Cronología de la epopeya: 6 de septiembre de 1957, epílogo y muerte

Cronología de la epopeya: 6 de septiembre de 1957, epílogo y muerteEl Parque Martí está rodeado por el Ejército batistiano. Ya la jefatura de Policía ha caído han asesinado en su cárcel a los prisioneros. Es viernes 6 se septiembre. Es la una de la madrugada. Desde el Colegio San Lorenzo un marino llama a Cayo Loco en busca de esperanza pero el Distrito Naval del Sur nuevamente está en manos del gobierno. El Capitán de navío Sopo Barreto les pide que se rindan, mientras asegura será respetada su vida.

Mientras, uno de sus compañeros sale al Parque con las manos es alto y es ametrallado. Continúan los combates hasta aproximadamente las dos y treinta de la mañana, cuando los soldados entran en el colegio, y concentran en la cancha de basket a los revolucionarios. Bajo el mando del sanguinario Capitán Caridad Fernández, todo se prepara para asesinarlos. Batista ha ordenado que los  fusilen y en el patio central de la escuela se cumple su orden sobre 19 marinos y su jefe el alférez Dimas Martínez con quien se ensaña. Al notar que estaba herido, lo decapitan a tiros.

Con las primeras luces de la mañana, son apresados, sin municiones después de haber combatido toda la noche, en la azotea del gobierno municipal Galo Tiel, Luis Pérez Lozano y Tomás Toledo Benítez. Son asesinados a mansalva.

A las 8 y 30 de la mañana de aquel viernes un camión es visto por la carretera del Junco, vía de acceso al cementerio. Eran civiles y marinos aún con sus botas puestas, cuyo destino sería una fosa común.

83 marinos fueron salvajamente golpeados en el aeropuerto durante su traslado a la capital. La historia revela intentos  por fusilarlos en Playa El Chivo, en el litoral habanero. Luego serían sometidos a consejo de guerra.

Con la complicidad de los cienfuegueros muchos salvaron sus vidas de la represión batistiana, entre ellos el jefe de la acción, Julio Camacho Aguilera, quien días más tarde pudiera escapar de la ciudad, gracias  a la colaboración  de la familia Curbelo. A su finca de La Aguadita, llegaron, el líder y otros cuatro compañeros y muy cerca allí, en un montículo rodeado de cañaverales fueron escondidos y alimentados durante 11 días por dos peones de la granja.

Paralelamente en el Castillo de La Chorrera, de La Habana, el alférez de fragata , es estrangulado por Laurent, el Jefe del Servicio de Inteligencia Militar, con sus propias manos, luego de soportar indescriptibles torturas. Había sido atrapado el propio día de la sublevación, en la cañonera 101.

Veinte años después, narraría Fidel lo que aconteció: “Más adelante, parece ser —porque nadie conoce con exactitud lo que ocurrió, y solo se sabe por algunos testimonios de otras personas que estaban en el barco—, que se produce dentro del barco una sublevación. El dijo que iba a hacer contacto con la fragata. Uno de los oficiales del barco dice que más adelante pregunta: si hay gasolina para asilarse en algún lugar. Pero parece ser que se produce una sublevación y lo arrestan”.

“Lo que se sabe después de eso, es que él forcejeó con los que lo habían arrestado, hasta incluso se lanzó al agua; después lo vuelven a capturar y lo encierran en un camarote del barco. Del Estado Mayor de la Marina comunicaron que venía un avión Catalina a recogerlo, lo recogieron y lo llevaron a La Habana”.

Su cadáver fue lanzado al mar dentro de un saco con lastre.

“Pero es lo cierto —por lo que se sabe—, que Dionisio San Román no denunció a uno solo de los compañeros del 26 de Julio con los que había tenido contactos.”, esclarecería Fidel Castro. “El mejor ejemplo es el caso del compañero Camacho. Algunos meses después, en noviembre de ese mismo año 1957, lo arrestan, lo llevan a los sótanos de la Quinta Estación de Policía, donde estaba el famosísimo Ventura, lo torturan atrozmente y trataron de saber si Camacho tenía algo que ver con el alzamiento de Cienfuegos, y no pudieron. No conocían una sola palabra de eso. Si San Román hubiese mencionado el nombre de Camacho y el papel de Camacho en ese levantamiento, Camacho habría sido irremediablemente asesinado por los esbirros de la tiranía.”

Igual suerte, botado al mar,  correría el Capitán Alejandro González Brito del Puerto de Cienfuegos, capturado en el hotel Roma de la calle de Santa Cruz.

Las últimas horas  fueron las más difíciles de reconstruir, pues fueron de epílogo y muerte. La represión no dejó una sola voz para contarlas.

“Ellos permanecieron combatiendo hasta horas de la madrugada, sitiados.”Expresaría Fidel  el cinco de septiembre de 1977: “Nadie sabe cómo fue el final, porque no quedó uno solo de los marinos, no sobrevivió ninguno. Pensamos que se le agotaría el parque, al final y los últimos combatientes, heridos y sin municiones, con seguridad fueron capturados y asesinados. Esa era una ley que no fallaba nunca en los esbirros de la tiranía, ¡siempre, siempre!, asesinaron a los prisioneros. Pero es el hecho de que no sobrevivió ni herido siquiera uno solo de los que combatieron en San Lorenzo hasta horas de la madrugada del 6 de septiembre”.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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