El don de la imagen… calidad

El don de la imagen… calidad

Una edificación que combina historia y belleza se alza como vigilante de la bahía sureña.  Es el Palacio de Valle, ubicado en la zona de Punta Gorda, construcción emblemática de la ciudad de Cienfuegos.

En sus inicios el catalán Celestino Cases pretendía erigir una casa quinta con arquetipos de la arquitectura hispano-morisca. Sin embargo, con su muerte la propiedad pasa a manos del asturiano Acisclo del Valle, quien encargó un chalet, donde se mezclaron variedad de estilos: gótico, románico, barroco y mudéjar.

Así, varios artistas colaboraron en su creación, el tallista español Antonio Barcenas hizo la puerta de salida al jardín; el cienfueguero Frank Palacios fundó en bronce la baranda de la escalera principal, los escudos, adornos del frente y todos los herrajes. El pintor cienfueguero Miguel Lamoglia decoró imitando madera tallada el despacho del dueño de la casa y pintó en cristales las bellas alegorías de la escalera de mármol de carrara.

Para el año 1919 la mansión exhibía acabados en yeso, madera, mármol y trabajos con mosaicos.  En la sociedad de aquella época corrió como pólvora la noticia de que en la Colonia Fernadina de Jagua existía semejante casona.

Cuentan que hacia la década del 50 existió un proyecto para convertirlo en un casino, destinado al ocio de la alta sociedad, pero tras el triunfo de la Revolución Cubana y hasta estos días, cumple funciones culturales y turísticas.

A pesar del tiempo y los más de 100 años que carga en sus paredes, el Palacio de Valle preserva sus valores arquitectónicos por lo que constituye un atractivo para el visitante. En la actualidad forma parte del complejo Jagua by Meliá y ofrece a sus visitantes cultura y tradiciones propias de una ciudad que celebra su bicentenario.

Los pasos por el edificio develan narraciones de antaño que enamoran a los transeúntes. La primera planta está formada por un hall, con ventanas ojivales y cristales de colores: sala de recibo, el área de música y juegos, estilo francés, un pequeño salón de costura con pisos de cerámicas y un fastuoso comedor.

En el segundo piso, se diseñaron ocho dormitorios, dos de estilo veneciano y cuatro baños, el principal en mármol de carrara y vitrolite. Presenta varias terrazas, desde donde se componen a la vista del viajero imágenes únicas de la metrópoli.

Calidad y deseos de hacer

Tres torres de influencias diversas invitan al recorrido por el Palacio de Valle, una de ellas, evoca motivos del Taj Mahal y simboliza el amor.

Con el objetivo de brindar una atención esmerada, el colectivo de esta joya del eclecticismo doméstico en Cuba, labora de forma constante. Entre el primer y segundo piso, un total de 19 trabajadores, velan por la calidad en los servicios.

Orlando Jiménez Díaz, manager community del complejo hotelero, explica que entre los principales atractivos de este destino turístico destaca la permanencia de tradiciones culinarias propias del centro sur de Cuba y de una ciudad marinera.

“El palacio propone servicios de bar y restaurant, cada platillo o trago lleva la esencia de los cienfuegueros. En la cocina el fuerte de la casa es la langosta, aunque preparan platos tan cubanos como “la jaiba con harina”, “caldosa”, productos muy simples que regalan sabores indescriptibles.

“En cuanto a la coctelería, trabajamos buscando la singularidad del lugar, que los tragos no se parezcan a otros, que el cliente se vaya satisfecho luego de disfrutar de una puesta de sol en la terraza y con la degustación de una bebida que lleva la esencia de los sureños”.

Yulianela Montero Morejón, capitana de salón, cuenta que el trabajo se realiza en función de los intereses del cliente. “Siempre tratamos de conocer sobre el tipo de usuario que llegará a nuestra instalación para diseñar una atención más personalizada.

