La mitificación de Pablo Escobar y la representación del narcotráfico en los medios audiovisuales

La mitificación de Pablo Escobar y la representación del narcotráfico en los medios audiovisuales

Desde hace varias décadas muchos son los filmes y series de televisión que muestran de manera descarnada la crueldad sin límites que rodea al mundo del narcotráfico.

Desde una mirada hiperrealista estas series televisivas develan ese sórdido submundo poblado de seres sin escrupulosos, despiadados, movidos solo por la ambición al dinero proveniente del tráfico de drogas y el crimen organizado.

De una manera u otra, estas producciones televisivas son una muestra del contradictorio y en ocasiones morboso interés del público por dichas producciones, lo cual se ha convertido en un verdadero fenómeno que bien podría explicarse desde la sociología de la culturay otras disciplinas afines.

Tan es así que en los últimos años se haincrementado la producción de productos audiovisuales inspirados en la vida de famosos capos del narcotráfico, ya sea desde una mirada apologética, como en algunas series de la televisión colombiana y mexicana, o desde un enfoque critico que intenta provocar en el espectador una toma de conciencia sobre cuánto daño es capaz de producir en una sociedad el crimen organizado.

El auge de estas series devela muchas aristas asociadas al tema, signo de la alta demanda de estas producciones en el público latinoamericano y estadounidense actual. Lamentablemente se ha convertido en un verdadero fenómeno mediático y en un negocio lucrativo para las cadenas de televisión que las producen.

El tema posee varios matices, pues algunas de estas series son realizadas con una perspectiva crítica y no precisamente persiguen glorificar o idealizar a los narcos, sino más bien mostrar el fenómeno del crimen organizado, aunque no logren penetrar en sus causas socioeconómicasy su conexión con las instituciones políticas.

El presente artículo deviene un análisis sobre la representación de la figura de Pablo Escobar en los medios audiovisuales, tanto en el cine como en la televisión, aunque es esta última donde ha tenido mayor representación, sobre todo en la televisión colombiana.

Pues el personaje de Escobar resulta polémico y ha provocado reacciones contrapuestas. Por un lado hay quienes se encuentran fascinados con su imagen, y otras que lo rechazan e intentan sepultar ese capítulo triste de la Historia de Colombia. Tal como dice un refrán, quien olvide la historia está condenado a repetirla.

Resulta contradictorio que algunas naciones en lugar de aprender de ese capítulo dramático de la sociedad colombiana, permitan que el flagelo del narcotráfico contamine y corrompa las instituciones del estado. Pareciera que olvidan cuánto dolor provocó en esa nación una figura como Pablo Escobar, símbolo del mal y el odio.

Una anécdota que ilustra la anterior idea fue compartida con el público cubano por el periodista cubano Julio Martínez Molina, en el semanario 5 de Septiembre, de Cienfuegos, al referirse a un cantante de regueton puerto riqueño que se presentó en un concierto en el marco de la Feria de las Flores que se desarrolla en Medellín, Colombia, con la imagen del narcotraficante en un pullover y otros atributos alusivos al capo.

Este incidente, hubiese pasado inadvertido en otros escenarios donde suelen presentarse dichas figuras, las cuales suelen utilizar la imagen de los narcos como símbolo. Afortunadamente, el actual alcalde de esa ciudad Federico Gutiérrez, no ha podido borrar de su memoria, al igual que muchos colombianos, ese capítulo de dolor y muerte en la historia de su país, cuando le respondió a través de diferentes medios al músico boricua:

‘’Exijo respeto para esta ciudad. Usted sabe quién era Pablo Escobar. Es lo peor que nos ha pasado, Te voy a decir una cosa. Eso es una ofensa a la ciudad, y no solo a la ciudad, sino al país. Miles de víctimas sufrimos con la tragedia y todavía la continuamos padeciendo. Que el mundo entero sepa que Pablo Escobar no es un ídolo. Es lo peor que nos ha pasado. No más apología al delito.’’

Lo positivo de las series sobre el ascenso y caída de Pablo Escobar Gaviria radica en mirarlas desde la óptica de que ese trágico periodo de la historia colombiana se ha convertido en la realidad y presente de algunos estados en Latinoamérica.

Esa historia de dolor y muerte continúa repitiéndose, y lo más lamentable aún,   intereses mezquinos de algunos medios de comunicación trafican con el símbolo de Escobar, pareciera que su imagen se encuentra de moda en estos tiempos, lo cual puede confundir a muchos espectadores seducidos con sus mitos. En este sentido este articulo intenta ser una radiografía critica de una figura mitificada por los medios de comunicación.

