Israel quiebra aparente calma

Según las órdenes de Isarael, para construir un asentamiento judío, a veces es necesario destruir uno palestinoParece que se está convirtiendo en costumbre: cuando se malcría a los chicuelos, después, algo más grandes en edad y vigor, no hay quien les meta en cintura.

¡Si lo sabrán en Washington por estos días!

Primero, los golpistas de Honduras negados a admitir la “sabia solución” de Hillary Clinton, tramitada por el Nobel “experto en mediaciones” Oscar Arias.

Y ahora, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu,  declarando a voz en cuello que seguirá la construcción de asentamientos judíos en territorio palestino por encima de la cabeza de quien se oponga, sea árabe o Presidente de los norteamericanos.

En efecto, el titular sionista rompió una aparente calma entre su gobierno y la Casa Blanca, cuando hace muy poco proclamó que “los israelíes tienen derecho a vivir y negociar en todas partes de Jerusalén”, la disputada ciudad donde los palestinos aspiran a establecer la capital de un futuro estado nacional.

La querella cobró vigor recientemente cuando un multimillonario norteamericano de origen judío planeó urbanizar un área en la zona oriental de la ciudad ocupada militarmente desde 1967, y voceros palestinos estimaron el paso como una violación al derecho internacional.

A ello se une el hecho de que, con la vuelta de Netanyahu al gobierno, Tel Aviv emitió no menos de mil 600 órdenes para la demolición de inmuebles en la parte árabe, al tiempo que impulsa el surgimiento de asentamientos judíos, lo cual está provocando nuevos desplazamientos forzosos de familias palestinas hacia campos de refugiados.

La tesis sionista no admite variables: en Jerusalén no hay limitantes para los israelíes.

La propia prensa judía advierte que esa política contraviene los deseos de Washington, que ha optado por intentar frenar los excesos en la zona, y negociar con los palestinos moderados para lograr acuerdos dirigidos a disminuir el clima de violencia, reprimir a los grupos árabes armados, y asegurar las fronteras de su aliado predilecto en el Medio Oriente.

Solo que, es evidente, los halcones sionistas quieren mucho más, porque se sienten chicos históricamente consentidos  por su gran y poderoso socio, y por tanto no temen en halarle la casaca y hacer lo que les venga en ganas en lo estimado como “su propio espacio”.

Al fin y al cabo, se dirán Netanyahu y sus seguidores, por mucho que se tense la cuerda, nunca la Casa Blanca adoptará la decisión de abandonar a uno de sus “muchachos predilectos.”

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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