El Chiqui chá de mi güiro suena en Cienfuegos

El Chiqui chá de mi güiro suena en Cienfuegos

Desde la infancia Davied Espinosa Cuellar guarda un grato recuerdo de sus ratos frente al televisor, mientras absorbía el sabroso ritmo cubano de la agrupación “Buena Vista Social Club”.

Tenía 12 años cuando su abuelo le enseñó a tocar el güiro, ese ejemplar instrumento de percusión básica que no puede faltar en las agrupaciones. Los güiros están hechos de calabazo seco, le susurraba el abuelo en el oído, pero él cogía una botella plástica de agua y la raspaba con un viejo cepillo de diente.

Chiqui chá, chiqui chá, chiqui chá esa es la clave, dale, más rápido, más lento, Chiqui chá, chiqui chá, chiqui chá, decía el abuelo.

Davied lo intentaba con sus manos de adolescente, pero aún no le salía el inolvidable chiqui chá, chiqui chá. El radio resultaba un fiel acompañante que me regalaba sus melodías cada tarde de domingo, mientras yo ensaya mis improvisaciones hasta el último compás. Yoni, el perro intentaba hacer los coros, y la gata acostumbrada subía al techo y desde allá me miraba. Así pasaron muchos domingos, el radio dejó de funcionar y pasó al salón de la fama. Mi abuelo ahora está más pequeño y ya no le sale tanto el chiqui chá, chiqui chá, chiqui chá.

Los impulsos artísticos quedaron intactos en el joven Davied quien desarrolló sus aspiraciones aún mayores al llegar a la Universidad de Cienfuegos (UCF). La música cubana, los bailes, cada minuto fue divertido en los festivales de aficionados a la cultura. A parte del estudio en Contabilidad, no cejó en su preparación de forma autodidactica sobre la Percusión Menor. Las claves, las maracas, el bongó, el güiro fueron habilidades que perfeccioné en esta época, hasta que un grupo de amigos y yo decidimos compartir nuestros estilos y experimentar la alegría de una aventura musical.

Con el tiempo el pequeño grupo, que lleva por título Cauce, tuvo la necesidad de escribir sus propias canciones, la persona escogida fue Davied. En la UCF hice contacto con escritores y ellos me orientaron en la composición de mis primeras letras. Era una alta responsabilidad, yo solo intentaba componer palabras sanas.

Fueron momentos de documentación, de noches inmerso en la lectura de textos clásicos, universales y por supuesto nacionales. Autores como Mark Twain, Hemingway ocuparon mis ratos libres, para luego trasladar esos códigos a lo cubano, y combinar lo artístico con lo popular, intentar ese equilibrio es bien difícil.

Dos, tres, cuatro veces le dedicó sus horas de sueño al estudio de nuestros trovadores, sus letras, composiciones y textos publicados. Así le coloqué a cada una de las canciones mi propia imaginación hasta conformar un cancionero de 10 temas, inspirado en el amor, la cubanía, el bohío, el campo, la ciudad y las despedidas, pues el mundo me ha robado a casi todos mis amigos.

Se están llevando el barrio que me vio crecer

Con un poco de polvo en los pies

El viejo palomar donde te esperé

El carboncillo negro, tu nombre en la pared

Se están llevando el barrio. (Fragmento de canción “Los años”)

En estudios improvisados he grabado alrededor de 6 canciones, pero lo daría todo por hacerlo en los Estudios Eusebio Delfín de esta provincia. Me costó mucho trabajo grabarlos de forma independiente porque no encuentras las mejores condiciones, aunque es la única forma de materializar tantas horas de escritura. Se puede decir que ya tenemos una maqueta, más pienso que la filial de la AHS en Cienfuegos pudiera ayudarme en mi tentativa de formarme y luego establecerme como compositor. Me gustaría intentarlo una y otra vez, y publicar algún día mis propios textos.

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El autor

Claudia Martínez Bueno

Licenciada en Periodismo. Periodista y Editora Web en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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