¡Cuatro de un tiro!

¡Cuatro de un tiro!Desde hace cincuenta días una pareja cienfueguera despierta al alba con el llanto de cuatro pequeños para hacer de cada jornada una sonrisa entre pañales, leche y otros antojos.Desde el pasillo se escuchan. Son Marcia, Marcel, Maura y Mauro que esta mañana decidieron hacerse notar, saben que algo pasa pues no es frecuente que tan temprano los despierten para vestirlos de rosado o verde y ponerles una cinta en la cabeza. Pero ellos no entienden de periodista y fotógrafa, solo reclaman la atención de sus padres, quienes a esa hora se debaten sobre a cuál atender primero.

Nacieron en la mañana del 26 de junio en el Hospital Ginecobstétrico Ramón González Coro, apenas un minuto de diferencia registró la hora del alumbrón de cada uno. El primer llanto fue el de Marcia, la que por sus poses ya parece la artista de la familia; después vendría Marcel, testarudo como el que más; luego apareció Maura, tan pequeñita que da temor rozarla; y por último salió Mauro, quien ni aún con la bulla de sus hermanos pierde un segundo de sueño.

Para los padres, Dalia Cayanga García y Omar Montero Olivera, estos pequeños son la felicidad misma. Luego de dos años de asistir a consultas de fertilidad, se hizo la dicha. Anteriores tratamientos tan dolorosos como el de la desobstrucción de las trompas quedaron en malos recuerdos cuando el bendito ultrasonido mostró las cuatro simientes. Cuenta el feliz papá que la decisión final fue de Dalia; los muchos riesgos de un embarazo de esa magnitud hicieron dudar en un principio, pero pudo más el deseo de multiplicar sus vidas.

Luego, los días de gestación también fueron difíciles, aunque pudieron ser peores. Solo las náuseas, un ingreso que se prolongó durante todo el periodo de ingravidez y la barriga enorme marcaron la diferencia. A las 28 semanas fue trasladada hasta el González Coro, donde gracias al tratamiento recibido en Cienfuegos y al empeño de los doctores de la capital, llegó a las 34, momento en que se decidió interrumpir el embarazo, pues Dalia comenzaba a tener altas cifras tensionales.

Según la doctora Nelia Acosta, subjefe del Servicio de Neonatología, los bebés pesaron 1 890 gramos, 1 520, 932 y 1 960, respectivamente. Desde un inicio todos recibieron cuidados especiales, pero la que más atención requirió fue Maura, quien hace pocos días ya alcanzó el peso óptimo y comparte la habitación con sus hermanos. Hoy los cuatro muestran buena salud, se alimentan bien y la evolución ha sido satisfactoria, agrega la doctora del hospital donde desde hace 20 años no se realizaba un parto de cuatrillizos.

Y a pesar de que estos son sus primeros hijos impresiona la destreza con que Dalia y Omar satisfacen los deseos de cada uno. Mientras Marcia necesita un poco de agua, Mauro urge un cambio de pañales, y Marcel y Maura esperan por la palmadita para dormir, las cuatro manos de los padres parecen ser suficientes y no cansarse.

De estos primeros días Dalia recuerda el momento cuando tocó vacunarlos y casi llora ante los desconsolados sollozos de sus bebés. En cambio Omar no olvida cuando vio por vez primera a Maura en aquellos días en que su cuerpecito se perdía entre pañales. Ahora solo alcanza a decir: “Imagínese, y yo sin poder ayudarla”. Pero enseguida recuerda con orgullo cuando Dalia no soportó más dejar de ver a la pequeña y se paró de la cama, aún con las secuelas del peligroso parto, para ir hasta la sala y acariciarla.

Estos felices y desgarradores momentos, el progreso de sus hijos, la compañía de la familia, el apoyo de los compañeros de trabajo, el desvelo de los médicos y enfermeras, tanto los de Cienfuegos como los de la capital, han marcado las vidas de Dalia y Omar.

Sin embargo, la sonrisa de cualquiera de los bebés olvida en ellos hasta la más elemental preocupación. Con cuatro niños y un montón de retos, la familia Olivera Cayanga tiene mucho que agradecer.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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