Bofetada popular a la tiranía batistiana

Bofetada popular a la tiranía batistiana“Yo viví el levantamiento desde dos posiciones bien distintas. Fui combatiente y espectador.

Aquel día, 5 de septiembre de 1957, René Vallina Mendoza, hoy coronel retirado de las FAR, libró su primera acción combativa de magnitud, ansioso de que con ella llegara a su fin la tiranía batistiana.

“Me incorporé al Movimiento en 1955, en la provincia de Camagüey. Tuve que pasar al clandestinaje y en marzo de 1957 salí para Cienfuegos, mi pueblo natal, en compañía de mi tío Francisco Mendoza —mártir—. Contacté con Pedro Antonio Aragonés (Totico), de la dirección del 26 de Julio, y como no podía permancer en la ciudad, me enviaron a una finca en la zona de Rodas.

“Pasado un tiempo, me indicaron preparar al grupo con vistas a un levantamiento que se iba a producir en Cienfuegos, el cual incluía la toma de Cayo Loco, sede de una unidad de la Marina. Todos los meses viajaba a esa ciudad en busca de instrucciones, como hice aquel 4 de septiembre, y permanecí en una casa de seguridad del Movimiento en espera de Totico.

“Me informó que en la madrugada siguiente se realizaría la toma del Cayo, para lo cual debía reunir al grupo. Le expliqué que era imposible, porque tenía que ir hasta Rodas, buscar un camión, recorrer entre 60 y 70 kilómetros para recogerlos, y estar de regreso a las cinco de la mañana.

Decidió prescindir de ellos.” Cuenta que serían las seis de la mañana cuando, con Totico y otros dos, entró en Cayo Loco, donde poco después se procedió a la detención de los oficiales, la mayoría de los cuales dormía luego de celebrar el día anterior el aniversario del 4 de septiembre, fecha en que, en 1933, Batista emergió como principal figura del ejército.

“En el patio interior nos reunimos con , jefe militar de la acción, y Julio Camacho Aguilera, encargado de esta por el MR-26-7. San Román expresó que el plan inicial de tomar el Cayo, apoderarnos de las armas y trasladarnos al Escambray para abrir un frente de combate, se había cambiado por uno nacional en el cual participarían fuerzas de la marina y la aviación, e incluía bombardeos al Palacio Presidencial, el Campamento Militar de Columbia, La Cabaña y otras instalaciones gubernamentales, y la toma de dos fragatas, una en Santiago de Cuba y otra en La Habana. A Cienfuegos correspondía tomar las armas del Cayo, las estaciones de la Policía Nacional y la Policía Marítima, y el cuartel de la Guardia Rural, y ocupar la ciudad.

“Cuando San Román terminó su explicación, Camacho manifestó que, no obstante, se debía pensar en volar los puentes de acceso a la ciudad para, si el plan fracasaba, dirigirnos al Escambray.

“Yo iba en un pelotón mixto de marinos y civiles del Movimiento. Como ayudante de una ametralladora 30 participé en el ataque a la estación de policía, primero, y después en el rechazo al Tercio Táctico de Santa Clara, refuerzo que salió de allí aniquilado y con bastantes bajas.

“Hacia las 10 de la mañana, ya tomada la estación de policía, nos llegó la noticia de que por una estación radial de Estados Unidos decían que había un levantamiento en la ciudad de Cienfuegos, pero que estaba controlado. Esa información llegó por otra vía al Cayo y, cuando aún había tiempo de moverse hacia el Escambray, San Román ordenó resistir. Para entonces éramos unas 300 personas armadas, entre combatientes y vecinos que se nos sumaron; muchos quedaron con el deseo de empuñar las armas.

“Lo más impactante fue el apoyo popular: el pueblo en masa estaba en la calle. Después de tomada la estación de policía, y de distribuir las armas, la gente siguió llegando. Después se repartieron entre 50 y 60 ocupadas al Tercio Táctico.

“Desde el punto de vista militar, si el plan nacional se hubiera logrado, hubiera sido lógico lo que inicialmente se hizo; pero incluso hubo una misión que no se pudo cumplir: la toma del cuartel, sobre el cual nos disponíamos a avanzar cuando entró el Tercio Táctico. A esto se sumó la noticia de que no había otros levantamientos en el país y, por lo tanto, esa instalación dejó de ser un objetivo.

“En lo político, el levantamiento probó la inexistencia de la tan cacareada unidad monolítica entre ejército, policía y marina de que se jactaba Batista, porque esta última había sido capaz de levantarse en armas contra las dos restantes. Eso creó un fraccionamiento interno muy grande dentro de las fuerzas armadas y, por supuesto, debilitó profundamente al régimen.

“La actitud de los cienfuegueros demostró que el pueblo cubano estaba contra la dictadura. Aquello no se preparó, no hubo un acondicionamiento de la población y, sin embargo, su respuesta fue masiva porque se trataba de algo contra la tiranía.

“En lo interno resultó un revés muy grande para el Movimiento en Cienfuegos, desde entonces quedó prácticamente neutralizado; pero, en sentido general, una victoria para la lucha, por su tremenda repercusión nacional y el hecho de que, durante horas, Cienfuegos fue una ciudad libre, la primera de la Revolución en el país.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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