Brigadas Conrado Benítez: legión de vanguardia

Brigadas Conrado Benítez: legión de vanguardiaTodos escucharon atentamente las palabras de Fidel. Su visión optimista despojada de quimeras y utopías reafirmaba la profecía anunciada, tras la muerte de Conrado Benítez, aquel alfabetizador asesinado.

“¡Después de muerto ese maestro seguirá siendo maestro! (…) Ese maestro es el mártir cuya sangre servirá para que nosotros nos propongamos, doblemente, ganar la batalla que hemos emprendido contra el analfabetismo (…) El mártir del Año de la Educación, el mártir de los maestros”

Transcurría 1960 y en la Cuba revolucionaria la educación constituía prioridad para el gobierno. Desde el triunfo revolucionario aulas, Facultades de Obreros y Campesinos (FOC) y bibliotecas devenían logros de la nueva etapa de lucha.

Inició 1961 el llamado “Año de la educación” y el desafío significó librar a la isla del analfabetismo. Para el jefe de la Revolución todos los esfuerzos resultaban pocos, y justo el 28 de enero, en homenaje al natalicio de en la inauguración de la escuela “” (antigua fortaleza militar) en Santa Clara, aludió:

“Hay que comenzar a organizar ese ejército y vamos a organizar cien mil jóvenes alfabetizadores que por lo menos tengan de sexto grado en adelante, y por lo menos 13 años de edad”

La inexperiencia y el espíritu aventurero de aquellos niños y adolescentes conjuró el éxito del reto, muchos necesitaban la autorización de sus padres para participar en la proeza.

No hubo miedos, ni arrepentimientos. Lápiz, cartilla y manual constituyeron las armas para amedrentar las sombras de la ignorancia. Las pequeñas lámparas de aceite que viajaban en la mano de cada maestro llevaron la luz de la sabiduría a campos y zonas intrincadas del país.

Muchos perecieron en el intento, manos atroces segaron ideales de justeza y libertad vivientes en cada voluntario de la campaña. Manuel Ascunce Doménech, todavía de rostro inocente y candidez juvenil representó uno de los diez asesinados, nadie olvidaría la confesión que pondría fin a su vida: ¡Yo soy el maestro!

El 22 de diciembre de 1961 el sueño se hizo realidad, cada cubano iletrado cumplía la ilusión de escribir su propio nombre. El derrotero victorioso del saber

venció a la ignorancia

De manos tiernas aún para los  golpes de la vida, de la inocencia de edades tempranas, del empeño de quienes no temieron a la muerte, ni entendieron de peligros estuvo signada aquella gloriosa brigada, paladín del precepto martiano: “Ser culto es el único modo de ser libres”.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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