India Guanaroca: la primera mujer y la más hermosa escultura

India Guanaroca: la primera mujer y la más hermosa escultura

Se yergue esbelta, hermosa, audaz. Al fondo, el mar. A sus pies, las aguas que representan su nacimiento. Es la escultura de la India Guanaroca, símbolo de las tradiciones ancestrales de esta región.

La fuente Guanaroca fue diseñada por la reconocida escultora cubana Rita Longa  junto al Arq. Irán Millán,  en la que recrean la leyenda aborigen relacionada con la primera pareja  y el surgimiento de la especie humana.

Está ubicada en la zona de Punta Gorda  en su extremo sur, en calle 37 y avenida 0, en el entorno del Palacio de Valle, el Hotel Jagua, y el restaurante Covadonga. Fue realizada en láminas de latón-bronce y tubos de bronce. Tiene una  altura  de  5,30 metros, y el estanque 15 metros de diámetro. Fue inaugurada el 10 de julio de 1988 y contó con la presencia de su autora.

La obra civil comprende el tanque con la direccionalidad del torrente de los cuatro ríos que saldrían desde la güira que cuenta la leyenda, en la parte superior de la escultura, junto con toda la iluminación que exige ser rescatada, actualmente, y la vegetación propia de la zona.

Durante la inauguración la noche del 10 de julio de 1988, se develó también la pintura mural que Frank Iraola aportó para uno de los laterales del Restaurant “Covadonga”.

En el trabajo de conjunto entre Rita Longa en el arquitecto Irán Millán se insistió siempre en que la escultura debía ser transparente, ligera, vertical para que lograra el cierre de la perspectiva, al tiempo que recreaba este importante fragmento del patrimonio intangible local.

Reparación de la obra escultórica

Esta zona del litoral perlosureño, sede de la escultura a la India Guanaroca, fue rehabilitada durante este año por la ECOA 37 del MICONS. La obra formó parte del programa de inversiones de la Dirección de Servicios Comunales en el municipio de Cienfuegos.

En la región el grado de socavación era muy alto, al punto de que el agua penetraba hasta el vial, deteriorando los muros y aceras, con peligro incluso de derrumbe. Por esta área pasa una ruta de ómnibus urbanos, es un espacio turístico y además existen viviendas cuyas rutas de acceso estaban en peligro.

La obra escultórica es una construcción de más de cinco décadas, nunca antes se había efectuado un mantenimiento, por eso se deterioró profundamente. La reparación consistió en colocar muros de contención cuatro metros hacia el mar y rellenar con rajoncillo y hormigón.

Para concluir se rehabilitaron y pintaron los bancos, muros y aceras, ampliando así el área para el esparcimiento y la pesca, actividad que caracteriza a los pobladores del centro sur de Cuba.

Qué dice la leyenda?

Según la leyenda siboney, la laguna de Guanaroca es la verdadera representación de la luna en la tierra.

En los tiempos más remotos, Huion, el sol, abandonaba periódicamente la caverna donde se guarecía para elevarse en el cielo y alumbrar a Ocon, la tierra, prodiga y feraz, pero huérfana todavía del humano ser. Huion tuvo un deseo: crear al hombre, para que hubiera quien le admirara y adorase, esperando todos los días su salida, y viese en él al poderoso señor del calor, la luz y la vida.

Al mágico conjuro de Huion, surgió Hamao, el primer hombre. Ya tenía el astro rey quien lo adorara, lo saludara todas las mañanas con respetuosa alegría desde los alegres valles y altas montañas. Esto le bastaba a Huion y no se preocupó más de Hamao, a quien el gran amor que por su creador sentía, no bastaba a llenarle el corazón. Veíase solo, en medio de una naturaleza espléndida, dotada de una vegetación exuberante, poblada de seres que se juntaban para amarse.

En medio de la universal manifestación de vida y amor, sentía Hamao languidecer su espíritu y le afligía la inutilidad de su vida solitaria. La sensible y dulce Maroya, la luna, compadecióse de Hamao, y para dulcificar su existencia, dióle una compañera, creando a Guanaroca, o sea, la primera mujer. Grande fue la alegría del primer hombre. Al fin tenía un ser con quien compartir goces y penas, alegrías y tristezas, diversiones y trabajos. Los dos se amaron, con frenesí, con inacabable pasión, sin saber todavía lo que era el hastío. De su unión nació Imao, el primer hijo. Guanaroca, madre al fin, puso en el hijo todo su cariño, y el padre, celoso, creyéndose preterido, concibió la criminal idea de arrebatárselo.

Una noche, aprovechando el sueño de Guanaroca, cogió Hamao al tierno infante y se lo llevó al monte. El calor excesivo y la falta de alimento, produjeron la muerte de la débil criatura. Entonces el padre, para ocultar su delito, tomó un gran güiro, hizo en él un agujero y metió dentro el frío cuerpo del infante, colgando después el güiro de la rama de un árbol.

Notando Guanaroca, al despertar, la ausencia del esposo y del hijo, salió presurosa en su busca. Vagó ansiosa por el bosque, llamando en vano a los seres queridos, y ya, rendida por el cansancio, iba a caer al suelo, cuando el grito estridente de un pájaro negro, probablemente el judío, hízole levantar la cabeza, fijándose entonces en el güiro que colgaba en la rama del próximo árbol.

Sea por la innata curiosidad que ya se manifestaba en la primera mujer, o por un extraño presentimiento, Guanaroca sintióse compelida a subir al árbol y coger el güiro. Observó que estaba perforado y con espanto creyó ver en su interior el cadáver del hijo adorado. Fue tan grande el dolor y tan intensa la emoción, que se sintió desfallecer y el güiro se escapó de sus manos, cayendo al suelo; al romperse vio con estupor que del güiro salían peces, tortugas de distinto tamaño y gran cantidad de líquido, desparramándose todo colina abajo.

Acaeció entonces el mayor portento que Guanaroca viera: los peces formaron los ríos que bañan el territorio de Jagua, la mayor de las tortugas se convirtió en la península de Majagua y las demás, por orden de tamaño, los otros cayos. Las lágrimas ardientes y salobres de la madre infeliz, que lloraba sin consuelo la muerte del hijo amado, formaron la laguna y laberinto que lleva su nombre: Guanaroca. (Tomado del Libro: “Tradiciones y leyendas de Cienfuegos”, de Adrián del Valle, 1919.)

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El autor

Sabdiel Batista Díaz

Licenciado en Periodismo, UCLV, 2007. Máster en Estudios Históricos y de Antropología Sociocultural Cubana, UCF, 2014. Blogguer, Community Manager, Diseñador web, Investigador en el Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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