10 millones de personas pasarán a la indigencia debido al incremento de los precios de los alimentos, esto sin contar a los que pasarán a ser pobres, que según la CEPAL, será una cifra similar.  Muchos expertos consideran que la creciente demanda de materias primas tales como maíz, la soya o la  caña de azúcar para la producción de combustibles de origen vegetal, ha influido de manera determinante en el alza mundial de los precios de los alimentos.

Los organismos internacionales, representantes de los Estados poderosos, a veces se hacen los desentendidos, y solo reaccionan cuando ven sus intereses perjudicados. Jacques Diouf, director general del Programa Alimentario Mundial de las Naciones Unidas, señaló hace unos días que “los factores que han conducido a esta repentina subida de los precios, a saber, una bajada de la producción debida al cambio climático, niveles de existencias sumamente bajos, un consumo más elevado de las economías emergentes como China y la India, el altísimo coste de la energía y el transporte y, sobre todo la demanda, cada vez más alta, de producción de biocombustibles”. Como se ve por su declaración nunca menciona que los países desarrollados son los principales provocadores del cambio climático, que son los mayores consumidores per capita y que son los más necesitados de los biocombustibles para sus autos.

Aunque no todos callan el problema alimentario. El secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon reclamó medidas de emergencia para poner fin a la crisis alimentaria y llamó a los gobiernos de los países miembros para que intervinieran rápidamente para evitar la propagación del cataclismo alimentario, subrayó que la duplicación de los precios de los productos básicos durante los tres últimos años podría hundir más profundamente en la miseria a 100 millones de personas que viven en los países pobres. El precio del trigo, por ejemplo, aumentó en un 181% en tres años.

Gobiernos y pueblos enteros se han puesto en guardia contra una hecatombe alimentaria. Los precios de la alimentación, si siguen como ahora, provocarán consecuencias terribles. Como ha sucedido en el pasado, este tipo de situaciones termina a veces en guerra por el control de los recursos naturales.

El 28 de marzo de 2007 Fidel alertó al mundo contra el peligro que representan los biocombustibles. En la reflexión titulada «Condenadas a muerte prematura por hambre y sed más de 3.000 millones de personas en el mundo», denunció la idea de convertir los alimentos en combustible, elaborada por el presidente Bush en Brasil como línea económica de la política exterior de Estados Unidos.

Con las técnicas astuales una tonelada de maíz sólo puede producir 413 litros de etanol como promedio y con el precio promedio del maíz en los puertos de Estados Unidos, de 167 dólares la tonelada se requieren por tanto 320 millones de toneladas de maíz para producir 132.000 millones de litros de etanol, cifra necesaria para la subsistencia del parque automotriz americano. Según datos de la FAO, la cosecha de maíz de Estados Unidos en 2005 fue de 280,2 millones de toneladas.

Si la receta de convertir los alimentos en biocombustible se aplicase en los países del Tercer Mundo, el número de personas que morirían de hambre tomaría proporciones vertiginosas, sin hablar de las consecuencias ecológicas.

Esta reflexión acerca del peligro que representa la crisis alimentaria que afecta al mundo es constante en varios medios de prensa y en las mesas de los políticos, pero muchas veces con perspectivas diferentes y sin llegar al centro de problema, que afecta a unos más y a otros menos, pero en fin, afecta al libre desarrollo social y comercial del planeta, sin descontar las consecuencias ambientales que trae aparejado.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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