La amenaza ya está ahí

La amenaza ya está ahíYa no es un proyecto ni un plan con posibilidades de análisis y hasta de cambio. Las nuevas bases militares norteamericanas en Colombia, siete en total, capaces de cercar a Venezuela y Ecuador, y poner en peligro la integridad de otras naciones de la región, constituyen un acuerdo oficial entre la oligarquía guerrerista de Bogotá y los círculos no menos belicosos y ultraderechistas de Washington.

De esa manera agresiva y amenazante, responde la política exterior del imperio norteamericano a las propuestas de una “nueva relación” en el hemisferio, y a la solicitud del presidente Barack Obama a sus vecinos geográficos de olvidar el pasado y mirar hacia el futuro.

Y es que se confirma en toda su extensión aquel axioma el cual asegura que, en la hasta ahora primera potencia del orbe, el poder real no está precisamente en la Oficina Oval.

Las nuevas bases militares en territorio colombiano no son un aporte a la lucha contra el narcotráfico ni al enfrentamiento al terrorismo, según rezan sus defensores.

Con toda certeza serán ejes para la extensión del comercio de estupefacientes y el despliegue de acciones violentas y brutales contra los movimientos y gobiernos populares latinoamericanos, cuyo ensayo general tuvo lugar el pasado 28 de junio en Honduras.

En la Bogotá oficial se conoce muy bien que desde las instalaciones castrenses gringas ya aposentadas en Colombia, y en aviones de los ocupantes extranjeros, han sido despachados más de una vez cargamentos de drogas hacia el exterior.

Sonado fue el caso del mercenario y traficante norteamericano de la DynCorp, Michael Demmons, muerto en agosto del 2000 de una sobredosis en la base militar de Tres Esquinas, donde presuntamente se ocupaba de combatir a los narcos.

Como se sabe también que desde esas instalaciones se planifican operaciones encubiertas en la zona, que van desde  la identificación y el control sobre áreas de riquezas naturales apetecidas por las transnacionales norteamericanas, hasta el seguimiento y acoso de las organizaciones guerrilleras locales y la fabricación de un clima tenso y explosivo con relación a los estados fronterizos.

Los estudiosos aseguran que en los círculos de poder de Washington prevalece hoy hacia nuestra región la política  del titulado Smart Power, el “poder inteligente o hábil”, que combina pragmáticamente, al estilo esencialmente yanqui, todos los recursos de presión externa, desde la diplomacia hasta la guerra, herramientas que se ponen en juego a tono con la problemática que debe ser enfrentada, modificada o, sencillamente, borrada.

De manera que al parecer estamos de cara a unos “nuevos tiempos” que no demuestran ser muy diferentes a los anteriores. En todo caso, lo único que exhiben son contados retoques externos, porque el núcleo, el pivote, no ha cambiado.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

Notas relacionadas

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *