¿Es obligatorio escuchar?

¿Es obligatorio escuchar?

Javier salió del trabajo con mal humor. Había tenido lo que llaman un “día complicado”. Entre la rutina productiva, los problemas laborales y los rumores de pasillo pensaba que su cabeza iba a estallar.

Caminó apurado, hasta una cafetería, donde preparaban el café como le gusta; con un punto medio entre amargo y dulce. Bebió el líquido negro y su cuerpo y su mente se fueron relajando.

Luego se dispuso a disfrutar de un cigarro. Para que el rito fuera efectivo y mejorar su día, decidió sentarse en uno de los bancos del parque.

Entonces llegó un joven que ocupó un puesto a escasos metros de su posición. Apenas unos segundos y el muchacho prendió la música en una bocina que llevaba consigo.

Javier no supo descifrar si aquella música estrepitosa era trap, reguetón o algún otro ritmo de letras cero. “Ya no se puede descansar en el parque”, pensó, y enrumbó los pasos hasta su casa.

Antes de llegar atravesó varias cuadras y en más de un esquina volvió a encontrarse con esos artefactos ruidosos, que obligan a los transeúntes a oír cualquier música escandalosa.

Y es que se ha convertido en una tendencia por estos días, en su mayoría adolescentes o jóvenes desandan las calles con una bocina encendida, irrespetando espacios públicos donde personas como Javier prefieren descansar.

Están en las esquinas, en el parque, en las paradas de guagua, en el boulevard, en las playas, en el malecón. Lugares diseñados para el intercambio y la convivencia ciudadana y que hoy están plagados con “la moda” de llevar los ritmos a cuestas.

Peor, que las sinfonías que inundan las calles se alejen de la verdadera música, esa que toca el alma y que rellena el espíritu. Por lo general, son temas que incitan a la violencia, denigran a la mujer y carecen de valores humanos.

Sería oportuno apelar a la conciencia de los personajes dicharacheros que cargan a sus espaldas con música molesta. Sería oportuno que miren a su entorno; donde confluyen personas con días buenos, regulares o malos, que no están obligadas a escuchar.

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El autor

Yanelis Pereira García

Licenciada en Periodismo. Periodista del Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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