La Invasión: acción necesaria de los mambises

La Invasión: acción necesaria de los mambisesLa invasión mambisa a la parte occidental de Cuba en la primera guerra independentista contra el colonialismo español se entendió como un suceso necesario, casi desde el inicio del conflicto bélico el 10 de octubre de 1868, por Carlos Manuel de Céspedes.

Desarrollar la insurrección solo en la región oriental era condenarla al desgaste y concentraría sobre ella fuertes fuerzas enemigas, por lo cual siempre fue imperativo llevar la contienda hasta el occidente, emporio económico de Cuba, con La Habana como su centro político y comercial.

Cuando despuntaba como genio militar en el campo mambí Máximo Gómez, en 1871, propuso tempranamente al gobierno de la República en Armas el plan de invasión e Ignacio Agramonte, en Camagüey, también tuvo la idea de extender las operaciones a Las Villas.

La caída en combate en Jimaguayú de Agramonte el 11 de mayo de 1873, y la designación por el presidente Céspedes de Gómez para sustituirlo al frente de las tropas independentistas en Camagüey, son sucesos valorados por el historiador Ramiro Guerra acerca de la decisión de emprender el avance de la contienda hacia occidente.

Así fue. Porque el internacionalista dominicano propuso al gobierno, entonces encabezado por Salvador Cisneros Betancourt, el programa militar para marchar hacia el oeste, lo cual fue aprobado.

A principios de febrero de 1874, Gómez recibió a 400 combatientes orientales de infantería y, al frente de ellos, al brigadier Antonio Maceo.

La columna invasora la integrarían además, las caballerías de Camagüey y Las Villas, que actuaban en Puerto Príncipe.

Pero las autoridades españolas conocían de los planes de los insurrectos y lanzaron desde Puerto Príncipe suficientes tropas contra Gómez, para detener el avance y evitar los intentos invasores.

Se presentó en el campo insurrecto la disyuntiva de si combatir o evadir al enemigo para no gastar recursos bélicos acopiados trabajosamente para la invasión, aparte de los hombres.

Gómez se decidió por la acción y en el famoso combate de El Naranjo, el 10 de febrero, derrotó a la columna peninsular, aunque resultó costoso para los planes cubanos.

Los españoles no cejaron en su propósito de hacer fracasar la invasión en ciernes y despacharon otra fuerza armada contra Gómez para batirlo en el sur de Puerto Príncipe, y el general mambí venció a los ibéricos en memorable batalla, la de Las Guásimas, a un elevado costo humano y de pertrechos de guerra.

Parecía que la invasión estaba condenada a la postergación, mas no era así. Días después de la victoria en Las Guásimas, Gómez escribió en su diario: “El movimiento de invasión puede sufrir algún retraso con este tan reñido combate; pero yo no desmayo en mi propósito.”

De inmediato envió una pequeña tropa a cruzar la trocha de Júcaro a Morón, formidable estructura ingeniera y de comunicación de los militares españoles para impedir el paso de la guerra al occidente, a operar en Las Villas.

Sin descuidar la parte este de Camagüey con movimientos de tropas al centro y norte, Gómez empezó a realizar acciones en el oeste, acercándose cada vez más a la trocha, sin revelarle a nadie sus intenciones de marchar al occidente de Cuba.

Aunque sin la aprobación del gobierno, el jefe mambí preparó detalladamente el paso de la trocha y a inicios de enero de 1875 lo ejecutó tal como lo previó y se lo informó a la oficialidad cuando ya era inminente la acción.

El día cuatro mandó una fuerza de caballería para cruzar la trocha por el norte, entre y Morón; mientras él, con la infantería y alguna caballería, se movió al sur, cerca de la costa y ya el cinco se encontraba muy próximo a las fortificaciones enemigas.

A la una de la madrugada del día seis emprendió la marcha y al amanecer había sobrepasado la línea defensiva enemiga, con apenas seis bajas de la infantería. La invasión era un hecho y se extendía a Las Villas.

El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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