Hospital Pediátrico “Paquito González Cueto”: presencia, voz y amor

Hospital Pediátrico “Paquito González Cueto”: presencia, voz y amor

“Aquí estamos”, dice convencida la doctora Annelis Martínez, especialista en Pediatría, y en esas dos palabras resume, sin saberlo, el sentir de todo el colectivo del Hospital Pediátrico Universitario Paquito González Cueto, de la provincia de Cienfuegos, ante la pandemia de la COVID-19.

Cada jornada pasan por sus manos niños con enfermedades diarreicas, infecciones de partes blandas, convulsiones o síndrome febril, entre otras causas comunes, y a todos trata con el mismo cariño e interés.

Su juventud es la salvaguarda durante los turnos de 24 horas en los que atiende un promedio de 40 pacientes en el cuerpo de guardia, porque es justamente la medicina de urgencias lo que más le gusta hacer.

Las características del modo de infestación del SARS-CoV-2 obligaron a la dirección del hospital a dedicar un espacio para quienes lleguen con alguna infección respiratoria aguda, y a la entrada de este lugar nos recibe el doctor Héctor Vicente Ponce Terry, el especialista a cargo, quien se desempeña junto a dos residentes y dos enfermeras.

Con la mayor suavidad posible nos impide la entrada al lugar, debido a las necesarias medidas de bioseguridad, pero accede a explicar cuánto se hace por quienes llegan con síntomas de infección respiratoria aguda.

“Todos son evaluados, se les realiza radiografía y el test rápido, en dependencia de los resultados, quedan en el hospital o son enviados a la casa con una contra referencia, explicando el tratamiento a seguir por el Área de salud, para que se encarguen de observarlos mediante el ingreso domiciliario, añade.

El doctor Ponce Terry subraya que a veces los niños son traídos de manera espontánea por sus familiares y otras, los envían desde las Áreas de salud, como es el caso de la pequeña Lorena Estéfani Álvarez Correa, quien se acerca a la salida en brazos de su mamá, Darianna Correa Soriano.

La niña tiene otitis y aquí le hicieron una placa y la prueba de la COVID, la vio un otorrino y le pusieron tratamiento, dice Darianna, quien ahora regresa al hogar en un transporte costeado por salud.

Desde la zona de restricción, la residente de pediatría Nyana Harrison, nos observa enfundada en su traje verde, con sobrebata, botas y gafas, atuendo muy necesario, pues según apunta: “Es importante el cuidado personal para evitar contagios”.

“Las medidas del hospital son muy buenas y tenemos todas las condiciones”, subraya la graduada de la Escuela Latinoamericana de Medicina, quien procede de la isla de Belice.

Separado por varios pisos, el Servicio de Enfermedades Respiratorias tiene un equipo liderado por la doctora Mercedes Fonseca, especialista de II grado en Pediatría.

La sala tiene 36 camas y ahora hay ingresados cuatro bebés, dos de ellos de seis meses, expresa la doctora Fonseca, quien comenta que las patologías predominantes son el catarro común y la faringoamigdalitis, dos enfermedades propiamente virales.

“Este niño estuvo ingresado por una bronquiolitis y ahora regresó con un catarro común, y como a todos los que llegan a esta sala, se le hizo el PCR, y aunque el resultado fue negativo, sigue internado por su cuadro respiratorio y fiebre, con una evolución satisfactoria, sin falta de aire”, explica señalando a Marlon, de seis meses.

En otro cubículo se encuentra Renzo, también de seis meses, quien llegó con un catarro, pero debió permanecer en el centro por presentar factores de riesgo.

Se mantiene clínicamente bien, y estamos esperando por el resultado de su PCR* y por el de Jancarlos, otro lactante con igual afección, expresa. Luego supimos que resultó negativa su prueba.

Con cinco años, Nátali es la “más vieja” de los pequeños pacientes, y aunque se negó a hablar con los periodistas, asintió cuando le preguntamos si quería a sus médicos.

“Todos son muy cariñosos y me la han protegido mucho”, dice la abuela, Odalys Moncada. También están satisfechas por el trato recibido Liannet, Lisandra e Iris, madres de los tres bebés.

Mucho tienen que ver en esos resultados Isel Gázquez, residente de primer año, quien considera especiales a los niños; y el interno Michel Mardín González, el cual desea ayudar a todas las personas que pueda, mientras la licenciada Yasleydy Avilés Castro, jefa del Servicio de enfermería Respiratorio B, subraya que no importa el sacrificio con tal de ver felices a los infantes.

Así quedan, enfocados en su quehacer, despojados de toda solemnidad, como si no supieran la hazaña que por estos días difíciles escriben, brindando confianza a las familias pues siempre estarán ahí, para todos.

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