Cuba: Derechos humanos sin exclusiones ni demagogias

Cuba: Derechos humanos sin exclusiones ni demagogias

Como cada año, este 10 de diciembre vuelve a la palestra mundial los derechos humanos con el día dedicado al tema.

Para unos países es motivo para activar consignas demagógicas y para otros, nueva ocasión de ser víctimas de la guerra mundial contra la existencia de los humanos sin derecho, a los que pocos defienden.

Paradójicamente, uno de los países más celosos de cumplir con sus deberes en la temática figura a la vez entre los más sistemáticamente acusado de violar los derechos humanos.

Es el caso de Cuba, cuyo sistema político, económico y social difiere conceptualmente de la interpretación al respecto de la mayoría de las llamadas democracias representativas, disidencia que está en el pecado original por la cual algunos poderosos insisten en que el experimento caribeño desaparezca definitivamente.

Pero, por extraño que les parezca a sus enemigos, la Mayor de las Antillas figura en el escaso tercio de países del planeta que cumplieron con los Objetivos del Milenio, propuesto por la Organización de Naciones Unidas a finales del siglo pasado como una meta que resume básicas aspiraciones del ser humano a disfrutar de la vida en la madre tierra: salud, educación elemental, trabajo digno, higiene, agua potable, alimentación básica, piso cementado, etcétera.

Ciento veinte y ocho naciones, o dos tercios de las reconocidas por el organismo mundial a partir de 1945, no pudieron proclamar lo que logró uno de los países más pobres del Tercer Mundo, asediado constantemente por el imperio mediático mundial y condenado a morir por hambre y necesidades por un bloqueo que ya dura casi seis décadas.

Ah, en la Isla no conocemos de secretos para multiplicar los panes y los peces, pero la ventaja radica en la voluntad política de los gobernantes y en repartir con la mayor equidad posible los recursos humanos, materiales y culturales que el pueblo ha venido alcanzando con duras luchas y privaciones para levantarse entra las filas de los condenados de la tierra.

Cuba ocupa el lugar 51 entre 187 países en desarrollo humano, según índices de la propia organización mundial que decidió elaborar una metodología integral para medir el verdadero avance de nuestra especie, a nivel global, más allá de los espejismos de cifras que asombran por supuestos crecimientos económicos y consumo percápita, cortinas que ocultan el mal principal de nuestros tiempos: la inequidad y la injusticia social.

Es que sobre el tema de los derechos humanos hay demasiada hipocresía y desidia, extendida por el servicio que le hacen los especialistas dedicados a hacer creer mediante la publicidad y los medios masivos de desinformación, que el mundo está montado sobre las bases del desarrollo de la gran producción monopolizada y la llamada globalización de las comunicaciones, con pleno acceso de todos a decir, consumir y decidir los destinos de los hombres, mujeres y niños.

Gran engañifa, como las que preconizaban la generalización del estado de bienestar, la extinción de la clase obrera y de los pobres, el triunfo de los que perseveran (más allá de las posibilidades individuales reales y a veces casuales), la democracia total por el acceso al voto y a ser elegido (si figura en la lista de los elegidos, por pecunia o por partido) y el final de la lucha de clases con la desaparición del socialismo en una parte del viejo mundo.

A pesar de cambios positivos en los últimos años con la actual composición de la Comisión de Derechos Humanos que radica en Ginebra, aún no se logra liquidar la tendencia a la utilización de enfoques punitivos y tratamiento selectivo en la consideración de las diversas situaciones de derechos humanos. Lejos están aún de poner en el centro de su accionar en este tema, la cooperación y el diálogo respetuoso, que deberían guiar los trabajos de este órgano.

Cuando los que propiciaron este cambio lo hicieron pensaban que se impondría, a diferencia de su antecesora, el concepto de un medio para la cooperación internacional en materia de derechos humanos, sobre la base del diálogo constructivo y el respeto a los principios de universalidad, objetividad, imparcialidad y no selectividad.

La realidad, según la representante cubana en este alto órgano de Naciones Unidas, es que la defensa de estos principios no debe ser un mero compromiso verbal, sino una práctica cotidiana si se quiere realmente que el Consejo contribuya a promover avances en la promoción y protección de los derechos humanos a escala global.

Para dichas funciones, se necesita implantar el principio de la cooperación internacional entre países, la reivindicación del derecho a la solidaridad internacional. Esta es una tarea impostergable, en opinión de la especialista, si se quiere estar en mejores condiciones para enfrentar los graves desafíos que plantean las profundas crisis económica, financiera, energética, ambiental y alimentaria que afectan al planeta. Cuba —añadió— seguirá trabajando en la promoción de los derechos de los pueblos a la libre determinación, a la paz y al desarrollo, por la realización del derecho a la alimentación, por el establecimiento de un orden internacional democrático y equitativo, en el combate al racismo, la xenofobia y todas las formas de discriminación, por la realización de los derechos culturales y el respeto a la diversidad.

Defender los derechos humanos es también combatir y desterrar cualquier doctrina basada en la superioridad racial o cultural, al igual que toda acción que entrañe prejuicio, discriminación, estereotipos y perfiles raciales, la difamación de religiones, que van en contra de la dignidad humana, la igualdad y la justicia.

Más allá de consideraciones individuales, que están en la misma base del derecho de los seres humanos, su plena realización solo sería posible si desapareen las guerras de agresión, la intervención en los asuntos internos de los Estados, el derrocamiento por la fuerza de gobiernos soberanos, los denominados “golpes suaves” y la recolonización de territorios, perfeccionados ahora con formas de actuar no convencionales, con el empleo de nuevas tecnologías y esgrimiendo supuestas violaciones de los derechos humanos.

Mientras persista la dominación y ocupación extranjera, no tendrá sentido hablar del respeto de todos los derechos humanos. El derecho de los pueblos a la libre determinación es una condición previa para el disfrute de estos derechos.

Como han expresado y practicado sus máximas autoridades, Cuba ratifica su compromiso imperecedero con la promoción y respeto de todos los derechos humanos para todos.

El autor

CubAhora

Revista cubana exclusivamente digital que se inserta en el escenario mediático de Internet desde 1998 con el propósito de ampliar la presencia del país en espacios comunicativos virtuales.

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