Encuentro de la Crítica Teatral en Cienfuegos: recuento de ausencias alarmantes

Encuentro de la Crítica Teatral en Cienfuegos: recuento de ausencias alarmantes El Sexto Encuentro Taller con la Crítica Teatral, organizado por la UNEAC y el Consejo Provincial de las Artes Escénicas en Cienfuegos, se realizó recientemente en la ciudad con el, sin dudas, noble objetivo de oxigenar las dinámicas creativas locales, desde una confrontación directa entre críticos y artistas, entre deber ser y hacer, teoría y praxis, entre Capital y Área Verde, si me remonto al arraigado criterio habanocentrista.

Tal cotejo en cuestión, siempre conseguirá transgredir, en buena hora, las bardas segregacionistas del provincianismo, que por subjetivas, no son menos recias; sincronizados, conjugados y enriquecidos en lo posible los prismas perceptuales de ambas áreas gnoseológicas, siempre desde el respeto a la legitimidad.

Los invitados de esta vez sin dudas plantaron bandera en un diezmado panorama teatral, alarmantemente divergente del contexto que acogió el primer encuentro, hace poco más de un lustro, pletórico entonces de proyectos en plena efervescencia creacional, con sólidas y contrastantes propuestas a manos de agrupaciones prestigiadas como Teatro de La Fortaleza, el Grupo de Títeres Retablo, Teatro de Los Elementos, My Clown, Compañía de Danza Oxígeno, desplazadas grácilmente además a lo largo del espectro etario. Podían distinguirse claramente las diversas áreas avanzadas y morosas del panorama escénico local, con un positivo saldo final dentro del macrocontexto del teatro cubano contemporáneo.

A seis años de la edición piloto del Encuentro…, los retablos y escenarios cienfuegueros delatan una alarmante merma cuantitativa y cualitativa, empezando por la escandalosa ausencia del conjunto Retablo en su constitución primigenia, alcanzada ya la plena y megalómanamente  brillante madurez técnico-estética de puestas impresionantes por la complejidad relojera exhibida en los títeres, las ingeniosas soluciones escénicas, respaldado todo por sólidas interpretaciones. No obstante, la presencia del actor, dramaturgo, narrador y atrezzista Christian Medina, el último y para nada deficiente sobreviviente de la génesis, ahora al mando de la nave escorada, promete, con el montaje aún en proceso de El hijo del viento, basado en su obra escritural homónima, un posible e imprescindible renacer de las cenizas.

El colorido y la frescura que con sus espectáculos circenses, mímicos y de narración oral escénica aportaba el también significativo grupo My Clown a las tablas de Cienfuegos, delató una ausencia demasiado presente, sin esperanzas de resurrección ni al tercer, cuarto o quinto día de sepultado. Otra de las grandes lagunas del evento corrió a cargo del proyecto Oxígeno, que bajo la dirección del actor, coreógrafo y bailarín Luis Manuel de Armas y la bailarina argentina Déborah Yurkovich, sorprendió también en las primeras ediciones con inquietantes mixturas coreográfico-dramatúrgicas, intituladas Jardines que se bifurcan, Emuná y Ósmosis, que consiguieron por primera vez en eones, para el Cienfuegos saturado de redundantes y tímidos folclorismos, un real topónimo discernible en el angosto mapa danzario de la Isla, en sincronía sorprendente con las corrientes más avant gardé de la manifestación a escala global. Toda una real transfusión de postmodernidad en estado puro (valga el contrasentido) en venas polvorientas que parece agotada.

Aunque sigue disfrutando de franquicia, pasó esta vez de presentar siquiera procesos de montaje Teatro de La Fortaleza, cuyas obras X, Tigre, Woyzcek, La alegría de los peces y La tentación, han sentado sólidas credenciales en detrimento de los consabidos prejuicios siempre despertados por una propuesta estigmatizada con el sambenito de “comunitaria”, integrado casi completamente por actores “no profesionales”. El cumanayagüense Teatro de Los Elementos, también ampliamente acreditado por un inmediato pasado legendario, coronado por piezas como Emigrante, Una Casa en la Frontera, Las Monjitas y muchas más, apenas alcanzó a presentar su tímido proyecto alternativo de títeres, con la obra El gallo electrónico, versión demasiado flagrante de Los dos ruiseñores de Andersen, sin distingos especiales en su ejecutoria.

Prácticamente el único grupo que mantiene un hacendoso ritmo de trabajo, traducido en resultados palpables (dígase estrenos) es Velas Teatro, a pesar del calor infernal reinante en su incompleta Sala A cuestas, diseñada para una climatización pendiente. Su más reciente obra montada, Shakespeare en confesión, puesta en escena cienfueguera de un guión del dramaturgo Ricardo Muñoz, también cienfueguero para alimento de nuestro íntimo chauvinismo, demarca el inmediato extremo de un proceso aún bullente de consolidación artística del proyecto, con halagüeñas señales de madurez conceptual.

A la retaguardia quedó el Centro Dramático de Cienfuegos, decano del teatro en la ciudad, cuyo pasado glorioso lanza nostálgicas reprimenda y alerta sobre el tímido presente, que discurre de proceso de trabajo (Chamaco) en proceso de trabajo (Carnicería) sin avizorar prontos estrenos en el horizonte.

Otras agrupaciones ni siquiera se presentaron esta vez en la liza polémica, dígase los grupos Cañabrava y Guiñol de Cienfuegos, bifurcaciones del primado Guiñol, envuelto en la nostalgia de quienes fuimos niños en los 1980. Por desgracia, ya frisando los treinta años, aún percibimos en cartelera casi las mismas propuestas, complementadas con escasos estrenos y tímidas reconfiguraciones de pasados éxitos.

Preocupante se presenta a mi percepción el fresco escénico que ofrece Cienfuegos, más que a los críticos de presencia casual, a los habituales públicos, necesitados consciente e inconscientemente, de paladear variadas propuestas auténticas, contundentes y maduras, que para eso hay potencial.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

Notas relacionadas

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *