La historia de Lázaro(a)

La historia de Lázaro(a)

Lazarito creció con la culpa de ser diferente. Desde sus primeros años de interacción social en la escuela y con el resto de los niños se sentía un poco “raro”.

La palabra “diferente” resonaba en sus oídos una y otra vez, hasta que se adaptó a escucharla y la asumió como una verdad absoluta.

Lazarito tenía dos pies, dos manos, dos ojos, igual que todos los demás. Pero aunque nunca lo dijo le atraían los juegos femeninos y no aquellos que según su papá tenían que jugar los “machos”.

Aunque le gustaba el color rosa, su mamá no le permitía vestirse con ese tono. “Es azul el color de los niños varones masculinos”, le repetía siempre.

Entonces, así creció Lazarito con la definición clara de las normas que debían cumplir los hombres, pero en ellas no encontraba la esencia de su vida; creció con un nudo en la garganta y con la etiqueta de “raro”.

Ya de grande lo supo; entendió el concepto de “distinto”. Experimentó formas de vida alejadas de lo convencional y de lo que la sociedad define como correcto. Se encontró a si mismo, desató su personalidad oculta y reprimida por el qué dirán, por las miradas acusadoras de sus padres… y al fin, no se siente raro, sino feliz de ser como es.

Lazarito quedó en el pasado. Hoy viste el color rosa, usa prendas femeninas y se nombra Lazara. Vive como puede, ya los vistazos no le molestan en la piel, ni en su mente, ni en su alma.

Labora en una peluquería particular y es buena en lo que hace. Sus clientes prefieren sus manos y su delicadeza. Ella se siente realizada por comprender que nunca existió tal diferencia; que todo no era blanco o negro, que también existe un arcoíris de posibilidades.

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El autor

Yanelis Pereira García

Licenciada en Periodismo. Periodista del Telecentro Perlavisión, en Cienfuegos.

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