¡Cumpleaños feliz!

¡Cumpleaños feliz!

¡Mamá, yo quiero una fiesta por mi cumpleaños! Y tras este inocente pedido comienza una serie de incontables preocupaciones.
Resulta que celebrar una fiesta de cumpleaños a un niño no es tan fácil como parece. Primero debes asegurar los comestibles que vas a brindar a los invitados: kake, pan con pasta, galletas, caramelos, ensalada fría, croquetas, refrescos, y otras tantas cosas que por el camino puedan aparecer.
Sí, digo “aparecer”, porque en estos últimos meses los ingredientes y alimentos tal parece que tienen vida propia o pasaron algún postgrado de magia, pues están y luego desaparecen cuando menos te lo esperas.
Durante quince días rece para que los huevos y la harina regresaran a nuestros mercados, porque un cumpleaños sin kake, no es un cumpleaños. Con el pan y los dulces la historia fue bastante parecida pero gracias a la ayuda de vecinos y familiares el primer paso pude vencerlo.

El segundo punto es confeccionar la lista de invitados. Porque aunque te propongas celebrar una fiesta sencilla, los compromisos son tantos que algo pequeño se convierte en una celebración de quince años. Sin olvidar que con el niño invitado quiere venir toda la familia.
¡Los regalos! Hace años atrás y creo que es lo más lógico la festejada recibía obsequios de padres, familiares y amigos; tanto así, que el cumpleañero era sentado en el medio de la cama rodeado de regalos. Ahora todo es diferente, para que sea un buen cumpleaños a cada niño invitado se le debe dar una bolsita con regalos “como recuerdo del día”.
Solo en este aspecto, sin contar la piñata, los adornos y las velas, lo padres gastamos el monto de casi un salario, pues en cualquier establecimiento, estatal o particular el precio de los juguetes puede provocar serios dolores de cabeza.
Elegir la música es otro aspecto a discutir. ¿Reggaeton o infantil? Al final, un collage de ambos. Los mismos niños piden el chequi- chequi, sin pijamas o Gente de zona.
Luego de los preparativos llega el gran día y con ello, una dosis extra de estrés. La festejada se levanta de mal humor, los invitados empiezan a llegar y tu aún pareces un espantapájaros toda desaliñada.
Mucha algarabía, niños llorando porque quieren los globos, otros ensuciando los muebles de la casa, tocando los adornos y ¿los padres? conversando entre sí y el mundo derrumbándose a su alrededor.
Cantas las felicidades, la cumpleañera parece estar más contenta y con la ayuda de los otros niños apaga la velita del kake con marcas de deditos que robaron merengue. Fotos, videos, baile.
La piñata, los más grandes cogen cosas, otros, gracias a la ayuda de los padres, unos lloran y los inocentes se entretienen recogiendo los conffetis.
La comida. Todos se acomodan por donde pueden. Están los que quieren repetir, los que te piden otra cajita para llevársela a la abuelita enferma, los que dicen que nada les gustó y los que se van sin despedirse.
Y es que un cumpleaños es tan difícil, que prometes que no volverás a celebrar otro, hasta que llega tu hija y con su rostro inocente te dice: ¡Mamá, yo quiero una fiesta por mi cumpleaños!

Si te gustó, esperamos tus comentarios en Facebook y tus RT en Twitter

El autor

Mariam Cueto Groero

Licenciada en Periodismo. Periodista en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

Notas relacionadas

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *