De cuando la bailarina rusa Ana Pavlova se presentó en el Teatro Luisa, de Cienfuegos

De cuando la bailarina rusa Ana Pavlova se presentó en el Teatro Luisa, de Cienfuegos

Las tablas del Teatro Luisa, de Cienfuegos, desde sus inicios fueron escenario de las más altas figuras de la cultura cubana, en singular competencia con el otro ateneo sureño, el Teatro Terry. Sobresale el hecho de que a Cienfuegos le cupo el honor de ser el único pueblo cubano donde bailó la rusa Anna Pavlova, una de las celebridades de la danza mundial a principios del siglo XX.

El acontecimiento tuvo lugar el lunes 22 de marzo de 1915 y las tablas pisadas aquí por la bailarina eslava, en lugar de las clásicas del Terry, fueron las de su reciente competencia, el teatro Luisa Martínez Casado.

La rusa acababa de cumplir 34 años y a juicio de quienes tuvieron el privilegio de su presencia debió parecerse a esas muñequitas rusas, al estilo de María Sharápova, Elena Dementieva, Anna Kournikova y compañía, que fulguran hoy en las canchas de tenis y/o las portadas de las revistas del corazón.

El teatro Payret había sido el escenario de sus triunfos habaneros cuando arribó a la Perla del Sur en el tren expreso de la tarde del mismo día señalado para el debut de su compañía, que iba a presentar una función única en el teatro de la estrella, como aludía la crónica teatral al nuevo coliseo de Prado y Santa Clara.

La hija de campesinos pobres de San Petersburgo había decidido proseguir sus presentaciones en aquel teatro a orillas del Parque Central el miércoles, en cuanto retornara del agraciado pueblo de campo que presumía de ser la segunda plaza cultural de la República.

Nadie había bailado aquí como ella. La frase le pertenece al cronista Díazde y apareció en la sección Arte y Artistas, del vespertino “El Comercio” el martes 23. La reseña apunta que la rusita “hizo un cisne sorprendente, en cuyo desplome el público no cesaba de batir palmas”.

El programa incluyó como piezas de lujo a La Muñeca Encantada y La Noche de Walpurgis, y en el acápite de diversiones figuraron La Danza de Primavera; el minuet El Cisne, de Paderewski, danzas holandesas, persas y poéticas; la Rapsodia húngara No. Dos de Liszt y la Bacanal de Otoño. Junto a la líder de la compañía brillaron además la Plokovietzka y el gran bailarín ruso Volinine.

La lluvia primaveral que descompuso la noche cienfueguera no pudo impedir el éxito de la función, evidencia ante la cual la empresa de la Pavlova y la de Puga y Sanz, propietarios del Luisa, decidieron repetirla al siguiente día con “El despertador de Flora” (baile mitológico) como principal atracción.

La divina intérprete de la muerte del cisne, coreografiado especialmente para ella por el maestro y también compatriota Michel Fokine, partió esa misma noche del 23 en el tren directo a la capital.

“Pavlova vivió en el umbral del cielo y de la tierra como intérprete de los caminos de Dios”, reconoció la bailarina moderna Ruth St. Denis, cuando una pleuresía se llevó a la rusa genial en la ciudad holandesa de La Haya, a pocos días de cumplir medio siglo de edad.

Tal vez con palabras revestidas de menos lírica lo mismo pudieron atestiguar quienes en Cienfuegos tuvieron el privilegio de verla levitar en aquella función única en el Teatro Luisa, de Cienfuegos.

 

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El autor

Sabdiel Batista Díaz

Licenciado en Periodismo, UCLV, 2007. Máster en Estudios Históricos y de Antropología Sociocultural Cubana, UCF, 2014. Blogguer, Community Manager, Diseñador web, Investigador en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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