El Capitalismo no da de comer al mundo

El Capitalismo no da de comer al mundoEl incremento de los precios de los alimentos, cercano a niveles récord de 2008, arrastró a 44 millones de personas en países en desarrollo bajo el umbral de pobreza, según un informe publicado esta semana por el Banco Mundial.

Las noticias originadas en todos los hemisferios dejan abismado hasta el más flemático de los lectores; en Túnez el hambre provoca motines, en Egipto millones de personas, en especial jóvenes sufren el desempleo y la escasez de alimentos… y hasta en , donde la hambruna por tan cotidiana pasa a las páginas interiores de los principales diarios del mundo (en algunos se obvia hasta la próxima catástrofe natural), reapareció en medio de la destrucción del terremoto de un año atrás y lamentablemente ahora asociada a otra epidemia: el cólera.

La enfermedad ahuyenta a los agricultores del noroeste del país de cultivos como el arroz, ante el temor del contagio, según advirtió la FAO. Por otro lado, muchos no quieren adquirir productos cultivados en zonas afectadas. Eso empeora la situación en el país más empobrecido del hemisferio occidental, aunque no sólo de pobres es el asunto, ni es la tendencia al alza de los precios acontecimiento de última hora.

Recordemos que en abril de 2008, por ejemplo, el costo del arroz aumentó un 50 por ciento en dos semanas. Como consecuencia, las rebeliones se sucedieron en Burkina Faso, Camerún, Indonesia, Costa de Marfil, Senegal, Mozambique, Mauritania, Egipto, donde aproximadamente el 40 por ciento de la población sobrevive con menos de dos dólares por día.

El director general de la FAO, Sr, Jacques Diouf, ha definido las causas:“ cambios climáticos, aumento de los costos de los insumos agrícolas, el uso de los granos, particularmente el maíz con biocombustible, la especulación financiera en las bolsas donde se definen precios de futuras cosechas”.

No es la desnutrición un efecto de la fatalidad o de eventos geográficos. Son sí el resultado de la exclusión de millones de personas del acceso a la tierra, agua, semillas, conocimientos, tecnología.

Son consecuencia de las políticas impuestas por gobiernos y países desarrollados, por trasnacionales y sus aliados en los países del Sur en afanes hegemónicos gracias a los cuales aumenta su lucro; es el efecto de la concentración del mercado agrícola mundial en pocas manos. Y eso no sucedió ayer, insisto.

Una ojeada estadística al  mundo desarrollado revela que existen en el alrededor de 40 grandes empresas transnacionales (algunas muy conocidas) que controlan el mercado agrícola: Nestlé, Sygenta, Bayer, Coca-Cola, Psicola, Kellog, Philip Morris, American Tobbaco, Dupont, etc, etc, etc, acaparan semillas, herbicidas, fertilizantes. (Datos de Secretaría Nacional del MST)

A partir de los 80 y bajo el “credo” neoliberal de que el estado se aleje de las políticas agrícolas, en todo el orbe se redujeron las inversiones de fondos públicos en investigación agrícola, la que centralizaron empresas privadas.

Todo lo cual equivale en  palabras de ex presidente estadounidense, Henry Kisinger –allá por los setenta- a la perfecta fórmula de dominación: “Controla el petróleo y controlarás a los países. Controla los alimentos y controlarás la gente.” Los acontecimientos de las últimas décadas muestran su seguimiento al pie de la letra.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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