José Martí padre: Embates en alas de ángel

José Martí padre: Embates en alas de ángelSentado sobre su mesa el padre escribía versos y añoraba. Con la nostalgia como musa, los recuerdos de su caballero; del príncipe enano de guedejas rubias y ojos de estrella, rimaban en un oropel de metáforas, imágenes y símbolos.

{xtypo_quote_right}  “Hijo, en tu busca
Cruzo los mares:
Las olas buenas
A ti me traen”
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Las letras parecían calmar el alma sedienta de hondos afectos, sustituían el beso para despertar todas las mañanas y la ebriedad de gozo profesada por el reyecillo.

La paternidad resultó para José Julián Martí Pérez la bendición reparadora del agitado destino. Conocer al Héroe, al Maestro, al Apóstol revela la figura mística homenajeada cada 28 de enero, sin embargo ir más allá de esta esencia significa conocer al padre, un hombre sensible capaz de vibrar al beso del hijo.

Refugio, cárcel placentera donde se escondía el secreto de la felicidad de su vida, José Francisco Martí Zayas Bazán significó para Martí la grandeza del amor.

En su ausencia trataba de borrar la nostalgia, entonces dibujaba con palabras, cómplices sagradas de sus pensamientos…“Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos han pasado por mi corazón. ¡Lleguen al tuyo!”

El pequeño, concebido por sus padres desde el amor significó para aquellos tórtolos de solo 25 años, el hijo deseado y amado desde la semilla, quien les arrancaba alegrías por la vivacidad de su espíritu y travesuras infantiles, momentos siempre mediatizados por la distancia a causa de los compromisos revolucionarios.

Ismaelillo, constituyó el legado más profundo de las confesiones paternas de José Martí. El cuaderno de poemas atestigua los más profundos sentimientos de quien aún tenía “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud”, en su “jinetuelo” que tantas veces “puesto a horcajadas” sobre su pecho, forjando bridas con sus cabellos, lo espoleaba suavemente con “…sus pies pequeños…”, dos pies que para aquel siempre cabían “¡En un solo beso¡”.

Aquellos versos de matices rítmicos, de adjetivación libre y cargados de simbolismo significaron el tránsito al modernismo, una renovación de la lírica iberoamericana. Sobre ellos el propio autor refirió:

“Yo no vendo ese libro: es cosa del alma. Pero me da gozo pensar que puedo hacer con él un pequeño beneficio. Ni lo hago por fama, pero pensando en mi hijo, se me llena el alma de jazmines; y sé es un haz de ellos.”

Pos mortem, su “diablillo con alas de ángel” reciprocó el sacrificio paterno e hizo de su vida la perfección de esa metáfora.

El adorado caballero, solo tenía dieciséis años al morir Martí y escapó de la custodia de su madre,  partió en una expedición hacia Cuba incorporándose como soldado a la guerra. Bajo las órdenes de Calixto García llegó a obtener el grado de general.

Para la historia quedarían las nostalgias del que hoy consideramos el más universal de los cubanos y es que tras los epítetos, los honores y los logros existe un ser humano que no vivió ajeno a los embates de la cotidianidad, del amor y el desamor.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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