Una de las primeras películas que se refirió al narcotraficante colombiano es ‘Blow’, rodada en el 2001 por  Ted Demme y escrita por David MacKenna y Nick Cassavetes, basada en el libro Blow: de cómo un muchacho de un pequeño pueblo hizo $100 millones con el Cartel de Medellín y de cómo lo perdió todo, publicado en 1993 por Bruce Porter. El encargado de interpretar al colombiano fue el actor de nacionalidad británica, Cliff Curtis.

Blow narra la historia de George Jung, personaje real protagonizado por el famoso JhonnyDepp, narcotraficante estadounidense que logra acumular una considerable fortuna entre los setenta y los ochenta con el tráfico de drogas. La carrera de George Jung se inicia con el negocio de la marihuana, dada su  conexión con los narcos mexicanos, periodo que lo lleva a la cárcel, donde conoce al hombre que lo conectaría con Pablo Escobar, el norteamericano Carlos Ledher, en el filme recibe el nombre de Diego Delgado.

Ambos se asocian con el capo colombianoy de esa manera entablan el primer puente aéreo a través del cual comenzaría a fluir la cocaína directamente desde los laboratorios colombianos al país del norte, específicamente a California.

Aunque el filme no centra su mirada en la vida de Escobar, sino más bien hace alusión por primera vez a su figura, por la dimensión que alcanzaría en la vida de George Jung, posee en el plano estético valores notables, al recrear con exquisitez y excelente rigor el espíritu de una época, el periodo comprendido entre los setenta y ochenta, ese colorido expresado en las diferentes y desenfrenadas formas de vestir, la ropa hippy, los cabellos largos, los pantalones bota campana y los zapatos de plataforma le imprimen cierta nostalgia a la cinta.El verdadero Jung, hoy con 59 años, se encuentra en una cárcel del estado de Nueva York, pagando una condena por narcotráfico hasta el año 2014.

Por otra parte, el filme mientras recrea el ascenso delictivo de George Jung pareciera moverse en una dimensión apologética que justifique las acciones y estilo de vida del personaje, su visión del mundo, pero a partir de la traición de su amigo Diego Delgado, la cinta muestra un giro considerable, al mostrar el verdadero rostro del narcotráfico, la ausencia total de valores y la falacia del éxito fácil, pues esa escena marca el declive y descenso del personaje, y aún más, su toma de conciencia del camino tomado y del abismo social que implica haber tomado ese mundo.

Una de las paradojas que muestra la cinta es ese lado humano del personaje, en contraste con la crueldad y ausencia de lealtad de sus socios en el negocio,  siempre acompañados de sicarios armados de piez a cabeza. En la cinta, rara veces vimos a Jung portar un arma.

El otro aspecto significativo de la cinta es la referida a las relaciones disfuncionales de George Jung con sus padres, el germen prematuro de su ambición al dinero, y su posterior relación con su hija, además de la magistral interpretación de Depp del personaje, al representar los complejos matices de su personalidad.

En el 2004 se rueda Los Archivos privados de Pablo Escobar,documental que centra su atención en la consolidación de la carrera delictiva de Escobar. El director de este testimonio, Marc De Beaufort, recurrió a la familia del colombiano para que proporcionen los videos que le dieron forma a esta historia.

Otro documental sobre el imperio de Escobar es ‘Pablo, ángel o demonio’ de 2007. IMDb estima, además, que se necesitaron 500 mil dólares para poder realizarlo.

De la extensa documentalistica realizada sobre tan escabroso tema, una de las mejores obras en el plano estético es Los pecados de mi padre, realizadaen el 2009 por SebastiánMarroquí, el hijo de Pablo Escobar, quien tuvo que cambiar su identidad tras la muerte de su padre el 3 de diciembre de 1993.

Esta obra, a diferencia de otros documentales sobre el ascenso y declive del  este afamado criminal colombiano, posee la novedad y el mérito de enfocar el tema desde una arista diferente, es decir, a partir de los vagos y escasos recuerdos de su niñez, durante aquellos agitados días en que Escobar permanecía oculto y alejado de su familia, bajo la tensión de ser descubierto por el bloque de búsqueda o los Pepes (perseguidos por Pablo Escobar).

Otra arista que re- contextualiza el documental es la relacionada con la reconciliación entre los hijos de las víctimas de Escobar, pues de alguna manera el entonces pequeño Juan Pablo, también fue una víctima de la maldad y el terror impuesto a la sociedad colombiana por su padre.

Esa anhelada reconciliación se materializo a partir del inolvidable gesto de Sebastián Marroquí, quien luego de varias décadas fuera de su país de origen decide viajar a Colombia y reunirse con los hijos del ex Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, asesinado por Escobar y el Cartel de Medellín a mediados de la década del ochenta, y del ex candidato presidencial Luis Carlos Galán, asesinado en 1989.

En el 2012 la principal cadena de televisión de Colombia Caracol rodo Los Tiempos de Pablo Escobar: Lecciones de una Época, a partir de imágenes inéditas que contribuyeron a reconstruir esa convulsa época en la historia de Colombia.

En el plano de la ficción se realizaron en el 2012 dos producciones audiovisuales diferentes sobre la mítica figura de Pablo Escobar Gaviria, una de ellas es la cinta Escobar: paraíso perdido, del cineasta italiano Andre Di Stefano, a partir de una historia ficticia de un estadounidense que se enamora de una sobrina de Escobar, y termina involucrado en los negocios de la familia.

Este largometraje, protagonizado por el exitoso actor Benicio del Toro, acostumbrado a interpretar personajes reales en populares biopic, como los filmes Che guerrilla y Che, el argentino, constituye un verdadero fracaso, no sólo porque la actuación de la estrella de Hollywood estuvo por debajo de lo esperado, es decir, la representación de Escobar no satisfizo las expectativas de los espectadores, quienes esperaban de una interpretación más creíble y veraz del capo colombiano, sobre todo, limitada por el hecho de haberse rodado en inglés, lo cual le restaba credibilidad a un personaje que sin lugar a dudas requería de un actor colombiano, como sería el caso de la serie de televisión Escobar: el patrón del mal, rodada ese año por la cadena Caracol.

Según algunas fuentes consultadas, ha sido la serie más costosa de la televisión en Colombia, rodada en locaciones originales de ese país y Miami, basada en la obra literaria del ex alcalde de Medellín Alonso Salazar La parábola de Pablo.

Hasta la fecha, es la serie que mejor recrea la evolución criminal de El cartel de Medellín, sus principales líderes, entre los que se encontraba Carlos Lehder, Gonzalo Gacha, alias El Mexicano, los hermanos Ochoa, Gustavo Gaviria, primo de Pablo Escobar, desde una perspectiva que imposibilita que los espectadores más jóvenes se identifiquen con el célebre criminal.

Los realizadores de la serie se tomaron el cuidado de no glorificar al narcotraficante, ni intentar legitimar ese patrón social, mostrando  con el realismo requerido la crueldad sin límites de Escobar y sus sicarios, al develar con toda la suspicacia y prudencia posible, el fenómeno del narcotráfico en la Colombia de la época, sus raíces estructurales, me refiero a las abismales desigualdades sociales presentes en la sociedad colombiana, esos tugurios donde provenían los sicarios que integraban el ejercito de Escobar.

No olvidemos que en estas series algunos personajes reales, como determinados políticos involucrados con el narcotráfico, no son representados con sus verdaderas identidades.

En ese sentido Escobar, el patrón del mal, reconstruye con gran rigor histórico  no solo los nexos del capo con el paramilitarismo, incluso con determinados movimientos guerrilleros como el M- 19, responsables de los nefastos sucesos de la toma del Palacio de Justicia en 1981, financiada por Escobar, sino también con determinados políticos de la época, como Alberto Santofimio, quien en la serie aparece con el nombre de Santorini, uno de los puentes de Escobar con el mundo de la política, específicamente con el Congreso, recluido en la actualidad, a quien se le adjudica ser uno de los autores intelectuales de la muerte de Luis Carlos Galán.

Uno de los aspectos de la historia política de Colombia representado en la serie es la evolución del paramilitarismo y sus vínculos con el narcotráfico, específicamente las figuras de los hermanos Castaño, quienes fueron primero aliados de Escobar y luego conformarían la estructura de Los Pepes.

Según narra la ex amante de Escobar y antigua presentadora de televisión Virginia Vallejo en su demoledor testimonio Amando a Pablo, odiando a Escobar, al referirse a los nexos del ex presidente Álvaro Uribe Belez, con Escobar, cuando ‘este era tan solo funcionario de la Aeronáutica Civil de Bogotá:

‘’Es que el negocio de él no tiene competencia. Y es el más rico de todos porque Pablito, mi vida, es un Jumbo: tiene el tipo clave en la dirección en la Aeronáutica Civil, un muchacho joven hijo de uno de los primeros narcos…un tipo Uribes primo de los Ochoa, Albero Uribe, me parece. Por qué crees tú que toda esa gente acaba de financiar las campañas de los dos candidatos presidenciales. Estas creyendo que fue solo para codearse con el nuevo presidente. ¡No seas tan inocente! Pues vaya puesto que se consiguió el muchacho’’. [1]

En el plano artístico hay que reconocer la calidad y rigor en la reconstrucción de la época en que tuvieron lugar los hechos representados, y sobre todo, el magistral desempeño del actor Andrés Parra en la interpretación de Escobar, desempeño no superada en la actualidad, pues supo caracterizar de manera excelente su morbosa y patológica personalidad, su crueldad sin límites, sus más agudas contradicciones emocionales. Por un lado se muestra a un Escobar entregado a su familia, a la cual protege con obsesión, y por otra parte, la imagen de uno de los peores asesinos en la historia de ese país.

Ese rigor histórico se muestra en las reveladoras imágenes de archivo utilizadas, editadas coherentemente con el orden cronológico en que tuvieron lugar determinados acontecimientos, sobre todo imágenes de archivo de los atentados perpetrados por Escobar, como el edificio del DAS en Colombia, el avión de Avianca, la campaña presidencial de Luis Carlos Galán en 1989, entre otros eventos que marcaron la historia de Colombia de finales de la década del ochenta y principios de los noventa, incluyendo escenas de su incursión en la política colombiana de la época.

El 28 de agosto de 2015, la cadena de televisión estadounidense Netflix estrena Narcos. Es fruto de una alianza entre Netflix y Gaumont International Televisión, la cual recrea el ascenso y declive de Pablo Escobar, quien es interpretado por el actor brasileño Wagner Moura (Tropa de Elite), desde la mirada estadounidense, a partir de la historia del agente de la DEA Steve Murphi, interpretado por el actor BoydHolbrook.

Dirigida por José Padilha, director de Tropa de Elite, y escrita por Chris Brancato, Eric Newman, y Carlo Bernard. La primera temporada consta de 10 episodios.

Resulta evidente que aunque se trata de la misma historia y los mismos hechos narrados por la serie anterior, prevalezca aquí el punto de vista estadounidense, teniendo en cuenta la participación y colaboración de la agencia en la captura de Escobar, ya sea en materia de asesoría en inteligencia y apoyo tecnológico, sino por ese afán inherente al canon hollywodense reafirmar esa vieja imagen de EE.UU como policía del mundo, expresión de una hegemonía política que también se expresa en la hegemonía cultural.

En Narcos se puede apreciar el intento de restarle protagonismo a las fuerzas de seguridad colombiana y específicamente al heroico papel jugado por el entonces Coronel Hernán Martin y el bloque de Búsqueda, que durante cuatro años persiguieron a uno de los criminales más perversos en la historia de la  humanidad, quien enluto a Colombia durante décadas.

Sin subestimar el apoyo brindado en ese sentido por la DEA, resulta lamentable la manipulación cultural ejercida por dicha televisora de un periodo trágico en la Historia de Colombia, un momento histórico que marco una sociedad que hoy acaba de cerrar un capítulo de guerra y dolor, para comenzar a construir la paz tras largas décadas del conflicto más extenso del hemisferio occidental.

En sintonía con la idea anterior, en la serie se intenta manipular y tergiversar la imagen del Coronel Martin, se muestra a un Coronel despiadado que trasciende los límites de la legalidad con tal de lograr su objetivo, lo cual de alguna manera fue cierto, pues resulta conocido la colaboración que sostuvo el Bloque de Búsqueda con el entonces Cartel de Cali y los llamados Pepes. La  historia sitúa las cosas en su justo lugar.

Se ha demostrado que para ganar determinadas guerras los héroes en ocasiones tienen que situarse en esa zona difusa y peligrosa entre el bien y el mal, más bien en cuanto a métodos y procedimientos.

A mi juicio, la serie posee los méritos de haberse rodado en locaciones originales, la excelente recreación de la época y el contexto en que tuvieron lugar los hechos. Incluso, la repercusión del fenómeno del narcotráfico en el incremento de la criminalidad en EE.UU, especificarte en Miami de los años ochenta, aspecto que había sido brillantemente reflejado en el filme Scarface, de Brian de Palma en 1983, además de haber respetado el uso del idioma español y el acento colombiano, sobre todo, la excelente e inolvidable interpretación de Wagner Moura en el papel de Escobar, quien supo impregnarle matices diferentes a su desempeño, al proyectar esa imagen fría y calculadora de un personaje con cualidades reconocidas, solo que para generar muerte y dolor, sembrar caos en su propia patria. Pues másallá de haber sido un narcotraficante, Escobar fue uno de los terroristasmás temibles del siglo XX.

En ese sentido la serie invisibilidad considerablemente determinadas cualidades del entonces Coronel Martin, al proyectar una imagen gris e empobrecida de este personaje, considerado héroe en su propia patria, pues no muestra la dimensión humana, ni muchos menos las habilidades para la Inteligencia militar de esta figura de Colombia.

En contraposición a esta experiencia reiterada de manipulación cultural por las industrias del entretenimiento estadounidense, la serie recién exhibida en Colombia Bloque de búsqueda muestra una imagen distinta del Coronel, haciendo injusticia a la Historia.

La narcopolítica y el Cuarto poder

Así como dichas series han abordado los nexos del narcotráfico con la política. Incluso en la serie Escobar, el patrón del mal,se ha mostrado los supuestos nexos de Escobar con los sandinistas, historia contada con verdades a media, pues no se muestra la otra cara de la moneda, detonante de lo que sería el escándalo Irán- Contra, hecho que implico a funcionarios del gobierno de EE.UU como Oliver North en el tráfico de drogas con el objetivo de encontrar fondos para financiar los contra en Nicaragua.

Otra arista develada por la serie fueron los estrechos vínculos de Escobar con el ex mandatario panameño Manuel Antonio Noriega, quien fuera derrocado por EE.UU en 1989 en una intervención militar cuyo pretexto principal fue la captura y condena del ex mandatario por sus supuestos vínculos con el narcotráfico, específicamente con el Cartel de Medellín y Pablo Escobar.

Ahora bien, como toda historia contada con verdades a medias, ninguna serie ni filme sobre el tema al mostrado las causas que explican la alianza entre Noriega y la CIA, hasta que se convierte en un enemigo de EE.UU al cual habría que derrocar a cualquier precio. No ha sido la primera vez en la historia de la región que determinados dictadores o líderes políticos hayan contado con el apoyo de EE. UU en sus inicios, perdiéndolo posteriormente por razones circunstanciales y explicables a la luz del cálculo frio de la geopolítica. Los casos de Rafael Leónidas Trujillo en Dominicana y Anastasio Somosa en Nicaragua ilustran lo expuesto.

Un filme que revela verdades ocultas hasta ese momento sobre las conexiones entre el narcotráfico y la CIA es Maten al mensajero(2015), sobre la vida del desaparecido periodista estadounidense Gary West, quien publico en 1999 el controvertido libro Dark Alliance: The CIA, the Contras, and the Crack Cocaine Explosion (Alianza oscura: La CIA, los contras y la explosión de la cocaína crack), cuyo impacto en los medios de prensa norteamericanos fue notable en los años noventa.

Uno de los méritos de West fue haber revelado en agosto de 1996, cuando trabajaba para el diario San José Mercury News, cómo la CIA vendió toneladas de crack en los barrios de Los Ángeles para utilizar ese dinero de comercio criminal para financiar las operaciones de la Contra nicaragüense que trataba entonces de derrumbar al Gobierno sandinista en Nicaragua.

La gran cantidad de personas que consume diariamente estas producciones en Latinoamérica es un indicador del nefasto impacto que  ejercen sobre el público, cuyas consecuencias no deben subestimarse. Los antivalores que la gran mayoría de las referidas series promueven constituyen una amenaza para la paz y seguridad de cualquier sociedad.

[1]Vallejo, Virginia. Amando a Pablo, odiando a Escobar, editorial Grijalvo, Bogota, 2007, pp. 48

Por: Jorge Luis Lanza Caride, crítico de cine.

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El autor

Jorge Luis Lanza Caride

Licenciado en Estudios Socioculturales en la UCF. Crítico de cine. Máster en Historia y Antropología en la UCF.

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