La CIA de nuevo al banquillo

La CIA de nuevo al banquilloLa Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos es un fardo pesado. Sobre todo cuando ciertas administraciones norteamericanas intentan cambiar las apariencias y hacer olvidar la tradicional fachada de intervencionismo y agresividad del imperio, no importa si en la realidad las tendencias claves de esas políticas se mantienen.

Hace poco se supo, por ejemplo, la existencia de un proyecto encaminado a hacer entrar en acción a comandos y grupos especiales para matar a jefes terroristas en diferentes puntos del orbe.Ni León Panetta, el nuevo jefe de la CIA, sabía de esas decisiones, ni mucho menos los congresistas que habitualmente abordan los temas de inteligencia. El ex vicepresidente Dick Cheney había ordenado enterrar los términos del asunto, de manera que fuese materia para unos pocos.

Desde luego, las protestas sobre el dislate entre determinados líderes políticos no deben haber surgido del hecho de establecer grupos de matones, sino sencillamente de que se hizo a sus espaldas y se desconoció su posible visto bueno.

Vale recordar que la CIA es experta, desde hace muchos decenios, en cazar oponentes sin mayores miramientos.

Otro desatino que toca a la Agencia es el tema de la aplicación de torturas a los llamados “combatientes enemigos” apresados durante la cruzada antiterrista de George W. Bush.

Se habla de que la CIA controlaba buena parte de los interrogatorios e instruyó, manual mediante, a su personal involucrado en el asunto para aplicar tormentos que contribuyeran al logro de información sensible.

Ahora se mencionan instrucciones detalladas de como semi asfixiar a los reclusos,  herirlos con determinados instrumentos, amenazarlos con venganzas contra sus familiares, enloquecerlos en materia de identificación de ruidos, o del día y la noche, y todo ello debidamente controlado por pretendidos médicos encargados de señalar los límites para no causar la muerte del preso.

Y en todo esto, vuelve la figura de Cheney a salir a flote.

Al fin y al cabo, a su autoría y aprobación se deben muchas de estas brutales prácticas, como también la célebre frase de que apretarles las tuercas a los prisioneros “salvó muchas vidas de estadounidenses luego del 11 de septiembre de 2001.”

Lo que habrá que ver ahora es hasta donde Washington está dispuesto a levantar la tapa de la olla para que salten los grillos y canten en plena calle.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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