Carlos, de alumno a profesor, un sueño cumplido

Carlos, de alumno a profesor, un sueño cumplido

Su integración al círculo de interés de pedagogía en su secundaria básica definió su futuro profesional. Ser Maestro. Un sueño que hoy forma parte real de la vida cotidiana de Carlos Rafael Iznaga Rodríguez, profesor de la escuela pedagógica “Octavio García Hernández” de Cienfuegos.

“Cuando estaba en la secundaria básica, en noveno grado opto por la carrera de Maestro Primario, es decir que desde antes de entrar a esta escuela sentía la vocación, la necesidad de enseñar, de educar a los niños”.

Y es así que inicia Carlos Rafael el noble y sacrificado camino del magisterio, una profesión que desde su estudio hasta el ejercicio le satisface hacer. Él es uno de los once egresados de la escuela pedagógica de Cienfuegos que regresó a la institución, desde el 2017.

“Nunca pasó por mi mente que trabajaría al graduarme en la misma escuela donde me formé, pero una vez que comencé a trabajar sentí un compromiso con los profesores que me dieron clases y me enseñaron, compromiso con el director de la escuela y por ese compromiso fue que empecé a trabajar duro porque tenía que demostrarle a ellos, el profesional de la educación que habían formado y también demostrarle a los estudiantes que comenzaban una carrera pedagógica, que no importa ser joven si sentían la vocación de enseñar”.

Dar una clase de calidad es lo primero aunque para Carlos Rafael, pero educar va más allá del contenido de la asignatura.

“Yo soy profesor de Cultura Política y además de eso siento la necesidad cada vez que termino un turno de clases y tengo la oportunidad de conversar con mis estudiantes, siempre me encargo de llevarle a ellos, de demostrarle, inculcarle el amor al magisterio porque nosotros aquí realizamos varias actividades que demuestran el amor que se siente al educar, porque lo mejor de ser Maestro es ver como los estudiantes se transforman a través de la enseñanzas de nosotros, ver ese cambio de cuando lo recibimos en primer año y cuando se gradúan después de cuatro años, que nos agradecen por el cambio que han tenido en su conducta y cuánto han aprendido tanto en lo profesional como en lo personal, y lo peor hasta cierto punto es el temor a defraudar a mis estudiantes, que confiaron en nosotros para hacerse Maestros pero eso a la vez lo supero con auto preparación diaria, superándome cada día, estudiando y elevando mis conocimientos”.

Por eso el orgullo de enseñar y ser educador es su carta de triunfo cada día frente al aula con sus estudiantes. “Esta es una profesión de infinito amor que hay que dedicarle mucho tiempo, que nos ocupa gran parte de nuestra vida, pero vale la pena dedicarle gran parte de la vida a ese Arte, porque es un arte, EDUCAR”.

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