¿Cuánto cuesta matar? ¿Y vivir?

¿Cuánto cuesta matar? ¿Y vivir?Esas dos preguntas solo pretenden analizar todo el dinero que se (mal) gasta en herramientas para matar y cuánto de ese dinero se usa para fomentar la vida.

El gran campeón en este sentido es el gobierno de los Estados Unidos, que anualmente gasta miles de millones de dólares en la industria militar y año tras año reduce los gastos en programas sociales, ayudas a discapacitados y en la educación.

Desde el final de la Guerra Fría el gasto de los americanos en la industria militara venía disminuyendo, hasta el año 1998 en que se dispara y comienza a subir en saltos cada vez más grandes. Desde ese año sube aproximadamente un 6 % anualmente. En el 2004 en todo el mundo se gastó casi 1 billón de dólares ($1 000 000 000 000) de los cuales el 47 por ciento ($455 300 millones) fue del gigante americano, según el Instituto Internacional para la Investigación de la Paz de Estocolmo (SIPRI).

Otro informa de este mismo centro de investigaciones consigna que solo un año después, en el 2005, las cosas fueron peores. Ese año los gastos militares ascendieron a 1 billón (millón de millones) 118 mil millones de dólares, es decir, el 2,5 % del PBI (producto bruto) mundial, o a 173 dólares por cada habitante del planeta. Esta vez se registró un incremento del 3,4 % con respecto al 2004.

El segundo lugar en la lista de gastos para matar lo tuvo el Reino Unido, con 47 400 millones de dólares, casi 10 veces menos que EE.UU. Se entiende en parte el enorme gasto por las guerras e invasiones que comenzó el Ejército americano desde Yugoslavia hasta hoy en que se encuentran empantanados en Irak.

El gasto militar en los países en desarrollo, como el sudeste Asiático, es pequeño en comparación con el gasto mundial, pero absorbe una parte del  presupuesto que se precisa para el desarrollo humano y el servicio social y se derrocha en armas y herramientas para matar.

Cuando se firmaron las Metas u Objetivos del Milenio se estipuló que los países involucrados debería destinar el .7 % de su Producto Interno Bruto al desarrollo y dentro de este se incluía la educación, la salud, otros programas sociales y principalmente la lucha contra la pobreza. Estas metas tenían fechas, aunque hoy no están muy lejanas en el tiempo sí lo están en su cumplimiento. Se pensaba que de esta forma se reduciría la pobreza a la mitad para el 2015, pero todos los países desarrollados han fracasado en esa lucha.

Una iniciativa no gubernamental internacional llamada “Realidad de la Ayuda”, que analiza esa “ayuda al desarrollo” que significaría el 0.7 %, estima que, para alcanzar las Metas del Milenio de reducir a la mitad la pobreza para 2015, bastaría que se  dedicara a mitigar ese flagelo el 25% del gasto anual en armamentos de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y el Japón, los cinco grandes derrochadores.

Uno de los proyectos donde más se proyecta gastar dinero en armamentos es la construcción del Sistema de Defensa de Misiles Balísticos. El costo total podría alcanzar 1,2 billones (millones de millones) de dólares. Muchos expertos creen ese enorme proyecto puede relanzar la carrera armamentística a planos iguales a los que tuvo durante la Guerra Fría. Con aproximadamente el 60 % de ese gasto se podría financiar completamente el Programa de Objetivos de Desarrollo del Milenio. 

En el Informe sobre el Desarme de la ONU se expresaba que “Se estima que para disponer de servicios sociales básicos para todo el planeta, son necesarios unos 40 mil millones de dólares al año, durante 10 años”, esto significa casi un tercio de lo erogado en 2005 y una cifra menor a lo que gastó Estados Unidos el pasado año (478.2 miles de millones).

Gastos en guerra y gastos en salud

Un bombardeo estratégico, como los de Yugoslavia, Afganistán o Irak, cuesta unos 80 millones de dólares y se usan para destruir vidas y desarrollo humano, sin embargo la OMS tuvo que dedicar 83 millones de dólares, en 10 años, para eliminar la viruela en el mundo. Otro programa análogo de la OMS para eliminar el paludismo no pudo ser financiado por no contar ese organismo de salud con los 450 millones de dólares necesarios para el mismo. Eso representa la mitad de lo que se gastaba diariamente en armamentos durante el año 2002 en el mundo.

Mientras se destinas tantos millones para destruir vidas inocentes 30 niños mueren cada minuto a causa de la desnutrición, el hambre y las enfermedades curables.

No solo se gasta dinero en producir armas, sino también en exportarlas. Según el SIPRI, las exportaciones de armamento se aceleraron en un 20,5% en 2005 para alcanzar los 53 mil millones de dólares.

Los Estados Unidos se ven desplazados en la exportación de armas por Rusia y juntos tienen una cuota del mercado cercana al 30%, seguidos por Francia, Alemana y Gran Bretaña, quienes exportan entre los tres el 20% de las armas que circulan en el mercado.

Los dos gigantes asiáticos, China e India, con sus 2400 millones de habitantes juntos, son los principales mercados de Rusia, mientras que los compradores de Estados Unidos son Grecia, Gran Bretaña, Egipto y su compañero de rapiña Israel.

Producir y exportar armas es un negocio redondo, donde todos, incluso los políticos tienen una tajada. Las 100 principales empresas fabricantes de armas se embolsan anualmente una cifra igual a lo que producen en bienes y servicios en un año los 61 países más pobres del mundo. Cuatro de las cinco empresas armamentísticas que encabezan esa lista son norteamericanas.

Al ritmo actual de gastos militares la Oficina del Presupuesto del Congreso (CBO) estima que los gastos de guerra americanos podrían llegar a 600 mil millones de dólares hacia 2010.

Muchos analistas plantean que la industria bélica proporciona dividendos a toda la sociedad y con ello se fomenta el desarrollo humano. Ello se basa en la filosofía de “fines duales”, o utilización de capital en investigaciones y producciones que sirven para uso militar y para uso civil. Pero ese supuesto uso civil está restringido a la clase dominante adinerada, que usa Humvees del Ejército de 100 mil dólares, tiene en su casa un sistema de seguridad militar de varios miles y tiene un Jet particular de la Lockheed Martin o de la Northrop Grumman.

En tanto los más pobres dependen de la mísera Ayuda al Desarrollo que regalan los países desarrollados de su capital. Aunque muchas veces esa ayuda solo llega a las naciones que tienen intereses comunes con los más ricos y se utiliza con fines políticos o militares y muy pocas veces para fomentar el desarrollo social.

En fin de cuentas, el mundo cada día gasta más dinero que instrumentos para matar que en soluciones para vivir. Hoy vivir cuesta mucho menos de lo que se invierte en matar.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

Notas relacionadas

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *