El vuelo de Las Distelfinken en Cienfuegos

El vuelo de Las Distelfinken en CienfuegosLas distelfinken son aves multicolores que sobrevuelan en solitario los cantones suizos. Cada un mes se reúnen con sus semejantes en ignota ceremonia, quizás para adorar olvidadas deidades de la Naturaleza, dríades y sílfides que exigen como tributo la alabanza alegre de las bondades elementales, con que el bosque y el viento sostienen sus aladas vidas.

Este suave culto a las arcanas fuerzas, quienes bailan incorpóreas desde las prístinas eras de la Tierra, regando entonces sobre el suelo aún hirviente las primeras simientes, sobrevive olvidos, acurrucadas en lo profundo de los picos de las distelfinken, ocultas entre el dulcimer, el clarinete en do, la guitarra, la flauta, el darabuka, la pandera, las flautas dulces, las caxixi y el violín, tañidos y pulsados por nuevas herederas de las sonoridades paganas que placen al Oberón shakespereano: Die Distelfinken, siete instrumentistas suizas que, al igual que las aves, se reúnen vez por mes hace unos tres años, para ejecutar melodías de la antigüedad folklórica de la patria del mítico Wilhelm Tell, y el humanitario Henri Dunant y de naciones europeas aledañas como Francia y Alemania, con pinceladas sonoras orientales y latinoamericanas (por la incorporación del tamborín darabuka, de sino arábigo y las sonoras caxixi, del Brasil).

Invitadas por la UNEAC a una transoceánica gira por cuatro urbes cubanas: Ciudad de La Habana, Cienfuegos, Camagüey y Las Tunas, las repertoristas inundaron el escenario del Teatro Tomás Terry, el 14 de octubre, con los arpegios traviesos de sus sencillos instrumentos, óptimas agujetas para tejer delicadas filigranas melódicas, duraderas por un eterno segundo, antes de unirse a los fluídos sutiles de la matriz aérea.

A través de las arcanas notas se corporeizaron, sólo para vistas entrenadas, que saben percibir lo importante con el corazón, los agrestes desfiladeros y altas mesetas de Suiza; los insondables bosques donde sólo los druídas pueden entrar para cortar el dorado muérdago con la hoz áurea, para adorar al roble, el fresno y el haya; los festivos ritos colectivos de fertilidad sobre el mullido suelo recién removido por el arado, atesorador de la semilla, futura mies al Sol; los cabellos de doncellas púberes, danzando despreocupadas al borde del estanque cercano a su aldehuela, coronadas todas como princesas de la foresta.

Todas estas estampas, cuya visualidad explícita podría acusar el cortesano y rozagante kitsch pictórico de un Watteau, conservan intacta su belleza esencial, arquetípica, trascendido todo intento fútil de atraparla en lienzo o papel. La música interpretada por Die Distelfinken es pura como el llanto de un bebé, pues es el eco de las más tempranas edades del espíritu humano, trasuntando humanidad en estado puro, por muchos confundida con ingenuidad, e incluso irracionalidad, pero que complace realmente a los espíritus montaraces que viven gracias al vuelo de las distelfinken multicolores, que vez por mes le tributan su vuelo conjunto, que vez por mes entonan loores instrumentales, gráciles como el aire que besa los sonidos.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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