Camilo: renuevo continuo e inmortal

Camilo: renuevo continuo e inmortal

Más de la mitad de los cubanos no tuvimos el privilegio de conocer a Camilo, sin embargo, sentimos hacia él un cariño profundo. Lo imaginamos sincero, vivaz, jaranero, justo, pero sobre todo humano. Al mirar sus fotos o leer su historia descubrimos a un hombre de carne y hueso que sin proponérselo se ganó el estirpe de héroe.

Nació en una pequeña y humilde casa del barrio Jesús del Monte. Fue el tercer varón del matrimonio de Ramón Cienfuegos y Emilia Gorriarán. Se crió en un ambiente de correcta orientación patriótica cuya base más sólida era su hogar.

Su padre, modesto sastre, cuyo salario no le permitía dar educación superior, sino a uno de sus tres hijos, dirigía la formación cívica de los muchachos hacia la admiración de la obra de los grandes luchadores del pasado, y el ambiente contemporáneo por la simpatía de las causas más nobles del movimiento progresista internacional.

Apremiado por la necesidad económica Camilo no pudo ir más allá del octavo grado, en un frustrado  intento de estudiar artes plásticas. Sin embargo, al decir de sus maestros sentía gran predilección por la Historia de Cuba y su inclinación por la justicia lo llevaba a veces a pelear para defender al más pequeño o débil compañero de su aula. Desde entonces latía en él la rebeldía política y las ansias de ver libre a su Patria.

El 7 de diciembre de 1955, cuando participó en una manifestación por el aniversario de la caída de Antonio Maceo, derramó por primera vez su sangre en la lucha por la Revolución. A penas unas semanas más tarde cuando acudió a rendir tributo a Martí, fue golpeado, interrogado y notificado por los esbirros de la tiranía como: “Comunista”.

Perseguido por la policía, Camilo, tuvo que exiliarse en los Estados Unidos y desde allí hizo contacto con miembros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio que se encontraban en . Fue el último en la lista del grupo de los 82 expedicionarios del Granma que desembarcó en Las Coloradas. Desde ese momento hizo suya la consigna lanzada por Fidel de que “en el 58 seremos libres o mártires”.

A golpe de arrojo y valentía fue en poco tiempo ascendiendo sus grados militares hasta que por orden de Fidel el 16 de abril de 1958 se convirtió en Comandante. Al recibir el ascenso escribió: “gracias por darme la oportunidad de ser más útil a mi sufrida Patria. Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza”.

Meses más tarde Fidel le asigna la misión de conducir la columna rebelde número 2 “Antonio Maceo”, que llevaría la lucha desde la Sierra Maestra hasta . A sus 92 hombres le dijo: “podemos caer muchos en el camino, lo que sí no podemos es dejar de cumplir nuestra misión, y si uno solo queda con vida cumplirá por todos nosotros”.

Por la situación política-militar que existía en las Villas se le indicó que permaneciera en ese territorio junto al Che para ayudarlo a establecerse sólidamente. Fue entonces cuando combatió por todo el norte villaclareño convirtiéndose por su arrojo en el Héroe de Yaguajay.

Fue a él a quien se le dio la tarea, luego de caer la tiranía batistiana, de partir hacia La Habana, ocupar Columbia y recibir al Líder de la Revolución en la capital el 8 de enero de 1959. En el primer discurso que pronunciara Fidel a los cubanos, se volvió hacia Camilo para preguntarle si iba bien.

La vida le permitió vivir sólo 10 meses después del triunfo revolucionario. Tiempo que dedicó por entero a la causa. No tuvo un minuto de descanso y en innumerables ocasiones se dirigió al pueblo. Dicen que sus discursos enamoraban porque sus palabras nacían del corazón. Muchas veces utilizó estrofas de poemas que incitaban a amar a la Patria y a defender sus símbolos.

Unas horas antes de desaparecer en aquel sorprendente accidente aéreo expresó ante una muchedumbre: “De rodillas nos pondremos una vez y una vez inclinaremos nuestra frente…y será el día que lleguemos a la tierra cubana que guarda veinte mil cubanos, para decirles: ¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en vano!

A 58 años de su irreparable pérdida. Camilo es un renuevo continuo e inmortal. Su imagen se multiplica en pueblo. Su estirpe de hombre y héroe trasciende en el actuar cotidiano de cada patriota cubano.

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El autor

Damaris Leyva Feijoo

Licenciada en Educación. Especialista en Dirección de Programas Informativos de la Televisión. Periodista de Perlavisión, en Cienfuegos.

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