La primera conmemoración por el 5 de septiembre

El Presidente de la República Osvaldo Dorticós Torrado fue el primer orador de esa conmemoraciónHay una tradición de más de medio siglo en la manera en que el pueblo de Cienfuegos rinde homenaje a los héroes y mártires del levantamiento armado de civiles y marinos contra el régimen de Fulgencio Batista, el 5 de septiembre de 1957, en esta ciudad del centro sur de Cuba.

Durante casi medio siglo, el parque , corazón histórico de la urbe y escenario de los principales combates de aquel día, se ha consolidado como punto de concentración y tribuna para que los cienfuegueros manifiesten su respeto por los caídos y su compromiso de preservar la obra por cuya consecución se inmolaron más de veinte mil cubanos durante la tiranía batistiana.

Es como un ritual trasmitido por años, por generaciones. Se comienza con una ceremonia en Cayo Loco, sede del antiguo Distrito Naval del Sur; luego se continúa en el parque, donde se rememora cada una de las acciones en el sitio donde ocurrieron. Después de un acto, se sale en peregrinación hasta el cementerio Tomás Acea, distante unos tres kilómetros.

En la necrópolis concluye la jornada con otra ceremonia junto al mausoleo que guarda los restos de los combatientes. Todo el programa se desarrolla entre las seis y las diez de la mañana.

Así ha sido el protocolo de la conmemoración año tras año, excepto una vez, cuando la primera celebración de la efemérides después del triunfo de la Revolución, el cinco de septiembre de 1959.

Para la ocasión se convocó a una concentración popular de reafirmación revolucionaria en las cercanías del parque Villuendas. La plataforma para la presidencia se ubicó  justo en la confluencia de la plazoleta con una ancha avenida denominada “Calzada de Dolores”, que por aquella época era todavía el principal acceso a la ciudad de Cienfuegos.

Precisamente por esta vía llegaron a la tribuna el presidente de la República Doctor Osvaldo Dorticós Torrado y el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro Ruz, tras recorrer a caballo los casi cuatro kilómetros que separaban al aeropuerto local del lugar del mitin. Eran las seis de la tarde y más de cincuenta mil personas aguardaban a los jinetes.

Dorticós fue el primero en hablar. Dijo que la Revolución no sólo se había hecho para derrocar a una tiranía, sino para la definitiva redención nacional. Explicó que para consumar la independencia económica del país, era indispensable seguir adelante con la Ley de Reforma Agraria.

A exponer los objetivos y la necesidad de esa revolucionaria legislación dedicó Raúl parte de su intervención. Entre otras razones, adujo que el Ejército Rebelde se hallaba integrado en su mayoría por campesinos, y que éstos habían sido históricamente la clase más maltratada en Cuba.

El jefe militar excusó al líder de la Revolución, Fidel Castro, que no pudo estar en el acto, como era su deseo, por encontrarse en la provincia de Oriente resolviendo cuestiones relacionadas precisamente con el fomento agrario.

Por último, el Comandante Juan Castiñeira, jefe de la Marina, recordó la trascendencia de los hechos que se conmemoraban ese día.

Ante la entusiasta concurrencia, el presidente Dorticós recibió una suma de casi once mil pesos recolectados mediante campañas populares en apoyo a la Reforma Agraria.

Finalizado el acto la comitiva, integrada además por varios ministros del Gobierno Revolucionario, se dirigió a la Universidad de Cienfuegos, donde departió con dirigentes estudiantiles, profesores y alumnos.

Otros homenajes

La masiva concentración de aquel sábado 5 de septiembre de 1959 fue el colofón de varias actividades, que se iniciaron con una ofrenda floral por parte de combatientes y familiares ante la tumba de los caídos, en el cementerio Tomás Acea. No fue hasta el año siguiente cuando se erigió un monumento a los mártires y el pueblo acudió entonces a la necrópolis en peregrinación, como ha seguido haciéndolo hasta la fecha.

Esta respetuosa caminata popular fue también durante los primeros aniversarios el principio y no la conclusión de la jornada, como lo es hoy. La peregrinación que se hacía en horas tempranas de la mañana abría el programa de actividades que concluían por la noche con un acto o una velada.

En aquella primera conmemoración del alzamiento de Cienfuegos, los comerciantes de la localidad decidieron cerrar sus establecimientos en señal de duelo. Sólo se mantuvieron abiertos bares, cafeterías y cantinas, pero sin vender bebidas alcohólicas.

Durante todo ese día se fueron concentrando en la ciudad cientos de personas provenientes de todos los términos municipales de la provincia. Muchos de ellos vinieron a caballo, tal como harían horas más tarde los dirigentes de la Revolución para incorporarse al acto.

Pero independientemente de los curiosos matices aportados por la historia tras una primera conmemoración, irrepetible en todos sus detalles, hay una tradición de profundo respeto en cada una de las actividades con que desde entonces los cienfuegueros rinden tributo a sus mártires cada 5 de septiembre.

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El autor

Redacción Digital

Editor web de las Redacción Digital del Canal de televisión Perlavisión, de la ciudad cubana de Cienfuegos.

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