Educación: un antes y un después de la Revolución

Educación: un antes y un después de la RevoluciónCuando Lina Peñalver, profesora de historia, geografía y cultura política, de 84 años de edad, evoca sus recuerdos como educadora, enmarca su vida en un antes y un después del triunfo de la Revolución Cubana.

Los largos 60 años de trabajo en diferentes enseñanzas aún le reservan lágrimas en los ojos cuando rememora a su alumna Normita, una niña de un caserío de Guanabo que, descalza por las calles, vendía pescado en las mañanas para luego asistir a la escuela.

“Antes de 1959 el sistema educacional era muy diferente, sobre todo en las zonas rurales, donde se tenían hasta 70 alumnos de diversas edades sentados en latas de galletas porque no había pupitres, en un aula que podía ser un garaje o cualquier otro local sin condiciones”, señala Lina.

En esa época, ella era maestra sustituta y formaba parte de los nueve mil profesionales cubanos desempleados, que debían presentarse en las juntas de educación y esperar por una vacante, en ocasiones, de apenas un día de duración.

Profesora actualmente del Instituto Politécnico de Informática Fernando Aguado y Rico, de La Habana, asegura que a sus alumnos les resulta difícil asimilar la realidad de la época del capitalismo en Cuba, “donde los niños de los campesinos se comían la tierra y la cal de las paredes y tenían la barriga llena de lombrices.”

“Por esas razones converso mucho con los estudiantes, leo sobre política nacional e internacional y veo diariamente las mesas redondas, para luego debatir con los jóvenes las problemáticas del mundo actual, desde el diálogo y la participación abierta”, añade la octogenaria educadora.

Para Lina, el triunfo de la Revolución significó un cambio radical porque sabía que el proceso entrañaba ideales de justicia social a los que debía responder con su presencia en cualquier tarea convocada.

Con ese convencimiento, participó en la campaña de alfabetización en el valle del Yumurí, provincia de Matanzas, y fue además maestra en Angola, desde 1979 hasta 1981, donde enseñaba a leer y escribir a los pobladores durante el día e impartía clases de política a los internacionalistas.

“Enseñaré en las aulas mientras no me falle la mente, porque el magisterio es mi vida”, asegura Lina, quien luego de jubilarse se reincorporó, hace 15 años, al Ministerio de Educación y ya cuenta 10 en la enseñanza politécnica.

Para ella, las nuevas generaciones de maestros necesitan del apoyo de los más experimentados, porque “la mayoría de los profesores jóvenes tienen las mismas inquietudes de los estudiantes, a las que no pueden dar respuesta, y allí es donde se amplía nuestra labor formadora.”

“Debemos ayudar a los más nuevos, despertarles el amor hacia la carrera sin presiones pero con exigencia, para que sepan el papel primordial que juegan en la educación y dignificar también el nombre del maestro en esta sociedad”, concluye Lina.

 

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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