Encender neuronas en la capital ante crisis global

El cambio de luminarias también posibilita un ahorro considerable de energíaUnos ubican su origen en el estallido de la burbuja inmobiliaria en el vecino del Norte. Otros, en el desmedido consumismo. Como el mismísimo calentamiento global, la crisis  económica se cierne hoy planetariamente y nadie escapa.

Comparada con la sufrida por el sistema capitalista en los años 30, la actual debacle económica se extiende con una dimensión y profundidad impredecibles al punto que, cálculos conservadores, la señalan culpable de la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo.

En sus inicios, algunos optimistas pregonaron la posibilidad de que el fenómeno se limitaría al aparato financiero, y así países y hasta regiones, podrían librarse del impacto global.

Hoy, dicha tesis linda entre utopía y quimera. Especialistas y acontecimientos concluyen que no existe blindaje alguno para evitar las andanadas de la crisis.

Cuba no es excepción. Y con fines de proteger su economía y mitigar lesiones en el cuerpo social, está obligada a eliminar fisuras existentes entre consumo y producción, así como aplicar estrategias que permitan ahorrar más de lo invertido.

Ciclones y caídas de precios en varios de sus principales productos exportables, unidos a otros demonios encabezados por medio siglo de bloqueo económico, exigen restricciones en el consumo, el control estricto, y medidas que frenen el derroche energético.

Aires acondicionados encendidos innecesariamente, neveras y luminarias “en piloto automático”, incumplimiento de los planes asignados o simple desconocimiento de estos, figuran entre las inadmisibles negligencias cometidas por casi un centenar de entidades de producción y servicios capitalinas, sancionadas con el retiro del servicio eléctrico.

La capital cubana recibe el 25 por ciento de la energía eléctrica generada en la nación y el sector estatal figura como principal consumidor.

Ahorro, eficiencia en el consumo y la vigilancia constante, serán decisivos para eludir afectaciones a la población.

Pero inspecciones y desvelos no deben verse solo como tareas de la Empresa Eléctrica y los Consejos Energéticos, sino como responsabilidad social que cierre filas junto a la estrategia y voluntad estatales dirigidas a causar el menor impacto posible en los hogares.

En estos momentos, el 38,5 por ciento de la población de América Latina ostenta el triste estandarte de la pobreza, número que se humaniza en 205 millones de personas, de ellas, 53 millones ahora mismo tienen hambre, y el 16 por ciento sufre crónicamente de desnutrición.

Aunque por encima de crisis y bloqueo en Cuba nadie quedará desamparado, se hace pertinente apretar un tanto el cinturón y enfrentar colectivamente la indisciplina y el derroche. Encender las neuronas para no tener que apagar la luz.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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