Cienfueguero moncadista: Abelardo Crespo Arias

Cienfueguero moncadista: Abelardo Crespo Arias

Abelardo Crespo Pérez  nació en el barrio de Pueblo Griffo de Cienfuegos, el 24 de octubre de 1924.

Cienfueguero moncadista: Abelardo Crespo Arias

Cienfueguero moncadista: Abelardo Crespo Arias

De estirpe mambisa, su padre llegó a Coronel del Ejército Libertador y su abuelo peleó bajo las órdenes del Mayor General cienfueguero Federico Fernández-Cavada.

La infancia de Abelardito o Perico como indistintamente le llamaban,transcurrió en el humilde barrio de obreros y antiguos oficios donde aprendió los secretos de la talabartería, de la lealtad y el culto a los amigos, semillas que repartió entre sus compañeros de clases.-

Cuando le preguntaban,de donde tanto patriotismo y por qué su espíritu de cubano luchador, decía con orgullo: “de mi padre lo aprendí”, razones suficientes por las que desde la primaria superior, se destacara como un bravo Maceo.

Luego en Artes y Oficios se interesó poderosamente por su preparación técnica para enfrentarse ante a su vida futura, destacándose en las materias teóricas y mucho más en los talleres, más, con poco esfuerzo podía superase más.

Rogelio Bolufé Lozano además de ser contemporáneos y criarse junto a Perico, como gustaba llamarle a él y los chiquillos de la barrida, dijo que acostumbraban a  armar 2 equipos de pelota manigüera y se disputaban la presencia de su amigo, en los alrededores del tejar Mercedes.

No en pocas ocasiones el cumpleaños de ambos se celebró en el Centro de Veteranos ubicado en Prado y San Carlos, pues la vida de aquellos varones había que alentarla a base de patriotismo pues ellos darían continuidad a la lucha por la liberación de la Cuba.  Allí escucharon hablar de luchas mambisas, y Perico desarrolló una graciosa forma de recitar poesías dedicadas a los paladines libertarios de las dos guerras mambisas y a caracterizar a Maceo en su protesta de Baraguá. Y fue tal su fibra patriótica que a sus 29 años salió Abelardo a eternizarla. Corría 1953 y en el amanecer de Santa Ana, se llevaba más atrás del pecho, en su pulmón izquierdo un trofeo del Moncada.

La última vez que vino a Cienfuegos, andaba buscando pistolas entre los amigos de su padre y algunos de infancia, sencillamente dijo que las necesitaba, pero de los planes del Moncada, nada dijo, recuerda Rogelio.

En aquel amanecer glorioso el cienfueguero Abelardo Crepo Arias viaja hacia el Moncada en el asiento delantero junto al líder de aquella generación del centenario. Durante el tiroteo cae mortalmente herido. Fidel y dos asaltantes lo arrastran hasta el auto donde emprenden retirada y Crespo Arias pierde parejo, su conocimiento y mucha, mucha sangre.

Su evidente captura es solo la antesala de su destino futuro, y a pesar de ser víctima de continuas torturas tendrá una singular recompensa. Si porque de nada valió su presencia hospitalaria, allí recibió más de un puñetazo y culatazo, inyecciones de agua perdió la cuenta y para colmo como era eminente su falta de aire, raspaban las paredes a ver si aquella cal penetraba sus inflamados pulmones.

En la mañana del 16 de octubre de aquel 1953 de gloria, Abelardo, encima de una camilla, fue juzgado en la sala de enfermeras del hospital Saturnino Lora junto al principal encartado de la causa 37. Sorpresa para ambos inesperada. Abelardo se convirtió así en el único asaltante que tuvo el privilegio de escuchar por vez primera, de forma íntegra, el histórico alegato de autodefensa que Fidel hizo, conocido como la Historia me absolverá.

Condenados a diez años de prisión, el cienfueguero Crespo Arias, es finalmente amnistiado junto a sus compañeros dos años después, en mayo de 1955,  y Crespo Arias, cienfueguero que participó en el Moncada, cumplió importantes misiones clandestinas en varias provincias de Cuba.  Consigo llevaba una bala calibre 22 alojada en el pulmón izquierdo como trofeo de su participación en los sucesos del Moncada, y así viajó al exterior a fundar entre la emigración células del Movimiento 26 de Julio, termina por recordarnos su amigo Rogelio.

Y si Abelardo Crespo Arias, cienfueguero nativo del barrio de Pueblo Griffo, tuvo la dicha de viajar al Moncada compartiendo asiento junto a Fidel y la primicia al ser condenados juntos, de escuchar el alegato de autodefensa que se convirtió en programa de lucha, pudo sobrevivir hasta 2007, con 83 años, para ver cómo aquel histórico manifiesto se hacía  realidad  en cada obra de la Revolución por ellos reiniciada. Junto a la reliquia de sus huesos se atesora la bala calibre 22 que tenía alojada en su pulmón izquierdo.

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El autor

Leisy Borges Borges

Periodista en la Cadena Provincial de Radio, en Cienfuegos.

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