“Tenemos dos tipos de servicios: a la carta y en grupo. Cuando llegan, hacemos una especie de bienvenida y disfrutan del recorrido por la construcción. Cada uno de nosotros está preparado para contar sobre las raíces del chalet, desde los inicios de su construcción hasta estos días, conocemos de cada detalle porque este sitio lo sentimos como propio”.

“Además, la instalación se ameniza con música en los espacios de bar y restaurant. Cantautores locales interpretan música tradicional cubana y canciones nacidas en Cienfuegos. Entregan en tonadas una parte de la idiosincrasia de estas tierras y quienes nos visitan agradecen estas iniciativas.”

Según  Liliana Guerra Pérez, subdirectora comercial del Hotel Jagua, las visitas vienen atraídas por las historias de la edificación. “De forma diaria, recibimos dos o tres grupos de más de veinte personas, que contratan la comida o la cena.”

“Las opciones se tramitan por el departamento de reserva, desde ese instante, todas las acciones están encaminadas a garantizar el confort de los visitantes. También recibimos muchos turistas que llegan a Cienfuegos y no se marchan sin pasar a conocer las particularidades del edificio porque escuchan o leen sobre los valores que aquí se resguardan”

Para Montero Morejón, la calidad va de la mano con los deseos de hacer, “se trata de que los trabajadores se sientan motivados y que realicen con amor sus funciones. Así, el cliente siempre nos preferirá”.

Es una suerte de eslogan que manejan los trabajadores del turismo cienfueguero: calidad y deseos de hacer.

 

Un nuevo rostro

El tiempo desgasta. El mar corroe las construcciones. Pero las esencias permanecen intactas. Por ello, el Palacio de Valle atraviesa la etapa final de una reparación capital.

Desde el año 2018 jóvenes restauradores de la Oficina del Conservador de la Ciudad se implicaron en una faena que ha exigido preparación y profesionalidad para mantener los valores de una de las gemas de la cultura y la arquitectura de la Perla del Sur.

Frank Abel Leiva Lorenzo, explica que la remodelación es un proyecto llevado a cabo por la Inmobiliaria de Cienfuegos para optimizar los destinos turísticos y devolver el esplendor a sitios representativos como esta construcción.

“La restauración se encarga de cambiar techos, carpintería, yesería, herrería, que con el salitre y el paso de fenómenos naturales se han ido deteriorando. Es un trabajo que lleva esfuerzo y dedicación porque significa restablecer elementos dañados pero siempre con respeto a la arquitectura y el estilo del lugar”.

“Se sustituyó el sistema eléctrico y las tuberías sanitarias que eran muy antiguas. El trabajo con los vitrales, el más atrasado en el proceso, lo ejecutan artesanos de la capital del país. Para ello cuentan con materiales de primera y resulta esta fase la más complicada porque exige mayor nivel de detalle por su complejidad”.

“También rehabilitamos la pintura, se ha hecho difícil encontrar los colores exactos que distinguen cada área pero lo hemos logrado, la intención es renovar la edificación sin perder sus orígenes”.

Los ajetreos del proceso constructivo no impiden la esmerada atención al público y el buen servicio tanto a nacionales como a extranjeros. En cada espacio del edificio, quienes aquí laboran ejercen su función sin obstaculizar las tareas de los artistas pertenecientes a los grupos Caguayo y Atreus.

Las alternativas están a la mano. Durante el tiempo de restauración se trasladan los servicios de una locación del chalet hacia otra, que cumpla con los requisitos; regale bienestar al cliente y muestre horizontes atractivos.

Jiménez Díaz, apunta que devolver la suntuosidad a la edificación es un regalo para la ciudad en sus 200 años de fundada.

Junto a los aires del mar, imponente y elegante, continuará el Palacio de Valle combinando historia, cultura y tradición, con servicios de excelencia para configurarse como destino obligatorio de quienes prefieran conocer el rostro insigne de una urbe marinera.

Si te gustó, esperamos tus comentarios en Facebook y tus RT en Twitter

 

El autor

Yanelis Pereira García

Licenciada en Periodismo. Periodista del Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

Notas relacionadas

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *