Exposición Demo: revisitando el neo impresionismo desde Cienfuegos

Exposición Demo: revisitando el neo impresionismo desde Cienfuegos Cuando el deleite sensorial ante las fantasmagorías, iridiscencias y reverberaciones de la luz, tergiversadora de toda lógica formal, fue aceptado y promovido por los pintores impresionistas, el carácter exotérico de la Plástica se diluyó entre el hervidero de credos artísticos, apelativos a la mutabilidad de la realidad, al derecho a modificarla e interpretarla desde rediles diversos hasta extremos babélicos.

El formalismo concreto, documental, cedió el protagonismo a la disolución subjetiva de contornos, perspectivas, proporciones y rasgos respetuosos de la anatomía, la biología, la arquitectura.

La luz caprichosa y el énfasis arbitrario de expresiones, intensiones, conceptos y actitudes, alteraron jerarquías: exaltando medios, minimizando fines, promulgando libertades únicamente presentidas en praderas psíquicas. El color, encarnación de la esencia lumínica amorfa, la cual, con sus infinitas tonalidades demuestra cuán relativa es la percepción “objetiva”, estructura su propia lógica formal, desde la reconnotación constante de toda entidad sometida a su influjo.

Dicha libertad, brindada por tal relativización de códigos preestablecidos, desde la promiscua cópula entre luz y color, es piedra angular en la obra de José Ernesto Saborido Martín (Cienfuegos 1975), artista fascinado (a casi dos siglos de Monet, Seurat, Matisse y Deráin) por la disolución de toda lógica entre fulguraciones luminosas, desgarrado el haz en siete infinitudes cromáticas, una vez tamizado a través del prisma cosmovisivo del creador.

En Demo, su nueva muestra personal inaugurada recientemente en la Galería Boulevard, Saborido retorna a la intención paisajística predominante en su quehacer general (luego del flirteo con la figuración antropomorfa que asumió en parte de su anterior exposición Macro). El creador asume esta tendencia como libre explayamiento del espacio/conciencia, reacio a consolidar formas de un discernimiento rígido, impositor de razón sobre sensorialidad.

La perfilación en varias de las telas de formas y estructuras de cierta artificialidad urbanística, mecánica, en perenne pero nunca definitiva disolución/fusión con el espacio luminoso abstracto, bien de celeste referente marino, bien de crepusculares esplendores citadinos, acusa lo efímero de todo obrar humano, condenado al eterno retorno a la matriz indiferenciada. Reflejada está en estos cuadros la belleza residente en la decadencia y descomposición de los objetos, revelados tales procesos no como degradaciones inevitables de la belleza racionalista, sino como permutaciones de lo trascendental, indestructible y siempre mutable.

En un sentido menos metafísico, percibidas las piezas desde la representación más figurativa, el velo nostálgico que recubre estas ciudades y puertos presentidos, bien imprime un singular sello de pretendida “cienfuegueridad”, en su constante alusión a lo marino y lo marinero, a la urbe abocada a la orilla salobre, sin pecar de explicitaciones pintoresquistas que confundan tema con esencia, limitado el obrar de Saborido a la recreación chata.

Demo podría ser, a primera ojeada, el refrendamiento de una estética, de un discurso, la confirmación de un sendero escogido, donde sólo queda seguir transitando, en continuo perfeccionamiento y enriquecimiento técnico-conceptual, desde la exploración de significantes susceptibles de integración al corpus plenamente perfilado. Saborido realiza un ejercicio de flexibilización de su estética en varias de las obras, redundante en cierto extrañamiento metatextual, suerte de fragmentación de la realidad expuesta o invasión autoreferencial, con la inserción de una o varias piezas (más bien fragmentos de estas) en otra mayor, irrupción repentina y casi violenta, discordante por el empleo de límites claramente definidos, a la vez que opresores, coercitivos de la propia libertad propugnada en sus propuestas.

Estas telas y cartulinas en específico delatan nuevas connotaciones que amenazan con la reversión de presupuestos, desde la autoagresión que implica tal (re)negación. Saborido se aboca, tal vez instintiva, quizás conscientemente, a una restructuración de su cosmovisión, de su filosofía creativa, a la par que presume en los formatos grandes de un más pleno dominio del color.

Los experimentos formales (en ciernes) con el ícono Rueda en la serie Ruleta Rusa, y todo su atajo de significados, y la mayor solidez de las columnatas fundamentales y luminosas de la serie Play Station, enuncian en menor medida estos tanteos, integrándose a la propuesta como variaciones y estudios preliminares, posibles heraldos de la revolución personal más explicitada en las otras obras mencionadas.

Tales perspectivas dotan de nuevos sentidos al título Demo, argot discográfico para una grabación previa a la placa definitiva y definitoria de una agrupación. Para Saborido, puede ser presagio significativo de un determinante giro sobre sí mismo, relativizado todo discurso que amenace rigidez, deslumbradas las convenciones ante tanta luz.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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