Iraq: Todo quedó casi igual

Iraq: Todo quedó casi igualLos caminos de Washington en Iraq se manifiestan de manera inescrutable. Así , la  nueva administración estadounidense, que prometió sacar las tropas invasoras de la añeja Mesopotamia en tiempo  récord, luego alargó los plazos

y ahora ensaya movimientos y maniobras que, lejos de apuntar a una salida definitiva de aquellos candentes territorios, parecen más bien un recogimiento y no precisamente por motivos religiosos.

En efecto, “los pecadores” han empezado a moverse hacia sus bases militares y puestos de control alrededor de las principales ciudades iraquíes para dejar espacio a unos 750 mil efectivos locales, que con ocho mil 500 vehículos de combate entregados por los ocupantes, deben intentar poner coto a todo signo de resistencia interna.

Desde luego, para las autoridades impuestas por las tropas extranjeras ese “repliegue” huele a gloria, y en consecuencia se ha intentado festejar como la más sonada de las fechas patrias.

Pero lo cierto, explican analistas, es que no hay retirada en los términos más claros y ortodoxos. Los militares norteamericanos posiblemente no estarán en las esquinas, en los barrios, en los aeropuertos y en los centros comerciales, pero radicarán en una red de establecimientos castrenses que comprenden 157 bases y 700 puestos de observación.

En pocas palabras, se trataría de la más rancia “presencia ausente”, con la real posibilidad de salir a las calles y golpear con toda rudeza  cuando al alto mando se le antoje.

Por demás, las fuentes destacan que la retirada se ha producido esencialmente desde las ciudades a zonas del interior, en la pretensión de no exponer por más tiempo a los invasores a posibles ataques de la resistencia, que ya le han costado unos cinco mil muertos y heridos.

El primero de mayo del lejano 2003 el payaso George W. Bush, disfrazado de piloto de guerra, proclamó desde un bien resguardado portaviones que “la misión en Iraq había sido cumplida”.

Desde luego, hay otras cuentas mucho más terribles en esta historia cuyo final, con toda objetividad, muy pocos logran visualizar a estas alturas.

Se trata del más de millón y medio de iraquíes asesinados por las tropas foráneas a lo largo de estos años de agresión, y de los cientos de miles vejados y torturados en las cárceles de los ocupantes, amén de los destrozos económicos, las graves secuelas sociales y el saqueo de la milenaria historia mesopotámica por  los modernos bárbaros llegados desde la potencia norteña.

De manera que en el fondo todo ha quedado casi igual en el escenario iraquí, y  no existe siquiera la certeza de que las promesas oficiales norteamericanas lleguen a feliz término, con más razón cuando parece que desde la Casa Blanca ciertas decisiones no pasan de la formalidad y el ejercicio retórico.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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